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La colonia etarra en Venezuela es extensa y está formada por decenas de terroristas, muchos de ellos con delitos de sangre. Entre todos suman decenas de crímenes. Bien es cierto que muchos llegaron a Venezuela a partir de los años ochenta, antes de que Chávez soñara con lograr el poder absoluto en aquel país. A este desaguisado no son ajenos los socialistas: fue Felipe González quien firmó con Carlos Andrés Pérez el convenio de traslado de la colonia etarra de Argel a Caracas. Allí constituyen una importante colonia, han formado familias y montado negocios. Primero sembraron la muerte en el País Vasco y España. Y después rehicieron su vida como si nada hubiera ocurrido.
Durante años, fueron varios los países suramericanos que albergaron terroristas de ETA, pero cada vez son menos. Hace ya tiempo que México dejó de ser destino para los etarras huidos pese a que llegaron a juntarse casi trescientos. En el caso de Cuba, la fraternal relación con el régimen de Fidel Castro ha cambiado ante la incertidumbre del futuro del régimen castrista, que ha frenado la presencia etarra.
ETA busca regímenes amigos donde establecer a sus miembros. Hoy, estos países son principalmente tres: Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Sus regímenes hacen un doble juego: por un lado ofrecen una cara diplomática a España, lavándose las manos ante la presencia cada vez mayor de etarras dentro de sus fronteras. Y por otro lado, colaboran activa o pasivamente en el proselitismo que las organizaciones de la izquierda proetarra llevan a cabo. Por estos países pululan organizaciones etarras vendiendo un discurso nacionalista-indigenista entre políticos y medios de comunicación. Crean las condiciones políticas necesarias para el asentamiento y permanencia de los terroristas.
En el caso de Chávez, el entramado mediático chavista, sus políticos y diputados difundieron la versión etarra sobre la negociación de Zapatero con ETA de hace dos años. La propaganda indigenista-populista ha creado un vínculo entre el nacionalismo vasco y el indigenismo suramericano que favorece el refugio de etarras allí. Haría bien ZP en preguntar al petrotirano sobre la versión difundida por Chávez sobre su proceso de paz.
La relación es más clara respecto al triangulo que forman Chávez, FARC y ETA. La estrecha colaboración de Chávez con las FARC no es ya sorpresa para nadie. Ofrece retaguardia y financiación a la guerrilla terrorista. Por su parte, ésta ha colaborado con ETA desde hace años. Viajó constantemente a Colombia en busca de entrenamiento, sea con los cárteles de la droga o con las guerrillas marxistas. Y en los últimos años, son los etarras los que llegan a entrenar a los miembros de las FARC en el manejo de explosivos de última generación. Parecen confirmarse las relaciones entre el tráfico de drogas en Europa y la financiación de ambos grupos. Además, el ordenador del narcoguerrillero Reyes demostró los planes de los socios de Chávez para la realización de atentados en España de la mano de ETA en una siniestra joint-venture.
En el caso de Chávez, el trato dispensado a los etarras en Venezuela es exquisito. Es sabido que el régimen chavista consideró conceder la nacionalidad venezolana a José Ayestarán, Miguel Angel Aldana, Jesús Arteaga y Eugenio Barrutiabengoa, que suman, entre todos cuarenta españoles asesinados, y por los que Zapatero debería preguntar al petrotirano: ¿acaso no repite el Gobierno que buscará y encarcelará a todos los asesinos de ETA? Aquí tiene una buena ocasión para dar un paso importante, pues están localizados. También es conocido el papel desempeñado por el etarra Cubillas –tres españoles asesinados–, en la administración estatal venezolana. A éstos se les puede echar el guante. Otros etarras vivieron bajo el amparo de Venezuela y se reintegraron más tarde en la banda etarra.
De confirmarse la noticia de la financiación de Chávez a ETA, estaríamos ante un enorme escándalo, un salto cualitativo. Equivaldría a decir que el dinero para volar la T4 o matar a Isaías Carrasco lo puso Hugo Chávez. Así que es inexcusable que el tema se suscite en su visita a España. No es que esperemos mucho de Chávez, pero lo que es exigible al Gobierno es que pida explicaciones por estas noticias sobre financiación de ETA y, sobre todo, exija a Chávez que haga algo en relación con la colonia de etarras que bienvive en Venezuela.
Hoy no sirve la excusa del desconocimiento. En los últimos años se han sucedido las noticias sobre la calidad de vida de los etarras en Venezuela. Conocemos que viven en un retiro dorado del terror y que humillan a sus víctimas, a las que llegan noticias sobre su impunidad. Así que Zapatero no puede jugar a dos cosas a la vez. Si quiere perseguir etarras, ahí tiene a Chávez para impulsar su política antiterrorista. Y si lo que no quiere es desairar al petrotirano, nos preguntaremos legítimamente sobre sus intereses en la lucha antiterrorista.
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