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Andalucía

El corredor sin retorno de Susana Díaz: siguen la covid, las condenas judiciales y la rebelión interna

La todavía líder del PSOE andaluz parece alejarse cada vez más no sólo del poder sino incluso de seguir dominando la marca regional de su partido.

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La todavía líder del PSOE andaluz parece alejarse cada vez más no sólo del poder sino incluso de seguir dominando la marca regional de su partido.
Susana Díaz, en una rueda de prensa. | EFE

Pocos quedan ya en el entorno de Susana Díaz, otrora la Mariana Pineda de la unidad nacional y un socialismo responsable, que esperen que la lideresa de Triana pueda volver a repetir un triunfo como secretaria general de los socialistas andaluces. Mucho menos una victoria electoral frente a un gobierno que, aunque no ha cambiado mucho, la ha cambiado a ella y a su futuro, que ya no es lo que era.

Conviene no olvidar el batacazo descomunal que se dio una Susana Díaz que llegó a ser impulsada hasta por el rey de Marruecos y un sector del Ibex 35. Nadie sabe cómo, pero quien conocía mejor al PSOE, que era ella, y quien controlaba todos sus resortes tras la defenestración de Pedro Sánchez, que era ella, fue la que perdió unas elecciones primarias frente al intruso pro nación de naciones y alarmantes alianzas. ¡Y con el apoyo del PSOE histórico al completo!

Es decir, un trastazo como el que se pegó Susana Díaz no se ha visto en años, ni siquiera el de Josep Borrell fue tan acusadamente visible y grave, y ello indicaba a las claras que no era oro todo lo que relucía y que sus debilidades estratégicas y su falta de sustancia y determinación. La pérdida de las elecciones andaluzas confirmó que, aunque la herencia recibida de Manuel Chaves y José Antonio Griñán era ruinosa, ella formaba parte de ese siniestro y su gestión presidencial dejaba adivinar un agujero negro.

Sin oposición creíble

Desde diciembre de 2018, fecha decisiva que dio paso al "gobierno del cambio", Susana Díaz, tras desaparecer un tiempo por maternidad, no ha logrado articular una oposición creíble. Cuatro obstáculos ha tenido. El primero, las infecciones que no cesan, desde la listeriosis a la Covid 19, que no permiten juegos florales políticos ni acosos excesivos al gobierno de Juan Manuel Moreno. Y así sigue.

El segundo, la consistencia del gobierno tripartito PP, Cs y Vox, al que no ha logrado desacreditar ni dividir y al que no ha podido identificar como "fascista" a pesar de sus intentos. Tercero, la creciente oposición interna dosificada por los sicarios de Pedro Sánchez, desde Huelva a Almería pasando por Jaén. Cuarta, la situación de la izquierda comunista donde su enemiga frontal, Teresa Rodríguez, sigue viva limitando sus posibilidades de acceso al gobierno de la Junta.

La gota malaya judicial

A todo ello, hay que unir la gota malaya continua y penetrante de las condenas judiciales y la exposición penal de no pocos socialistas. El caso ERE sigue su curso con nuevos procesamientos y el caso UGT, en el que Susana Díaz tiene a su marido colgando de uno de los hilos de la tela de araña, vuelve con fuerza.

Además del nuevo procesamiento de su ex secretario general Francisco Fernández Sevilla en el caso Altadis, vinculado a los ERE, el Tribunal Supremo acaba de condenar a UGT de Andalucía por utilizar irregularmente fondos del Plan Orienta de la Junta para abonar las indemnizaciones de los empleados del sindicato en vez de para ayudar a los desempleados, que era su fin legítimo.

El caso es que Susana Díaz no es ajena a esta sentencia puesto que, cuando estalló el escándalo del fraude ugetista de las subvenciones de la Junta, fue su gobierno el que no pudo eludir su obligación de reclamar el dinero no empleado adecuadamente por el sindicato, llegando a exigirle la devolución de la considerable suma de 40 millones de euros. UGT recurrió las demandas de la Junta, pero ahora ha resultado condenada por el Supremo a pesar de la sentencia a su favor dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

Precisamente por ello, UGT de Andalucía, regida ahora por una no simpatizante de Susana Díaz, Carmen Castilla, habrá sentido un gran dolor al tener que pagar casi 140.000 euros a la nueva Junta de Juan Manuel Moreno por usar dinero del Plan Orienta para despedir a 159 trabajadores, entre ellos, Roberto Macías, al que persigue por considerarle el "garganta profunda" de las denuncias.

Por si fuera poco, queda pendiente el juicio oral contra la ex cúpula de la federación andaluza ugetista donde van a ser procesados 15 acusados, con dos ex secretarios generales implicados en un presunto uso irregular de 40,7 millones. Puede comprenderse fácilmente que, desde UGT, y en lo que le toca, desde CCOO, no sean muchos los apoyos que tiene Susana Díaz en esos sindicatos antaño amigos.

El 'modelo Iceta'

Y además le crece la rebelión interna. Desde que se supo que el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, iba a reunirse con Susana Díaz para estudias las infraestructuras andaluzas consideradas en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de este año, desde los oscuros rincones del PSOE se filtró que iba a hablarse del futuro de la trianera. Sólo eso ya desgasta. Que la reunión sea con ella y no con la Junta de Andalucía, ya carcome.

Sabido es que el PSOE ha retrasado su congreso nacional hasta el mes de octubre, segunda quincena, y ello ha obligado a trasladar el congreso de los socialistas andaluces hasta diciembre de este año, ya casi en 2022, año electoral en Andalucía y por tanto, con poco tiempo de reacción si se afronta el cambio de liderazgo en el PSOE andaluz.

Ante la duda de si este retraso significaba una consolidación de Susana Díaz, dados los plazos y las circunstancias, el sanchismo la ha despejado. El mismísimo delfín de Sánchez en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, dejó caer hace unos días la tesis de que el modelo Iceta, echarse a un lado para dejar paso a Salvador Illa, debía ser asumido por Susana Díaz, una propuesta poco hábil porque Iceta no va a dejar la secretaría general del PSC y porque Illa no ha ganado nunca elección autonómica alguna.

El ministro Ábalos, además de su entrevista con Susana Díaz, tuvo otra con el alcalde de Sevilla, el socialista y ex consejero de la Junta Juan Espadas, cada vez más distanciado de su antigua amiga, Susana Díaz. Se trataba de firmar un convenio pero se ha sospechado que, además del convenio Estado-municipio, podría haber otro oculto para la sucesión. A su final, Juan Espadas no descartaba nada y se sentía honrado porque se pensara en él para un nuevo proyecto "ilusionante" para el PSOE andaluz.

División por provincias

Se han filtrado las posiciones de las federaciones de Huelva, Jaén y Granada a favor del cambio de candidato si es pilotado por Pedro Sánchez, mientras Sevilla, Córdoba y Málaga, se mantienen firmes en la defensa de Susana Díaz. En Cádiz, la trianera tiene importantes enemigos y en Almería hay de todo.

Pero no se olvide que de Sevilla son el propio Espadas y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, junto con Quico Toscano, de Dos Hermanas; que de Córdoba es Luis Planas, ministro de Agricultura; de Málaga es la directora general de la Guardia Civil, María Gámez; de Cádiz, el ex vicesecretario Luis Pizarro. Sean tomados estos nombres como ejemplos intuitivos de lo que podría ocurrir si Susana Díaz no acepta su destino de perdedora máxima y consumada del socialismo andaluz.

Mientras tanto, el gobierno del "cambio", con Vox y PP creciendo y Cs bajando, pero no tanto, parece consolidarse en la misma proporción en la que la izquierda, debido a la reyerta interna en Podemos e IU y a la inoperancia del PSOE, parece incapaz de elaborar una alternativa coaligada de gobierno. De ahí, el corredor sin retorno por el que se aleja cada vez más Susana Díaz.

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