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Casi todos recordarán el angustioso maratón de baile del gran largometraje del recientemente fallecido Sydney Pollack, en el que una espléndida Jane Fonda, desesperada y hambrienta, forma pareja de baile con Michael Sarrazin, con el fin de subsistir en los crudos tiempos de la Gran Depresión norteamericana.
En estos días que vivimos, no de maratones precisamente, sino de carreras de obstáculos, salto de vallas y de todo tipo de imprevistos –algunos de ellos bastante previsibles, por cierto–, me ha venido a la mente la historia de la novela de McCoy y que en 1969 nos ofreciera Pollack a través de las pantallas, al que quiero desde aquí rendirle mi más humilde pero sincero homenaje.
Quién le iba a decir a un jovencísimo José María Aznar en 1989, al iniciar el proceso de refundación del Partido Popular en España, que casi una veintena de años después y tras haber gobernado España durante dos legislaturas, el Partido Popular nacido de la Alianza Popular de Manuel Fraga, el Partido Demócrata Popular de Óscar Alzaga y el Partido Liberal de José Antonio Segurado volvería a sus orígenes para preguntarse de dónde viene y hacia adónde va.
Y quién le iba a decir que, además de este vintage ideológico, periodistas y políticos de las más diversas tendencias volverían a utilizar términos como los de izquierda, derecha y el tan deseado por todos, centro, que –si me permiten– todavía sigo desconociendo lo que entraña realmente, pero que, al parecer, es ese paraíso perdido al que todo el mundo quiere ir, aunque sólo sea para decir que una vez estuvo allí.
¿No tienen la sensación de estar retornando al pasado? ¿No les parece que los conceptos anteriormente citados son totalmente anacrónicos y obsoletos? ¿No sería, quizá, más acertado referirse a ideas tales como liberalismo y socialdemocracia? Me refiero a ellas en su sentido más amplio, dejando de lado los corsés, donde las dos grandes corrientes de pensamiento político engloban diversas tendencias, llegando incluso a compartir aspectos de una u otra, donde la primera acoge sin tapujos la pluralidad y la heterogeneidad.
Una servidora, que es catalana, y por lo tanto gusta de optimizar recursos, aprovecharía los tiempos y las circunstancias para hacer un llamamiento a todas aquellas personas que se dedican a la política, no sólo del Partido Popular, sino de todo el abanico parlamentario, con el fin de alzar las miras y las ambiciones bien entendidas y abandonar, si es posible, esa mediocridad que últimamente acompaña a muchas de ellas. Afortunadamente, los españoles son mucho más emprendedores, atrevidos y dinámicos que muchos de los políticos que los representan.
La regeneración, pues, debería alcanzar a todos. A representantes políticos y a representantes de otros ámbitos, igualmente públicos y de similares responsabilidades.
Sería conveniente que el mensaje de los populares basado en unas ideas claras, con rostros e ilusiones renovadas que surja del próximo Congreso, llevara consigo un packaging estética y conceptualmente atractivo, capaz de convencer a la sociedad española, confiando en sus posibilidades para así llegar victoriosos a esa gran final tras la que tiene que ser la maratón española, sorteando los obstáculos justos hacia la libertad real, el progreso y el bienestar.
Y siguiendo en esta línea, no quiero dejar de apuntar la profunda renovación a la que algún día los populares catalanes tendrán que hacer frente, pero si se me permite, éste es un tema apasionante que bien se merece un capítulo aparte. Ara no toca.
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