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Recientemente, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, arremetía contra el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, por sus palabras respecto a un posible endurecimiento de la política monetaria en los próximos meses, lo cual provocó que el Euribor batiera sus máximos históricos. Por supuesto, a Zapatero, que pareció haber encontrado en Trichet el nuevo chivo expiatorio para los males de la economía española –que curioso, aquí el Gobierno nunca tiene la culpa de nada y todo nos viene de fuera; es como la conspiración judeo-masónica, ¿recuerdan?–, la reacción de los mercados ante el nuevo escenario de tipos de interés en la zona del euro le cayó como un jarro de agua fría. Él venga a tratar de convencer a los españoles de que aquí no hay crisis y viene ese individuo del BCE y provoca más subidas de tipos que los españoles van a tener que pagar muy cara a través de la revisión de sus hipotecas.
Pues bien, ahora que Eurostat ha publicado las cifras de inflación de la Unión Europea en mayo, se aprecian perfectamente las razones de Trichet. Y es que no hay nada como la realidad, en este caso en forma de una subida de la inflación de la UE de 0,6 puntos, hasta el 3,7 por ciento, para poner a cada uno en su sitio.
Es innegable que la inflación está convirtiéndose en un problema en los países occidentales, no solo en la Unión Europea sino también en unos Estados Unidos, en los que la Reserva Federal ya está pensando en subir los tipos de interés para combatir la inflación. Es el único remedio contra ella. Por eso, Trichet advirtió de que el BCE podría empezar a encarecer el precio del dinero a partir del próximo mes de julio, le pese lo que le pese a Zapatero. De no hacerlo, los mercados financieros comenzarían a descontar que la inflación se iba a desbocar y los tipos de mercado, como el Euribor o los de la deuda pública, que condicionan la financiación de todas las economías, incluida la española, se hubieran disparado, creando todavía más problemas. Que el BCE suba ahora los tipos, por tanto, no solo es la mejor receta para combatir la escalada de precios sino también para evitar males mayores con los tipos de interés.
Zapatero, por desgracia, no comprendió este principio básico de la economía cuando dijo lo que dijo. Para él, lo importante era que más incrementos de los tipos de interés pondrían las cosas aún más difíciles a unas familias endeudadas hasta las cejas y agobiadas casi al máximo con sus créditos hipotecarios y con la subida de los precios de los alimentos y el petróleo. Sin embargo, nunca pareció comprender que si no se empieza a poner coto a la inflación de forma inmediata, los males que aquejan a los hogares españoles van a ser todavía más graves. En esto no hay escapatoria ni alternativa.
Pero, claro, después de tantos meses de negar la realidad de la crisis, después de toda una legislatura sin hacer nada en política económica para prepararnos para ella, ahora pasa lo que pasa. Y lo que pasa tiene como catalizador, en parte, a factores internacionales, como el petróleo o los alimentos, aunque también a la burbuja inmobiliaria propia de una España en la que queda tanto por hacer en materia de liberalización del suelo y de reformas estructurales. Pero la dureza con la que ya está golpeando a España y va a golpearla más en los próximos años, porque de esto no vamos a salir tan rápidamente como dice el ministro de Industria, Miguel Sebastián, es de cosecha propia; es el resultado de cuatro años sin política económica para resolver los problemas pendientes y preparándonos para la que está cayendo, que, en cierto modo, ya se veía venir desde hace tiempo. Ahora que Eurostat, con sus estadísticas de inflación, ha demostrado cuán acertado estaba Trichet, esperemos que Zapatero aprenda esta lección y empiece a actuar en consecuencia.
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