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No sólo se trata de las limitadas capacidades de Rodríguez Zapatero como representante de España en el exterior, de sus pocas dotes para recabar apoyos o para llamar la atención de sus homólogos occidentales. Si Bush no es Estados Unidos, como reclaman algunos histéricos que, por cierto, lo dicen de cualquier presidente norteamericano en ejercicio, Zapatero no es España. Pero lo lamentable es que se trata de la imagen de nuestro país por el mundo.
¡Qué país! Así piensan los que han seguido las andaduras del presidente en la nueva legislatura. La inició con una turbadora imagen llena de patetismo; Zapatero solo en su asiento de la Cumbre de la OTAN en Bucarest, aislado, mientras a escasos metros Bush y otros mandatarios europeos charlaban animadamente. Será que no tenía nada decirles, será que es incapaz de comunicarles algo, será que se siente incómodo entre ellos, o será que ya nadie se fía de él. Pero transmitió a todo el mundo la imagen de una España menguante y menguada.
A este bochorno siguió otro. El Ejecutivo de Zapatero nos sorprendió con graves ataques, por no decir insultos, a la política de inmigración del nuevo Gobierno italiano, que por cierto aún no ha puesto en práctica. Primero fue la vicepresidenta de la Vega, que acusó a Silvio Berlusconi de "exaltar la violencia, el racismo y la xenofobia". Luego, Celestino Corbacho acusó al primer ministro italiano de "criminalizar al diferente" con sus políticas y declaraciones. Y por último, Bibiana Aído puso la guinda y dijo estar dispuesta a pagar de su propio bolsillo un psiquiatra para Berlusconi aunque "no sé si sería demasiado efectivo porque le harían falta muchas sesiones". ¿Como es posible semejante comentario por parte de un ministro? ¿Dónde está la prudencia política de este Gobierno? Lo ignoran todo de la diplomacia y las relaciones entre naciones aliadas. Como era de esperar, los italianos se han sentido molestos por unos ataques que no acaban de entender, y preguntan sorprendidos si las imprudentes palabras cuentan con el aval de Zapatero. Esa es la imagen de España que ZP proyecta sobre los italianos.
¿Y que hizo Zapatero? Trató de calmar las asperezas con Roma desde Lima, donde asistía a Cumbre UE-América Latina. Y cometió una tercera hazaña, al renovar con su mejor sonrisa la amistad con Chávez. No pudo escoger otro momento; pocos días antes, la Interpol certificaba la autenticidad de la información encontrada en el campamento ecuatoriano del comandante Raúl Reyes, con referencias explicitas del apoyo de Venezuela y Ecuador a las FARC: dinero, armamento y campos de entrenamiento. Ya no se trata sólo de rumores, de secretos a voces. Chávez ya no puede negar lo innegable, aunque siga insultando y amenazando, aunque considere el informe como una "ridiculez" y un "show de payasos". ¿Y que dice nuestro Ejecutivo? ZP sonríe al sujeto, y Trinidad Jiménez afirmando sin pestañear y ante el estupor de unos y otros, que el único culpable de la situación son las FARC y su violencia terrorista. España aislada, grosera, aliada del aliado de las FARC. ¡Menuda imagen de país!
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