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Montero rectifica: no fue accidente laboral; fue exceso de velocidad

Convirtió la muerte de los dos guardias civiles en un alegato contra la siniestralidad laboral. Hay que tener valor y una miajita de desvergüenza.

Convirtió la muerte de los dos guardias civiles en un alegato contra la siniestralidad laboral. Hay que tener valor y una miajita de desvergüenza.
Un momento del 'Debate Decisivo' en Canal Sur entre los cinco principales candidatos a las andaluzas del 17-M. | Canal Sur

"La mejor candidata del PSOE a la Generalitat de Cataluña". Fulminante estuvo el presidente de la Junta de Andalucia. María Jesús Montero, que por una gracia del señorito Sánchez va a ser sacrificada en las urnas andaluzas -tras lo que será escarnecida-, comenzó su intervención en el debate electoral emitido por Canal Sur, el pasado día 11, recordando a Jerónimo y Germán, los guardias civiles que murieron en acto de servicio mientras perseguían a unos narcotraficantes en aguas de Huelva. La señora Montero llevaba el texto escrito. No fue un lapsus. No añadió "laboral" por un despiste. El Gobierno, por boca del ministro del Interior, había establecido que la muerte de ambos guardias fue debida a un "trágico accidente" y la candidata bocachancla añadió "laboral". ¿Lo hizo por qué es de una locuacidad irrefrenable? ¿Por qué el gurú que preparó las notas es un zote o zota, según se mire? ¿O por qué todos ellos son más falsos que los duros sevillanos? Al gusto. Un mix.

La postulante socialista no quedó satisfecha con su falta de respeto y explicó a la audiencia que "hay trabajadores que fallecen por el mero hecho de ganarse la vida y que todos debemos aliarnos contra esa lacra de los accidentes laborales? Así, siguiendo el "pensamiento Montero" hay que comprender que los agentes perseguían a los narcos no para cumplir con su deber ("Siempre fiel a su deber, sereno en el peligro", escribió el Duque de Ahumada en La Cartilla) y detener a unos delincuentes. Lo hacían porque estaban "ganándose la vida". Solo le faltó insinuar que quizá hubo algo de imprudencia y de conducción temeraria. Montero convirtió la muerte de los dos guardias civiles en un alegato contra la siniestralidad laboral. Hay que tener valor y una miajita de desvergüenza. Porque la píldora que metió iba bien dirigida. ¿Quiénes son los responsables de los accidentes? Los empresarios, quién si no. La exministra de Hacienda desviaba el foco y señalaba subliminalmente a la derecha. Lee lo que va a decir, no improvisa. Ella y sus asesores saben que esas maldades anidan con facilidad en los alucinados cerebros de sus seguidores.

Miembros de asociaciones profesionales de guardias civiles, que prefieren mantener el anonimato, denuncian la falta de medios y lo que califican como indefensión de los agentes antes unos narcos envalentonados. "El agente tiene más miedo al juez que al narco. Y ese es el fallo de seguridad más grave que existe. Un guardia civil en Huelva sabe que si saca el arma y neutraliza un motor, empezará un calvario judicial que le puede costar la carrera". Y piden actuar con contundencia: "los protocolos de uso de la fuerza hablan de evitar el contacto, pero el contacto lo busca el narco para mandarlos al fondo del mar". Y añaden en un escrito que ha circulado entre los agentes: "Si no se detienen tras el primer aviso, el procedimiento debe ser la inutilización cinética inmediata. Y si la vida del agente corre peligro por embestida, se responde con fuego de cobertura". Hace un par de años, entrevistados en esRadio, miembros de OCON Sur explicaban lo efectos de la disolución de la unidad: "Teníamos reestablecido el principio de autoridad porque se seguía trabajando de manera constante y contundente. Se sabía que el fin de OCON Sur podía crear un efecto rebote y lo peor de todo es que no se nos escuchó". Ya son cuatro los beneméritos muertos.

"Igual nos equivocamos", admiten en La Moncla ante la ausencia del ministro Marlaska del funeral. Es la segunda vez que se equivocan. De "políticamente pornográfico", lo califica el periodista José Antonio Zarzalejos, que recuerda que tampoco asistió a los funerales de los agentes asesinados el 9 de febrero de 2024 en Barbate. Temen que le insulten y él es una persona muy sentida. Que le pregunte a José Barrionuevo, este sí un ministro digno, a cuántos funerales de guardias civiles asistió. A cuerno quemado le habrá sentado a la hasta ahora todopoderosa vicepresidenta comerse el marrón del funeral, mientras el ministro del Interior y la de Defensa escurrían el bulto.

Aunque hubiese sonado a demagogia barata, Montero pudo comprometerse a exigir que se incluya a los guardias civiles entre las profesiones de riesgo, pero calló. El pasado mes de marzo, el ministerio de Inclusión Social, Seguridad Social y Migraciones sacó a audiencia pública el proyecto de Real Decreto por el que se establece el coeficiente reductor de la edad de jubilación para los miembros de la Policía Nacional. El Gobierno, obligado por una sentencia del Tribunal Supremo, va a equipararlos con las policías locales; Ertzaintza; Mossos y policía foral de Navarra, que tienen reconocida esta mejora para su jubilación. A los guardias civiles que les zurzan. Argumentan que no corresponde por ser un cuerpo militar.

"Quien come las duras, come las maduras". Los beneméritos están abonados a las duras. Hace unos días un oficial de la Comandancia de Huelva informaba del estado de Cristian y Vicente, los dos agentes que resultaron heridos en el choque que causó la muerte de sus compañeros. Concluía con estas palabras: "Ánimo a todos y nos toca apoyarnos unos a otros y seguir adelante, como han hecho tantos antes que nosotros. Lamentablemente no somos los primeros, ni seremos los últimos en perder compañeros. Así que a seguir luchando". Nada más. Qué viva honrada la Guardia Civil.

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