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Pasados seis meses de la muerte de Tirofijo me he puesto a pensar qué habría pasado si ese hombre hubiera cumplido su cita con la historia y hubiera asistido a la reunión con el Presidente Andrés Pastrana, en San Vicente del Caguán, el 7 de enero de 1999. ¿Qué habría pasado si la silla, al lado de la del presidente, no hubiera quedado vacía y ese día se hubieran comenzado unas verdaderas negociaciones de paz entre el Ejecutivo y el jefe de la guerrilla más sangrienta del Continente?
Para comenzar, Tirofijo no habría muerto en la selva mal atendido, escaso de medicinas, despreciado y desprestigiado ante el mundo. No, probablemente estaría en estos momentos pasando vacaciones en alguna hermosa playa de Cuba o Nicaragua, con Castro u Ortega, sus amigotes. O quizás andaría de gira por los países europeos, dando conferencias sobre "su lucha". O, en el peor de los casos, estaría convaleciente en alguna clínica de lujo, atendido por los mejores médicos del planeta. Quién sabe si, por haber "tenido la grandeza" de terminar con su narcoguerrilla, le hubieran dado el Nobel de la Paz, como algunos llegaron a pensar, y en compañía del Presidente Pastrana hubiera asistido a Estocolmo, vestido con sus botas de caucho y todo su atuendo, a recibir el homenaje del rey de Suecia y un mundo admirado.
Si se hubiera firmado la paz en 1999, seguramente Raúl Reyes, "el canciller de las FARC", estaría de embajador, dedicado a las componendas que tanto le gustaban, y no habría muerto en el bombardeo de su campamento, destrozado por una mina antipersona, de esas que él mismo ordenaba sembrar. Quizás Cano, el nuevo jefe de las FARC, estaría de senador a la cabeza de su propio partido, encantando con su discurso a los izquierdistas duros.
¡Qué equivocación tan crasa la de Tirofijo cuando dejó a toda Colombia esperando! Cuánto dolor se habría evitado si hubiera tenido la grandeza de asistir ese día a la cita pactada. ¿Cuántos inválidos, cuántas tumbas, cuantos desplazados menos habría? Ingrid y cientos más no habrían sido jamás secuestrados.
Tirofijo utilizó la zona de despeje, de 42 mil kilómetros cuadrados, no para la paz, sino para afianzar su guerra. Lamentando el engaño, el Presidente Pastrana se lo dijo el día que terminó con la zona de distensión: "usted convirtió el Caguán en una guarida de secuestradores, un laboratorio de drogas, un depósito de armas, dinamita y carros robados". Alfonso Cano, usted debe de estar tan cansado de esta guerra como lo estamos todos los colombianos. Negocie la paz, por Colombia, por usted mismo. Hágalo hoy, cuando aún puede hacerlo. No cometa usted el mismo error. ¡No deje la silla vacía!
© AIPE
María Clara Ospina es analista colombiana.
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