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Las primeras páginas de la prensa son la filosofía de la cotidianidad. Ninguna ha podido sustraerse al acontecimiento del sábado: España contra Suecia. Todas son contundentes: "España pasa a cuartos de final". Los españoles miran más al fútbol, a la vida, que a la muerte lenta que oficia Zapatero y su Gobierno. Los españoles, dicho sea de paso, no somos más originales que el resto de ciudadanos de Europa. En otras palabras, los europeos están más pendiente de los resultados de la Eurocopa de fútbol, incluidos los poetas y los filósofos, que del rechazo de Irlanda al Tratado de Lisboa. Es comprensible. El primer asunto es una ocupación ociosa, un grandioso deporte, un juego ejemplar para los ciudadanos, mientras que el segundo es un "juego" de embaucadores, o sea, de "políticos" sin ideas y sin oficios reconocidos, para convertir el espacio público europeo en un negocio privado de grupos poderosos.
Viva, pues, el fútbol. Los españoles también disfrutamos de sus beneficios. El partido de España contra Suecia asume el valor de ejemplo. El tiempo de descuento concedido por el árbitro nos salvó de la depresión. La habilidad del jugador Villa hizo el resto. España ganó a Suecia y millones de españoles nos consideramos superiores al resto de la especie. ¿Exagero? Obvio es que exagero, pero qué otra cosa si no es la literatura. Sin añadido a lo real, sin exageración, la vida de la literatura sería un muermo. Por eso, precisamente, digo que el fútbol es la salvación. El fútbol, único deporte que asume el paradigma del juego, es la mejor terapia para resolver las frustraciones individuales de la especie.
El fútbol es más que un juego de tramposos. Tiene la fuerza mitológica de una purga contra los horrores de los "políticos" profesionales. Por desgracia, es ese fardo de hombres funestos, los "políticos profesionales", que cargan sobre sus hombros todos los seres libres de Europa, quien más partido saca de esas victorias deportivas para hacerlas pasar por triunfos "democráticos". Malvados. Pero no es el fútbol, como muchos creen de modo erróneo, lo malvado sino el uso perverso que de él hacen los políticos.
El fútbol, como la risa, contiene una descarga de tensiones irracionales, vitales, inarticuladas, que hace a los seres que lo observan más felices. Este ritual moderno, esta ocupación no industrial pero sí muy rentable en términos económicos y comerciales, del que participamos millones de personas es utilizado, sobre todo, por los gobiernos de turno para esconder sus deficiencias. Sin embargo, no creo que Rodríguez Zapatero, ni aunque España ganase el campeonato, pudiera parar la crisis económica con la manipulación de esa victoria.
De momento, pues, disfrutemos del éxito inocente de España sobre Suecia, sí, riamos, riamos, para que el triunfo sea completamente satisfactorio... Pero nadie olvide lo que viene después del "subidon" de estos días, de este afecto conjunto del alma y el cuerpo, de eso que expresamos con la palabra: Gol. Sí, sí, que nadie se engañe con la bella y extraordinaria evanescencia del Gol de Villa. Después del Gol, de la explosión de la vida, llegará el Vacío.
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