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Y el día 23 llegó. Mariano Rajoy ha resultado elegido presidente del Partido Popular con el 84% de los apoyos, es decir, con el menor porcentaje de votos desde la refundación de la formación política llevada a cabo por José María Aznar en 1990. Desde entonces no se había vivido tanta tensión como la de estos días en Valencia. Ha sido un congreso de naranjas amargas y sapos traicioneros, y lo peor es que las heridas han quedado abiertas. Un congreso de gestos y formas duras, ásperas y agrias que le ha dejado todo por hacer al nuevo equipo si de verdad pretende integrar el partido para poder ganar las próximas citas electorales.
Ha sido el congreso de la despedida de uno de los mejores políticos que ha dado nunca España: Ángel Acebes. Un hombre valeroso y honrado que ha soportado la infamia en primera persona, un hombre al que el PP le debe mucho y que sin embargo, y de manera absolutamente atípica, no pide nada a cambio. Pero también ha sido el congreso de la ausencia de María San Gil y de Ortega Lara, ausencias que habrá que reconducir. Y el congreso al que no se invitó a Eduardo Zaplana o a Rodrigo Rato, un hecho que habla por sí mismo, a pesar de la aparición por sorpresa y a última hora de este último, colándose como un colegial (sic). Y además, ha sido el congreso en el que se ha escuchado el mayor rapapolvos que jamás se la ha escuchado al "militante de base" José María Aznar, dirigido al mismo líder que él nombró.
Quedará para los anales de la historia de los populares el número 16 de sus congresos como el de la destrucción de una unidad costosamente tejida durante los últimos años. Una unidad que hacía del PP el partido más fuerte y grande de España. El equipo de Mariano Rajoy debe volver a recomponerla, pues si no lo hace el PP se desangrará en votos hacia Rosa Díez o hacia la abstención y terminará por convertirse en un partido residual, como ocurrió en Cataluña tras el sacrificio de Vidal-Quadras por el entonces presidente del Gobierno.
Rajoy ha formado su dream team con Cospedal, González Pons, Arenas y Mato. A ellos hay que sumarles los portavoces parlamentarios Sáenz de Santamaría y García Escudero que, junto con Ruiz Gallardón y Jorge Moragas conforman el nuevo sanedrín de Génova 13. Las reuniones de los lunes ni siquiera se llamarán "maitines" sino comité de dirección, para que nada recuerde al PP anterior. Ese es su cambio. De ellos es la responsabilidad de que se digieran los sapos que todos se han tragado, y no sólo los que le tocan al presidente por el mero hecho de serlo, como resaltó Miguel Sánz. También de que los sapos traicioneros dejen de serlo para el propio partido, sus militantes y sus más de diez millones de votantes. Si es que aspiran volver algún día al poder, claro.
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