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Que la legitimidad de los Premios Nobel ha sido siempre discutida no es una novedad: a veces es la propia institución la que actúa con criterios inconfesables. Otras veces, son los propios premiados los que con su actitud ofenden a quienes aún creen en estos premios. Dentro de quienes aprovechan un premio Nobel para actuar de manera contraria a los principios y valores que de él se desprenden, Joseph Stiglitz ocupa un lugar central. No es que esperemos mucho de este economista, pero su actitud respecto a España confirma la opinión de los más escépticos sobre el personaje.
En su última visita, se ha dedicado al error y a la genuflexión ideológica hasta límites insospechados e impropios en un Premio Nóbel. Ha atribuido a Zapatero un superávit económico que a quien corresponde realmente es a José María Aznar: De hecho, si algo caracteriza a la política de Zapatero es dilapidar ese superávit. Claro que si Stiglitz ignora que el superávit de Zapatero es heredado, más debe ignorar que éste tiene como ministro de Economía a uno de los artífices del empobrecimiento español de los noventa. Esta ignorancia de la historia económica de la España contemporánea, esta falta de criterio y rigor intelectual, sorprende en quien se dedica a dar consejos de lado a lado del mundo.
Stiglitz no sólo manifiesta superficialidad preocupante respecto a la economía. Hay más: "Zapatero es uno de los pensadores más influyentes en el movimiento socialdemócrata", afirma el Premio Nobel. Una afirmación así de quien es autor de decenas de libros y de innumerables artículos respecto a quien no ha escrito jamás una sola línea ni se le conoce un solo argumento sólo puede significar adulación sospechosa o frivolidad irresponsable. O Stiglitz ha llegado a despreciar la reflexión intelectual en nombre del sectarismo ideológico, o su altruismo intelectual se resquebraja ante el mecenazgo generoso del PSOE. Pero no nos negaran que esta adulación resulta o cínica o digna de carcajada.
Lo mismo puede decirse cuando Stiglitz atribuye a Zapatero liderazgo en el mundo socialdemócrata. Debiera saber que jamás los socialistas españoles han tenido tan poca relación con el resto de los socialistas europeos, que han optado más por la socialdemocracia que por el radicalismo español. Y la única tentativa de seguir a "Zapatero el rojo", la de la izquierda italiana, supuso un fracaso del que aún tendrá que recuperarse. Pero esto no impide a Stiglitz realizar afirmaciones sorprendentes, por inexactas y falsas. Si él cree que Zapatero puede liderar intelectualmente a la socialdemocracia, allá él. Pero si cree que de hecho lo hace, debería preguntarse por que los intelectuales socialdemócratas españoles se están pasando a UPyD, y por qué la única aliada de Zapatero es la izquierda colectivista de Chávez y Evo Morales.
No seguiremos más. En relación con Zapatero, Stiglitz juega con su prestigio: desconoce la historia reciente de España, adula cortesanamente al poder político y acomoda la realidad a sus preferencias ideológicas o a las de quien le agasaja con generosidad en sus visitas a España. Incluso se inventa pensadores socialdemócratas que no son ni lo uno ni lo otro. ¿Está en su derecho Stiglitz en comportarse así ante el poder político? Sin duda. Tanto como el que tenemos los demás a poner en duda el rigor y la responsabilidad intelectual de este Premio Nobel. Es legítimo que el señor Stiglitz se preste a estas cosas: tanto como impropio e intelectualmente ilegítimo que un Premio Nobel se enfangue en comportamientos intelectuales que arrastran su imagen por el fango. Porque es grave que no se entere de nada, pero lo sería más si es que realmente lo que no quiere es enterarse.
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