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En menos de una semana se ha cuestionado dos veces en Portugal la decisión de Josep Lluís Carod-Rovira de buscar apoyos para la independencia de Cataluña coincidiendo, además, con los resultados de un estudio del CEO (Centro de estudios de opinión que depende de la Generalitat) en los que se indica un claro descenso del independentismo, que habría pasado de un 18,5% en enero, en intención de voto, a un 15,6% en mayo.
Semana muy dura la que ha iniciado ERC. El domingo, el escritor y Premio Nobel portugués, José Saramago, criticaba unas declaraciones del líder independentista en las que acusaba a España de ejercer una "tutela paternalista" y una actitud de "imperialismo doméstico" sobre el país vecino.
El autor portugués afirmaba al respecto que estaba "en completo desacuerdo". "Tengo con España una relación que es conocida y nunca noté ningún tipo de irregularidad política o estrategia de ninguna clase, comercial o financiera, que indicase que España no reconoce la independencia de Portugal." De Josep Lluís Carod-Rovira decía que "no hay nada más fácil que hablar, pero son necesarias demostraciones de lo que se dice", y consideró que el político catalán no aporta "justificaciones a una afirmación tan seria y grave como esa".
Estas críticas han sido secundadas por la editorial del periódico luso Público, en la que su director afirma que "Portugal no necesita el provincianismo que este señor representa".
Sorprende en todo esto el desconocimiento histórico del señor Carod-Rovira. Portugal, desde su separación de la monarquía española, entró en la esfera inglesa, como demostró en las guerras napoleónicas o más recientemente en la Primera Guerra Mundial. Pero sorprende incluso más que vea capaz a la España de hoy de ejercer imperialismo alguno, dado que nuestra diplomacia debe conformarse con aliados tan "importantes" como Marruecos, Cuba o Venezuela.
Si a estas declaraciones añadimos la situación del partido republicano y la caída de tres puntos en la intención de voto independentista en cinco meses según el CEO, pues queda demostrado que el independentismo ha alcanzado su objetivo en Cataluña, sembrar el odio.
Casi todos los grandes partidos viven rencillas internas, ERC, PPC, CiU. El trasvase ha enfrentado a la misma sociedad catalana, como se vio en la manifestación del pasado sábado en contra del "mini-trasvase". Nadie mira los auténticos intereses de Cataluña. Es cierto, Cataluña se hunde, pero no por culpa del AVE, sino por el odio que se ha sembrado entre los propios catalanes.
Josep Pla afirmó que "el nacionalismo se cura viajando", pero pese a ello nos permitimos darle un consejo al señor Carod-Rovira: quédese en casa. Cada vez que viaja surge el escándalo: la fotografía con la corona de espinas en Tierra Santa, el ridículo de la feria del libro de Frankfurt y, ahora, el menosprecio brindado a nuestros vecinos portugueses.
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