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Aunque Alfonso Guerra no sea precisamente santo de nuestra devoción, una cosa no se le puede negar al político sevillano, y es el sentido común con los que en ocasiones se enfrenta a la corrección política, en clara disonancia con lo que representa el PSOE de ZP y, lamentablemente cada vez más, el PP de Rajoy.
Si hace meses Guerra se distanció de la clase política al afirmar que la "nacionalidad andaluza" que proclama el nuevo Estatuto de Andalucía era "una broma para el 99 por ciento de los andaluces", ahora ha hecho unas declaraciones a Telemadrid y Onda Cero con no menos sentido común.
Así, Guerra se ha manifestado partidario de suspender la autonomía vasca si Ibarretxe mantiene su disposición a celebrar su consulta ilegal; suspensión acertada y acorde con el artículo 155 de la Constitución que, sin embargo, a Zapatero ni se le pasa por la cabeza y el PP ya ni siquiera se atreve a mentar.
Otro tanto podríamos decir de la negativa de Guerra a las ocurrencias lingüísticas de Bibiana Aído –la ministra de Igual da, como genialmente la ha bautizado Juan Carlos Girauta–, y a su pretensión de que la RAE admita el término "miembra" en el diccionario, tal y como –por cierto- cree la ministra que los académicos han hecho con la palabra "fistro".
Con todo, las declaraciones que más sarpullidos van a provocar entre los guardianes de la corrección política han sido las que Guerra ha dedicado a explicar el "error" de la presidenta del Constitucional al atender, por petición de una vecina, la consulta jurídica de una abogada, supuesta víctima de malos tratos. Guerra cree que Casas "ha sido víctima del buenismo que vive la sociedad española en algunos temas, y parece que cuando una mujer ha sido maltratada todos nos tenemos que poner de rodillas".
Por mucho que no estemos de acuerdo con Guerra en quitar importancia a la actuación de Casas, y sin quitársela tampoco al gravísimo problema de los malos tratos –cosa que Guerra no ha hecho–, lo cierto es que un feminismo rampante está llevando a las élites políticas y mediáticas de nuestro país a promover una especie de discriminación positiva en la que la mujer, por el hecho de serlo, disfruta de una presunción de inocencia de la que no siempre goza el varón. Así lo refleja el uso y abuso de denuncias falsas por malos tratos –tal y como la que perpetró la abogada a la que indebidamente asesoró la presidenta del Constitucional–, por no hablar de la sexista Ley de Violencia de Género aprobada por el Gobierno que castiga más severamente al hombre que la mujer por un mismo delito.
En cualquier caso, las declaraciones de Alfonso Guerra entran en colisión con los nuevos parámetros de corrección política que imperan en la España de ZP, y nos tememos que feministas y nacionalistas no serán los únicos que se rasguen las vestiduras.
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