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Mariano Rajoy –chascarrillo y puro– se ha personado en el Campus FAES y ha hecho como si le pusiera los puntos sobre las íes a Aznar y al think del tank. Pero con lengua de madera centrista no es fácil precisar, y nos hemos quedado con cara de estatua. Predica o comunica "cambios" que no define porque Mariano Rajoy –bicicleta y tergal– vive aún en la inocente convicción de que cualquier cambio es bueno. No simula tal error por agradar, lo cree sinceramente. Es un síntoma muy extendido en los conservadores de ahora, que no ven necesario conservar nada, más allá de las regalías del cargo o dignidad.
Nos vende asimismo un partido "independiente, de centro y con ideas claras" este Mariano Rajoy –exámenes y orvallo–, como si algún significado se alojara tras el humo elegante del no decir. ¿Independiente de quién y de qué? Hay pistas: independiente de los medios que leen y escuchan sus votantes. Me cuenta una compromisaria de Bulgaria que se les prohibió hablar con la COPE y El Mundo. Bien, si es así, algo lejanamente parecido a un contenido subyace bajo la amenaza que llama "independencia". Algo es algo.
En cuanto a las ideas claras, se trata de una vistosa pero blanda, de una lucida pero roma declaración de principio que, por sí sola, no declara nada. Quedamos a la espera de ulteriores aclaraciones de Mariano Rajoy –temario y barbería– sobre cuáles son exactamente las ideas claras. Sin exposición, defensa y reivindicación de lo sustancial (las ignotas ideas), el atributo huelga. Permanecemos expectantes.
En cuanto al centro, Mariano Rajoy –frenillo y siesta– sabrá lo que quiere ocultar con el pseudo concepto. En la Academia de Platón no habría sido admitido, pues de saber geometría, tendría ya asimilado que el PP es la derecha por definición y no se encharcaría en magias de proximidad cuando el teatro se está incendiando. Comprendería que no depende de él establecer un centro, que el espacio cuyo centro anhela lo delimitan varios. En fin, estos axiomas fatigan, pero Mariano Rajoy –obviedad y Marca– tiene una gran resistencia y nunca se cansa de lo evidente. La resistencia propia de quien toma por triunfos sus fracasos. A ver quién bate al que gana cuando pierde y gana cuando gana. Aunque esto último está por demostrar.
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