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En todos los lugares se utiliza a los naturales de alguna ciudad, pueblo, región o país ejemplo máximo de estupidez en los chistes. Por ejemplo, en gran parte de España ese dudoso honor corresponde a los habitantes de Lepe y en Argentina a los españoles. En Francia, ese papel corresponde a los belgas. Estos chistes son muy injustos con la población objeto de mofa (al contrario de lo afirmado por cierto amigo porteño, en los vuelos de Iberia no dejaron de poner películas a causa de que los "gallegos se salían a fumar cuando estas terminaban"), pero no dejan de ser perfectamente aplicables a un cierto subconjunto de la misma.
Sin duda alguna, los belgas no son los tontos que presentan los franceses en sus chistes, pero sus editores de periódicos en francés y alemán sí lo son. Además de unos caraduras increíbles. Estos señores no han tenido una idea más brillante que demandar por segunda vez a Google, a la que reclaman una indemnización de 49 millones de euros, por llevarles tráfico a sus ediciones digitales. Bien es cierto que los demandantes no lo expresan de ese mero, sino que acusan a la compañía estadounidense de publicar contenidos suyos tanto en su buscador general como en Google News. Dichos contenidos no son otros que titulares, pequeños sumarios y fotos con el tamaño reducido; en todos los casos enlazando con la fuente en la que se puede leer la noticia o el artículo completos.
Para calcular la cifra de las supuestas "pérdidas" han contado todos sus contenidos enlazadas en el motor de búsqueda general desde 2001 y en el agregador de noticias desde febrero de 2006. El motivo que aluden es que Google se ha negado a negociar con ellos la cantidad que debe pagar después de que la empresa fuera condenada en 2007 por un juez belga ("¿cuántos jueces belgas hacen falta para cambiar una bombilla?") y esta empresa recurriera la sentencia. Tal vez se crean muy listos, puesto que si ganan sacarán un buen pellizco gracias a unas absurdas leyes de propiedad intelectual y el analfabetismo digital de algún togado. Pero no lo son.
Se arriesgan a que Google decida dejar de enlazar con los periódicos miembros de la asociación demandante. Y el precio podría ser muy alto para ellos. En unos años dejarían de recibir una cantidad de visitas nada despreciable, seguramente muy superior a la de los enlaces contados por ellos para presentar la demanda, con las consiguientes pérdidas de ingresos a través de la publicidad. Tal vez sea que cometer excesos en el consumo de mejillones al vapor con patatas fritas tiene como efecto secundario no conocido hasta ahora una disminución de la capacidad de razonar. De otra manera no se explica que no se den cuenta de ello.
¿Por qué los editores belgas de periódicos hacen un hoyo profundo y se meten dentro? Porque en el fondo no son tan tontos.
Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.
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