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Las huelgas de transportistas y pescadores pueden convertirse en la primera prueba de fuego del Gobierno Zapatero en esta legislatura. Con el Partido Popular hecho unos zorros, el Ejecutivo ha podido dormir una siesta que ha durado meses. Pero estos paros que van camino de desabastecer y bloquear toda España le van a obligar a despertarse.
Es cierto que la subida del precio del petróleo y su inmediata repercusión en el gasóleo no son responsabilidad directa de un Gobierno determinado, sino fruto de la crisis económica internacional; una palabra, crisis, que Zapatero se ha negado a aceptar y que rechaza utilizar, ahora con la excusa de que perjudica el "prestigio" de España. En esta situación cobran especial relevancia tanto las mentiras del presidente del Gobierno, que se ha negado a aceptar el calificativo de crisis para algo que lo es sin ninguna duda, como la incapacidad –ya probada en la pasada legislatura– de un Ejecutivo que es incapaz de dar soluciones cuando se enfrenta al reto de ocuparse de los problemas de los ciudadanos.
Estamos ante el primer escollo serio al que debe enfrentarse el segundo Gobierno Zapatero. No hay margen para excusas ante la que podría ser la primera gran crisis social de este Ejecutivo en más de cuatro años, provocada por su inacción, propia de quien se había creído que podría vivir eternamente de las rentas de la gestión económica de los gobiernos de Aznar. Zapatero no ha sabido preparar a la economía española para una crisis que se veía venir y que se empeña en seguir negando, y esta huelga es una de las consecuencias.
Pero esta vez el presidente del Gobierno no podrá encerrarse en su socorrida torre de marfil. Sin gasolina en las gasolineras, ni yogures en los supermercados, ni pescado en las pescaderías ni pan en las panaderías, los españoles demandarán soluciones y no se conformarán con cuentos chinos sobre crispación de la malvada derecha. En esta ocasión no hay mucha vuelta de hoja, hay lo que hay y esta vez no existe refugio posible.
El Gobierno se podrá escudar en los piquetes, en que los transportistas en huelga son una minoría, en que se está amedrentando a los ciudadanos. Tendrá razón. Pero son Zapatero y su Ejecutivo quienes tienen la obligación de solucionar este bloqueo general que no ha hecho más que empezar y que parece que va a ir a más. Es una prueba de fuego que puede no ser capaz de afrontar un Gobierno incapaz de gestionar.
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