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Pareció que el congreso del PP fue la estación final de ese viaje al centro que Rajoy quería imponer a su partido tras perder las elecciones del 9 de marzo. Se trató de quitarse de encima los michelines de extrema derecha que representan esos peligrosos alborotadores que son San Gil, Ortega Lara, Vidal-Quadras, Mayor Oreja o Aguirre, a los que ya no veremos, como durante la pasada legislatura, marchar por la Castellana cantando all’armi siam fascisti, terror dei comunisti. Esto, al fin, pasó a la Historia.
El PSOE de Zapatero ha querido poner su granito de arena para ayudar al triunfo de la operación y lleva tres meses sentadito en un rincón sin hacer ruido, calladito como un niño bueno sin decir ni mu. Hasta el PSC ha dejado de "joder con la pelota" y aparenta haber renunciado a que de inmediato se reforme el sistema de financiación autonómica en los términos que ordena el diktat del estatut.
Sin embargo, son necesarias ulteriores pruebas. La centrada sociedad española, a la que nada inquieta esas antiguallas que son la nación, la igualdad de todos los españoles ante la ley o el derecho a educar a los hijos en su lengua materna, necesita pruebas de que el PP, al fin, se ha centrado.
Durante la legislatura pasada, Zapatero acertó a someter al PP a varios exámenes de centrismo. Suspendió en todos. Suspendió en el matrimonio entre homosexuales, suspendió en Educación para la Ciudadanía y suspendió en memoria histórica.
Pero estamos en una nueva legislatura y Rajoy se presenta cual ilusionado universitario a ver si ahora, en una especie de última convocatoria de gracia, consigue aprobar en centrismo.
Caldera, como organizador del futuro congreso del PSOE, ya ha anunciado exámenes en laicismo y en eutanasia, asuntos clave en los que un verdadero centrista no debería dudar a la hora de opinar.
Pero la primera prueba, el primer test, ha sido mucho más difícil de lo esperado. Un tribunal, presidido en el Congreso de los Diputados por el PSOE y en el que había vocales de ERC, IU e ICV, ha propuesto al examinando un tema bien difícil: los derechos humanos de los simios.
Por desgracia, el centrado PP ha obtenido un triste "no apto". Ha sido por los pelos, pero no ha superado el examen. Es verdad que, con indudable espíritu centrista, ha aceptado instar al Ejecutivo a impulsar el desarrollo de los compromisos adquiridos por España con la Declaración de Kinshasa, pero, ay, ha rechazado que se considere iguales a los seres humanos y a los grandes primates en lo que respecta a determinados derechos. El resultado, pues, no ha podido ser otro más que el suspenso, por poco, pero suspenso a fin de cuentas.
No sólo se lamentan orangutanes y gorilas, chimpancés y bonobos, sino que el asunto llevará a mal traer a los pocos verdaderos centristas que en el partido hay, Gallardón, Cobo y poco más. "¿Cómo vamos a ser reconocidos por la sociedad española como genuinos centristas si no somos capaces de reconocer los derechos humanos de los monos?", se preguntarán desesperados.
La conclusión no puede ser otra: al PP le falta mucho para llegar al centro y es obvio que Rajoy no es el hombre adecuado para conducirlo hasta allí. Mientras Gallardón no se haga cargo del puente de mando, el partido seguirá sin superar las pruebas de centrismo a las que sea sometido. Todo se andará.
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