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Las últimas palabras de Eguiguren, antes que nada alto dirigente del PSE en el País Vasco, ponen sobre la mesa lo que aquí llevamos tiempo advirtiendo: el PSOE negoció con ETA por convencimiento ideológico y no por oportunidad política. Dentro de su proyecto futuro para España, el de la superación definitiva del marco constitucional y estatutario, el pacto con ETA era algo lógico y normal. Y puesto que este proyecto sigue intacto –Zapatero sigue embarcado en el mismo proyecto– los socialistas no descartan volver a hacerlo en el futuro.
El pacto del PSOE con ETA es la consecuencia natural del proyecto político de Zapatero, que pasa en lo institucional por la marginación social de la derecha como paso previo a la desactivación de una alternativa nacional liberal-conservadora en nuestro país. Y en lo nacional, por la ruptura autonómica y su sustitución por un estado confederal asimétrico. En el camino emprendido hacia una sociedad española nueva, no había motivo antes, y no lo hay ahora, para que Zapatero no pueda contar con ETA.
El PSOE, a través de Eguiguren, ha dejado claro lo primero:"nuestro proyecto es incompatible con una coalición con el PP", o lo que es lo mismo, nada de espíritu constitucional en el País Vasco, sino todo lo contrario. De lo que se trata es de suceder a Ibarretxe en el poder, pero no de suceder al nacionalismo, ni mucho menos de la desabertzalización de las instituciones vascas, tomadas al asalto por el PNV desde los años ochenta y sometidas al proceso de construcción nacional vasco. Con todo esto, el PSOE no quiere tener nada que ver. Con el PSE mandando en Vitoria, el País Vasco no volverá a la normalidad constitucional, sino todo lo contrario. Los socialistas podrán pactar con todos, menos con el PP.
Además, el dirigente del PSOE en el País Vasco ha dicho otras dos cosas. Primero que se hizo bien al negociar con los criminales y que el único falló fue que el apaño "no salió". Los socialistas achacan el fracaso de su pacto con ETA, no a que fuese un error de apreciación sobre el estado de la banda, sino a que ellos y los terroristas no fueron lo suficientemente cuidadosos y discretos en las negociaciones. Reconocen fallos prácticos en el proceso negociador, pero no que el proceso negociador fuese un fallo; son dos cosas distintas, que evitan cuidadosamente mezclar.
En segundo lugar, para el dirigente del PSE no hay motivo para no volver a intentar el pacto socialista-etarra en el futuro: "Vamos a ver si un día hay condiciones y se puede hacer algo". Las condiciones gubernamentales ya están puestas: pseudoindependencia vasca y fagocitación de Navarra. En esto, tanto Zapatero como Eguiguren están de acuerdo. Lo que falta simplemente es que la otra parte, la terrorista, decida volver a abrir la mesa.
De Eguiguren podemos decir que, a diferencia de Zapatero, Rubalcaba o De la Vega, habla claro. Éstos llevan a cabo una política antiterrorista que no está basada en principios morales, sino en la oportunidad y necesidad política. Ni se han arrepentido de la negociación ni tienen ninguna posibilidad de hacerlo, puesto que siguen en el odio al PP, en el frentepopulismo y en un proyecto antisistema. Si vuelven a encontrarse con una ETA dispuesta, harán como hicieron antes y como el PSE dice que hay que hacer en el futuro. Eso sí, mientras tanto, ahora, lo que hay que exigir es que el PSOE y el Gobierno, Zapatero y Blanco, nos cuenten su opinión sobre lo que va contando el Negociador confeso. No lo harán. A diferencia de él, ellos son negociadores inconfesos.
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