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Uno ya barruntaba que eso del marianismo debía ser así como una enfermedad senil del señoritismo de provincias, intermitente goteo de gansadas de Preu fruto de un fatal desajuste prostático de la inteligencia. Y algo de eso se ve que hay. El gran hallazgo rajoyesco de que "Aznar rima con no estar" lo viene a dejar a las claras. Lástima que aportaciones al debate ideológico de semejante calado, deslumbrantes cogitaciones que por lo demás revelan la genuina talla moral del caudillo vúlgaro, no nos lleguen presentadas con el envoltorio formal que exigiría tan sublime guión.
Y es que en los cotidianos sketches prisaicos del gallego y su cuadrilla ya sólo se echa en falta una de esas narices redonditas y coloradas, tan simpáticas, que venden el los bazares chinos de todo a cien. Venga, don Mariano, anímese. La próxima vez que corra a presentar su adhesión inquebrantable a la alcachofa más limpia de Occidente, o sea, mañana a primera hora, no se me olvide de comparecer ante el Francino con la napia de goma, el sombrerito hongo, un par de zapatones del siete y medio largo, y, a ser posible, plántese también con una gran tarta de nata para estampársela en la cara a Arenas, que el dueño y señor del aparato seguro que se la tragará de grado y sin rechistar.
Y usted, a lo suyo, o sea, a seguir pelando la pava del brainstorming con los chicos de Cebrián, que ya era hora de que alguien subiera el nivel de una vez. "María rima con ya os decía yo que la echaría. Soraya, con decidle a Esperanza que se vaya. Otaola, con a partir de ahora te vamos a dejar sola. Y Lassalle, con si aún queda algún disidente que se calle". Que sí, hombre, que para ganar elecciones no serviremos, pero en esto de los ripios de parvulario no hay quien nos meta mano.
Por lo demás, no procede descartar que el marianismo canónico ya haya devenido en sexo, drogas y rock and roll cuando este artículo se publique, aunque, en el punto y hora que se redacta, la gran corriente de renovación filosófica que llevará a la derecha española de la nada a la más absoluta de las miserias retrata sus profundas señas de identidad con cuatro mantras: "centro, mujeres, diálogo y futuro". Rectángulo retórico del que sólo cabe inferir que el tardomarianismo sombrío, estadio germinal de la historia del centrocuentismo que precediera a la gran eclosión neomarianista de hoy, apenas representó un negro periodo caracterizado por el extremismo falócrata y la cosa como facha y tal de los monólogos arcaizantes.
En fin. "Cuatro palabras, cuatro mentiras", solían decir los rusos de a pie cuando alguien pretendía venderles aquella burra ciega bautizada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pues, la moto de Mariano, tal que lo mismo: cuatro palabras, cuatro bobadas.
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