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Dos miembras del Gobierno se han enzarzado, si bien elegantemente, en una cuestión de velos. Podría parecer un asunto en exclusiva femenino, pero ese sería un enfoque tan machista como desacertado.
Bibiana Aído, ministra de Igualdad, ha planteado la cuestión del uso del velo femenino en el islam desde la perspectiva de las libertades y la igualdad. Será cosa de que cada mujer se ponga lo que considere oportuno, más aún cuando los caballeros pueden vestirse como les venga en gana.
María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, ha matizado las declaraciones de la recién llegada ministra de Igualdad recordando que la posición del Gobierno es considerar esos temas dentro del "respeto a las tradiciones culturales", siempre y cuando no viole lo establecido en el marco legal.
La ministra Aido, a pesar de su juventud, representa las posiciones defendidas durante décadas por el viejo socialismo. La vicepresidenta, a pesar de estar algo más entrada en años, actúa cual portaestandarte del progresismo postsocialista, del nuevo y vigoroso relativismo de izquierdas.
¿Qué quiere decir "respeto a las tradiciones culturales"? No lo sabemos y Fernández de la Vega no está dispuesta a meterse en ese huerto. Sencillamente echa balones fuera, dejando la resolución del tema a las comunidades musulmanas. Pero eso es exactamente lo contrario de lo que la izquierda ha venido predicando durante décadas: la defensa de los derechos de la mujer por encima de convencionalismos y religiones. ¿Se imagina usted que la vicepresidenta declarara que la vestimenta femenina queda condicionada a las tradiciones católicas? Es poco probable, pero eso, y no otra cosa, es lo que implica su "respeto a las tradiciones culturales" en relación con el islam. El problema no es si en Egipto se lleva o no velo, sino el derecho de cada mujer a vestir como considere oportuno, le guste o no a su marido, a los jefes de la comunidad o de la mezquita.
La referencia a la legalidad es redundante por obvia, ¡faltaría más! Pero ahí está la clave del problema. No hay peor ciego que el que no quiere ver y nuestra izquierda progre no quiere ni oír hablar de hacer valer la legislación, expresión de nuestros principios y valores, ante las comunidades musulmanas. Ahí es donde nuestra igualitaria miembra del Gobierno ha patinado. Si en algo coinciden progres e islamistas es en la idea de compartimentar mundos, de avanzar con decisión hacia la Edad Media, hacia el establecimiento de marcos legales distintos haciendo oídos sordos a las denuncias de merma de libertades de las mujeres y, en general, de todo aquel que no acepte el dictado del sector dirigente. Cuando no se cree en casi nada, y de eso va el relativismo, ¡cómo se van a hacer valer las normas propias!
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