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Lejos de representar a los trabajadores en las negociaciones, de defender sus intereses y de hacer valer sus derechos allá donde se vean amenazados, los sindicatos españoles están exhibiendo un sesgo partidario en los últimos tiempos que empieza a resultar bochornoso. Mansurrones con Zapatero, ante quien se avienen incluso a ajustar su lenguaje a esa norma –entre lewiscarrolliana y orwelliana– que en plena crisis proscribe la palabra "crisis", devienen intransigentes activistas dispuestos a todo cuando se trata de negociar en la autonomía madrileña, sin reparar en sabotajes. He ahí la pantalla en negro de Telemadrid, infame recurso que atenta contra el derecho y la libertad de informar de los periodistas, por un lado, y contra el derecho a ser informados de los ciudadanos, por el otro.
Todo lo cual resulta de lo más llamativo considerando la conducta de la cadena en términos comparativos: es la cadena pública menos onerosa para los contribuyentes. A título de ejemplo, TV3 carga con una deuda diez veces mayor. El Gobierno Aguirre ha dado el primer paso, marcando el camino a otras administraciones, a la hora de tomar medidas de austeridad ante esta crisis que los sindicatos, en sintonía con el pensamiento mágico de Zapatero, no quieren nombrar. Pero el pensamiento mágico no resolverá los problemas. Puestos a escuchar a los socialistas, los sindicatos de Telemadrid podrían hacer caso de Solbes, que ha pedido que las cláusulas de revisión salarial se ajusten a la inflación subyacente. Pero no.
Quizá lo hagan los sindicatos en autonomías donde gobiernan sus amigos, pero no en Madrid. No en la mejor gestionada de España, que es la que han ido justamente a escoger, siguiendo una agenda que poco tiene que ver con sus supuestos cometidos, para incendiar la educación, la sanidad y ahora la televisión pública. La imposición de condiciones por la vía de la fuerza, las medidas de sabotaje como la pantalla en negro, la quiebra de lo que se suponía que iba a ser un marco de moderación en todas las negociaciones empresa-sindicatos dado el preocupante contexto económico, reflejan la intención estrictamente política (en el peor sentido del término) de acosar al nuevo "verso suelto" del PP. Pero esas intenciones, ¿en qué mejoran, en qué protegen, en qué promueven el bienestar de los trabajadores?
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