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Francisco José Contreras

Las posibilidades de Vox

Vox tendrá una oportunidad si consigue federar al electorado liberal, harto de consenso socialdemócrata, con el conservador y el antiautonomías.

Francisco José Contreras
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Vox tendrá una oportunidad si consigue federar al electorado liberal, harto de consenso socialdemócrata, con el conservador  y el antiautonomías.

Vox nació hace poco más de un mes con la vocación de remediar la gran anomalía política española: nuestro arco de partidos, como ha indicado Manuel Llamas, abarca desde el centro-izquierda a la extrema izquierda, dejando al centro-derecha sin representación. Rajoy proclamó en 2008 que el PP no era lugar para liberales ni conservadores, y a fe que ha mantenido su palabra. El PP participa sin reservas del consenso socialdemócrata: Rubalcaba lo reconoció así en el debate ("El problema de España no es un problema de gasto público, sino de ingresos: esto es muy importante, y estamos de acuerdo plenamente"), y Rajoy aceptó el abrazo ("No tenemos una Administración elefantiásica"). Ninguno de ellos piensa que el problema de fondo sea un sobredimensionamiento estructural de lo público: ambos creen en el Estado grande-paternalista, y discrepan tan sólo en la oportunidad de los pequeños recortes abordados, que Rajoy considera dolorosos pero imprescindibles; confía, eso sí, en que la marea broteverdista nos devolverá pronto, sin necesidad de más reformas, una capacidad de gasto público como la que tuvimos entre 2001 y 2007.

Pero si el PP no tiene nada de liberal, tampoco tiene nada de conservador. No tiene una visión de la familia, de la cultura, de los valores, que difiera de la de la izquierda. La semana pasada Wert confirmaba en sus cargos a todos los expertos del Centro de Expertos de la Memoria Histórica nombrados por Zapatero. Este Gobierno aplica el boca a boca a Prisa mientras contempla alborozado el naufragio de Intereconomía. Rajoy pasó de puntillas en el debate sobre la nueva ley del aborto: todos asumen ya que será seriamente descafeinada, si no congelada sine die. Aunque insistió en que el referéndum catalán no tendrá lugar, Rajoy reiteró su disposición al "diálogo". ¿Qué precio pagaremos esta vez para "evitar el choque de trenes"?: ¿nuevo modelo de financiación más beneficioso para Cataluña?, ¿blindaje de la inmersión lingüística? No será éste el Gobierno que se plante frente a los nacionalismos y les haga comprender que han tenido suficientes concesiones en las últimas tres décadas, y que no se aceptarán más chantajes.

El territorio de caza de Vox es enorme, pues abarca potencialmente a todos los que estén a la derecha del consenso socialdemócrata en lo económico, del sesentayochismo liberacionista en lo moral-cultural y de la eterna cesión frente a los nacionalismos en lo territorial. Las europeas, propicias al voto ideológico, son la ocasión ideal para el despegue. Pero obtener representación europea no garantiza el éxito en las elecciones de verdad. El PP hará valer los tímidos indicios de recuperación económica, agitará el espantajo de un frente popular PSOE-IU-nacionalistas y se presentará como la sensatez centrista.

Vox tendrá que ser el partido del largo plazo y de las verdades incómodas. Su viabilidad dependerá de la madurez de un porcentaje suficiente de españoles para asumir ambos. El PP venderá broteverdismo: Vox tendrá que mostrar que estamos en una crisis en L; que una economía con un nivel de gasto público del 45% del PIB, con un déficit atascado en torno al 6% y una deuda pública del 100% del PIB no podrá crear empleo de forma seria. Como ha mostrado Juan Ramón Rallo, el sector público creció desmesuradamente entre 2001 y 2007, alimentado por los ingresos fiscales extraordinarios de la burbuja inmobiliaria; la estructura de gasto generada entonces ha sido mantenida por Zapatero y Rajoy: se ha preferido incrementar la presión fiscal, antes que podar gasto político. Vox puede abanderar la idea de la revolución liberal pendiente: España no podrá despegar de verdad sin una reducción del peso del Estado (que lo devuelva, simplemente, al tamaño que tenía hacia el año 2000). Esto es articulable, además, con la propuesta recentralizadora que figura en su programa: la eliminación de las autonomías –o, al menos, recuperación de competencias como sanidad o educación por la Administración central– permitiría un recorte sustancial del gasto público, eliminando duplicidades, restaurando la unidad de mercado y permitiendo economías de escala.

Pero Vox debería exponer otra verdad incómoda a largo plazo: con su tasa de fertilidad de 1,35 hijos por mujer, España está abocada al declive por envejecimiento de la población. La generación ahora joven será esquilmada para sostener a una masa enorme de jubilados; la brutal presión de las cotizaciones sociales hará definitivamente inviable todo despegue económico. La cuestión demográfica ha sido hasta ahora irresponsablemente ignorada por todos los partidos: está ahí, virgen, disponible para partidos con un campo de visión histórica que vaya más allá de la próxima encuesta o las próximas elecciones. Potenciar la natalidad concuerda bien con otros asuntos que importan mucho al electorado conservador: el de la protección del no nacido, por ejemplo (casi un 20% de los embarazos terminan en aborto), o el fortalecimiento de las familias (las parejas casadas tienen más hijos que las que cohabitan; un partido liberal-conservador debe considerar la desaparición progresiva del matrimonio –cada vez se casa menos gente, y de éstos cada vez se divorcian más– como un grave problema social).

Vox tendrá una oportunidad si consigue federar al electorado liberal, harto de consenso socialdemócrata, con el conservador (indignado con la tibieza del PP en temas como aborto o familia) y el antiautonomías, cansado de despilfarro clientelar y claudicación frente a los nacionalismos. Esta coalición no debería ser imposible, pues el liberalismo económico, el conservadurismo moral y la recentralización política son principios coherentes entre sí. Vox está jugando también la carta de la regeneración institucional (independencia del poder judicial, democratización interna de los partidos…), pero esa ya la jugaban UPyD y Ciudadanos: encasillarse sólo en este registro haría dudar al elector de la necesidad de un partido más; de hecho, se levantan voces que llaman a "una alternativa única frente al bipartidismo", pretextando la Ley D’Hondt, etc. Vox sólo podrá justificar su existencia si cultiva un perfil ideológico diferenciado; y su diferencia respecto a UPyD y C's sólo puede ser un discurso nítidamente liberal-conservador.

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