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Puede parecer escandalosa la propuesta, incluso suicida, pero tras el levantamiento de las sanciones europeas a la dictadura de los hermanos Castro la disidencia interna cubana debería emitir una declaración conjunta negándose a recibir a los diplomáticos o representantes de aquellos gobiernos europeos que abogaron o hicieron posible el pasado jueves el levantamiento de dichas sanciones. Negándose a recibirlos y a visitar sus sedes consulares en la capital de la isla. Ni antes de la celebración de las fiestas nacionales, ni durante ni después. Ni un pie en esas casas. Ningún roce con esa Europa insensible que sonríe a los represores y se mofa de los reprimidos.
Dicho más sencillamente: la oposición pacífica cubana, o las organizaciones más representativas de la misma, deberían ponerse de acuerdo y romper relaciones con la Unión Europea. Poner la ruptura en blanco y negro, convocar una conferencia de prensa en La Habana y anunciarla. A todo tren y sin pelos en la lengua. ¿Que suena irreal? ¿Que parece extremista? Qué importa si a fin de cuentas para los europeos lo que es ya no es. La realidad de una nación secuestrada no puede ser menos persuasiva y los pájaros nunca le habrían tirado con más precisión a la escopeta.
Dado que la oposición pacífica desde hace tiempo se ve a sí misma –y debería seguirse viendo– como una institución o un cuerpo perfectamente representativo de lo cubano, tan digno de ser tenido en cuenta como cualquiera otro, es hora de que actúe en consecuencia. Indudablemente se trata de una opción arriesgada, que a primera vista debilitaría aún más a la disidencia o, en el peor de los casos, alentaría una nueva oleada represiva, pero también hay que asumir que no cabe otra. Si se resisten a escuchar, hay que darles cuatro voces. Si están sordos, lo que se impone es gesticular ante sus ojos.
Sé que es muy cómodo sugerir rompimientos desde la seguridad y la libertad que implica vivir fuera de la isla. Pero si la diplomacia del sufrimiento y la evidencia de que el raulismo es el mismo perro con diferente collar no funcionan de cara al Occidente civilizado, no queda más que dar un golpe en la mesa. A ver si Europa se quita las gafas de sol o acaba de graduar adecuadamente el cristal de sus espejuelos. A ver si prima la decencia sobre el contraproducente, y despistado, interés económico. En cualquier caso, lo que aspiran a degustar el Gobierno de Zapatero y sus acólitos no son más que las sobras.
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