
La verdad es que los socialistas andaluces han tenido de partida un gran hándicap de cara a ganar las elecciones autonómicas de este domingo o incluso de cara a mejorar, aunque sea escasamente, los desastrosos resultados cosechados por Juan Espadas hace cuatro años, cuando los socialistas sacaron tan sólo 30 escaños en su otrora principal granero de votos: Y es que la actual candidata a presidir la Junta, María Jesús Montero, no sólo ha sido una pésima y vampiresca ministra de Hacienda sino que, para colmo, se caracteriza e identifica como ningún otro dirigente político del país con Pedro Sánchez.
No es menos cierto, sin embargo, que lejos de soltar lastre o tratar de distanciarse de quien la nombró a dedo, María Jesús Montero no ha dejado de comportarse en las ultimas semanas, ciertamente, como una candidata genuinamente sanchista tanto en sus artimañas como en su querencia por el uso de la mentira incluso cuando ni siquiera esta le puede resultar útil.
Reciente ejemplo de esas artimañas de la candidata sanchista es la campaña de difusión masiva de audios a través de llamadas telefónicas y aplicaciones de mensajería como WhatsApp en las que, simulando ser llamadas profesionales relacionadas con una cita médica del Servicio Andaluz de Salud, se acusa al Gobierno de Juan Manuel Moreno de "estar privatizando y abandonando la sanidad pública".
Así, en lugar de explicar Montero por qué considera negativo que los andaluces puedan beneficiarse sin perder el derecho a la gratuidad de la concurrencia de centros sanitarios privados; o de explicar por qué fueron los socialistas los primeros en regular y consolidar en 1995 el uso de conciertos sanitarios con el sector privado en Andalucia, la asilvestrada candidata socialista prefiere dar luz verde a una campaña de llamadas telefónicas falsas que a la postre no pueden ocultar ser pura y engañosa propaganda política financiada por el PSOE.
No menos típicamente sanchista ha sido la colosal mentira a la que ha recurrido Montero para afrontar su colosal metedura de pata al referirse el pasado lunes a la muerte de los guardias civiles caídos en acto de servicio como simples "accidentes laborales". En lugar de pedir abiertamente perdón a los guardias civiles y sus familiares diciendo algo así como que se trata de "una desafortunadísima expresión que, en modo alguno, se ajusta al afecto y consideración que siento por la Benemérita como les transmití acudiendo a los funerales de los guardias caídos en acto de servicio" -Recuérdese que ningún miembro del gobierno, incluido Marlaska, se dignó en acudir a las exequias-, la candidata sanchista ha preferido recurrir a un mentira tan burda como negar que con lo de "accidentes laborales" se refiriera a las muertes de los guardias civiles caídos la semana pasada mientras perseguían a una narcolancha. Así, Montero ha insistido en que ha vuelto "a escuchar la cinta" porque "no puedo yo haber dicho tal cual eso", y tratando de endosar su insensible expresión a Antonio Maillo, ha afirmado que con lo de los accidentes laborales se refería, no a los guardias civiles caídos, sino al tema de la siniestralidad laboral en otros ámbitos que mucho antes había sacado a colación el candidato de Por Andalucía.
Dice el refrán que "las mentiras tienen las patitas cortas", pero, en este caso, la mentira de la candidata sanchista carece sencillamente de patas puesto que millones de espectadores pudieron ver durante el debate electoral en Canal Sur cómo daba el pésame a los familiares y amigos de Jerónimo y Germán para, acto seguido, afirmar que "los accidentes laborales tienen que ser una prioridad". Es más: Montero utilizó en dos ocasiones esta miserable expresión, ambas en el contexto de las muertes de los guardias civiles que se jugaron y perdieron la vida persiguiendo a los narcotraficantes.
Finalmente, no podemos dejar de sacar a colación la colosal mentira de Montero, cuando siendo ministra del gobierno afirmó categóricamente no haber seguido teniendo ni comunicación ni trato con el expresidente de la Sepi, Vicente Fernández, desde que fuese cesado en octubre de 2019: "Yo no tengo ningún contacto con este señor desde que salió (…) Yo no he tenido ningún contacto ni de WhatsApp, ni de llamadas, ni de reuniones, ni de nada, ni tenemos tampoco un entorno que compartamos. Es decir, que no tenemos amigos de amigos", llegó a afirmar la entonces ministra.
Pues bien, gracias a una exclusiva de Libertad digital, se ha sabido que Montero, no es que mantuviera el contacto, sino que hizo "vida de pareja" con Vicente Fernández en un hotel de Cabo de Gata dos años después de ser cesado. El hecho de que pasar un fin de semana en un hotel con quien sea no tenga consecuencias penales no significa que mentir no deba tener consecuencias políticas. Más aun cuando esa mentira afecta a la relación de una ministra con un acusado de corrupción y tráfico de influencias, como Vicente Fernández, arrestado el pasado mes de diciembre por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) en el marco de la denominada trama Sepi en la que está acusado de tráfico de influencias.
Pero allá con sus mentiras, tan genuina y representativa candidata sanchista a la presidencia de la Junta de Andalucía. Es cuestión de días saber a donde le llevan en las urnas.
