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Raúl Castro fue agotadoramente explícito el viernes pasado, al clausurar la primera sesión de la oficialista "Asamblea Nacional del Poder Popular" cubana. Volvió a atacar lo que siempre ataca la nomenklatura castrista, aun desde los tiempos en que el hermano mayor encantaba las serpientes del estridente nacionalismo insular: el imperialismo, el derroche, la ineficiencia, la vagancia, el clientelismo y la corrupción de los que el totalitarismo, desde hace ya medio siglo, es el principal responsable. Dijo que está lejos de implementarse una reforma salarial que mejore sustancialmente el depauperado nivel de vida de la población. Es decir, puso en claro que se avecinan tiempos difíciles para los cubanos. También como siempre.
Capitalismo sin libertad. Sin libertad de ningún tipo. Se supone, luego de releer el discurso de marras, que eso es lo que quiere, o persigue, el menor de los Castro. En el programa miamense de Oscar Haza, Alcibíades Hidalgo –durante años, uno de los más cercanos colaboradores de Raúl Castro– definió la intervención de su antiguo jefe en términos de "posición mojigata". La vieja guardia reaccionaria representada por Raúl, instalada en el poder desde que más del ochenta por ciento de la población cubana tiene uso de razón, habla de impuestos. Se atreve a digerir el "pluriempleo", esa forma de altruismo práctico que en Cuba consiste en engañar sucesivamente a quien te engaña a perpetuidad. Explicó el actual gobernante cubano:
Es iluso soñar que un pueblo tras resistir actos terroristas, guerra económica y agresiones de todo tipo durante medio siglo, vaya a renunciar a conquistas fruto de enormes sacrificios para satisfacer a círculos de poder de Estados Unidos.
El discurso de las calendas griegas. Lo mismo con lo mismo, para decirlo en clave habanera. La forzada simbiosis pueblo-castrismo y el antediluviano recurso de reflejar hacia afuera los problemas de adentro. A quienes apostaban por que el galopante deterioro de Fidel Castro finalmente desembocaría en una reforma consistente, les toca volver a tender las camas. Raúl quiere capitalismo sin libertad.
Ni siquiera el modelo chino.
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