Un tuit, una nació

Juan Manuel Rodríguez

2016-01-12

Apocalipsis 3:16: "Así, puesto que eres tibio, y ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca"

Me sorprende que, a estas alturas de la competición, cuando España va perdiendo por 3-0 por incomparecencia, haya aún alguien que se sorprenda con la calculada tibieza del Fútbol Club Barcelona. No es cierto que los culés jueguen a eso desde Joan Laporta, no; es verdad que con Laporta en la presidencia, el Barça se arrojó descaradamente en brazos de los independentistas pero desde la muerte de Francisco Franco y la instauración de la democracia en nuestro país el club catalán ha venido jugando exactamente a lo mismo que Convergencia y Unión: un pasito palante, María, un pasito patrás; y como María, o sea España, viene tragando desde entonces, al Barça, como a los secesionistas, ya no hay quien los pare. El tuit que publicó el domingo la cuenta oficial del Barcelona horas después de la investidura de Carles Puigdemont, que ha declarado abiertamente que piensa seguir la senda emprendida por Artur Mas, o sea pasarse la Constitución y la ley por el forro de sus caprichos, y que ha reafirmado su intención claramente golpista, felicitándole y deseando acierto "en esta etapa histórica y apasionante que hoy inicia nuestro país, Cataluña", es la última gota, que en nuestro caso no rebosará vaso alguno puesto que hace tiempo que decidimos no volver a utilizar la vajilla para no ensuciarla y comer a bocados en el suelo y con el culo en pompa, presto y dispuesto, como diría el maestro García.

La calculada tibieza culé, que le pone una vela a Puigdemont por si acaso pero cuyos dirigentes se muestran ofendidísimos cuando se les pregunta abiertamente por qué no abandonan de una vez por todas la Liga del opresor Estado español, es el fruto, como no podía ser menos, de la tibieza melindrosa y cobarde, que es la que yo vomitaré una y mil veces de mi boca, por parte de nuestras instituciones y también, por qué no decirlo, por parte del alelado y domesticado periodismo deportivo español. Antes que periodista deportivo, servidor es español; amo a España, aunque esto suene a pasado de moda, y me duelen los ataques contra mi nación y todo aquello que pueda perjudicarla. Así las cosas, uno tiene que ser un auténtico estulto o un indigno sin corazón, debe importarle todo una higa a uno, para felicitarse por los éxitos de un club que, como el Fútbol Club Barcelona, se muestra claramente antiespañol y juega con las cartas marcadas; o quien se alegra por los éxitos del Barça es un ignorante de tomo y lomo o es un cínico, un hipócrita, que sería mucho peor.

Si al Barcelona se le ha consentido este jueguecito indigno y repugnante es, como decía antes, por el simple hecho de que nuestras instituciones están más muertas que un cadáver de siete días y por la sencilla razón de que nuestro periodismo, más preocupado por las cosas del fútbol, que son las verdaderamente esenciales, hace tiempo que ofrece señales evidentes de un alarmante encefalograma plano. Ayer, sin ir más lejos, con el Barça apoyando la secesión, el protagonista en las grandes cadenas de emisoras era Pepe Mel. Al fin, a Javier Tebas le sorprendió que el Barcelona felicitase a quien insta a romper a España. Bien, es un primer paso, un paso ni frío ni caliente, un paso de una tibieza deprimente, pero un paso al fin y al cabo: a Tebas le sorprende... ¿y?... Tras la aparente sorpresa de Tebas, ¿alguna reacción más por parte de la Liga de Fútbol Profesional? ¿Alguien se imagina que Dallas Mavericks felicitase a un gobernador de Texas por decir que pretender atentar contra la Constitución de los Estados Unidos de América y que el comisionado de la NBA se mostrase tibiamente sorprendido? ¿Y con Miquel Cardenall i Carro qué carajo hacemos?...