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El Comité Olímpico Internacional (COI) ha hecho méritos más que sobrados para entrar en el palmarés de los enemigos de la libertad de expresión en general y en Internet en particular. Y lo ha hecho obteniendo unos grandes resultados en dos modalidades de esa especialidad llamada censura. Por una parte, aceptó celebrar los juegos que comienzan dentro de unos días en la capital de una dictadura totalitaria que incluye entre sus múltiples violaciones de los derechos más elementales del ser humano impedir la libertad de expresión y el encarcelamiento de ciberdisidentes. Por otra, coarta esa misma libertad a los participantes en el encuentro olímpico.
Pueden hacerse ahora los sorprendidos. La realidad es que tan sólo a los señores del citado COI se les pudo ocurrir pensar, en el más que dudoso caso de que ello sea cierto, que los periodistas iban a disfrutar de un Internet sin censura en Pekín. Y tampoco es válida la excusa de que no pueden "decirle a los chinos lo que deben hacer" y que se las tienen "que ver con un país comunista en el que existe la censura". Tan comunista y, por tanto, dictatorial era cuando se les concedió la celebración de los Juegos Olímpicos como ahora. Ahora falta libertad como faltaba entonces. Y sí hay algo que podrían haber hecho, elegir como sede de la cita deportiva a una ciudad que estuviera en un país diferente. Los tiranos no dejan de serlo gracias a que la comunidad internacional les "haga la pelota". Más bien al contrario. Además, que después de tan patéticas declaraciones el régimen chino haya dicho que al final no va a restringir el uso de la Red a los periodistas sirve más bien de poco. Nada garantiza que vaya a cumplir su palabra, y si la cumple tan sólo existirá una isla de relativa libertad en medio del océano de represión de Internet que es China.
Pero no contentos con eso, desde el COI añaden a la censura gubernamental la suya propia. El Censor Olímpico Internacional ha tenido a bien prohibir a los participantes y otros miembros de las delegaciones nacionales realizar "artículos para prensa escrita o páginas web, o hacer un blog donde comenten sus impresiones sobre los JJOO durante su periodo de estancia en la Villa Olímpica". Tal como cuenta en su blog el participante en las pruebas de decatlón David Gómez, el Comité Olímpico Español le informó de esto el pasado día 30 de junio a través de un mensaje de correo electrónico. Como si de una mala burla del antiguo anuncio de la DGT protagonizado por Stevie Wonder, parece que le estuvieran diciendo: "si compites, no escribas".
Desde el COI intentan evitar que se les acuse de complicidad con el régimen comunista (como si no la hubieran demostrado ya de forma sobrada) diciendo que lo hacen ante las quejas de la prensa internacional por el intrusismo de los atletas en su profesión. Como si ese fuera un argumento. Con independencia de que la excusa sea cierta o no, posiblemente se trate de contentar tanto a los grandes medios de comunicación como a la dictadura china (se prohíben los artículos en prensa, algo que no molestaría a las empresas que los publicasen). La libertad de expresión es un derecho de todas las personas, no sólo de los periodistas. Tan mal está recortarla por las presiones de un sector empresarial o profesional como hacerlo por el deseo de unos tiranos.
Más de una semana antes de comenzar los Juegos Olímpicos de Pekín, ya se han logrado dos medallas en la categoría de libertad de expresión. Ambas de estiércol y logradas por un único participante: el Censor Olímpico Internacional. No es mala idea participar en la cibermanifestación organizada por Reporteros Sin Fronteras el día en que comienzan los juegos de la represión.
Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.
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