De Schwarzenbek a Schwarzer pasando por Torres

Juan Manuel Rodríguez

2014-05-01

Cuarenta años llevaban esperando los atléticos este día. Lo primero que pensé cuando José Mourinho se vio obligado a sustituir en la portería a Cech por Schwarzer es que el apellido del veteranísimo (41 años) portero australiano se parecía mucho al de aquel otro futbolista del Bayern de Múnich, Georg Schwarzenbek, que acabó de golpe y porrazo con los sueños rojiblancos tras un pelotazo que se le coló a Miguel Reina en el minuto 120 de partido de una final de la Copa de Europa. Luis había adelantado en el marcador a los colchoneros seis minutos antes tras un fantástico lanzamiento de libre directo, y parecía que el Atleti se coronaría campeón ante el mejor Bayern de la historia, el de los Maier, Breitner, Beckenbauer, Hoeness y Müller, cuando surgió desde las profundidades del centro del campo aquel desconocido Schwarzenbek para forzar un segundo partido que acabaría en goleada muniquesa. Me parece que fue entonces cuando empezó a circular la leyenda del Pupas.

El Atleti hizo grande a Schwarzenbek, que ya digo que no pasaba por ser precisamente cabeza de cartel en aquel Bayern de altos vuelos, y pensé que volvería a pasar con Schwarzer, que llegó este verano procedente del Fulham para cubrir el puesto de portero suplente. Me equivoqué. También pensé en la leyenda del Pupas cuando Torres, precisamente Torres, justamente el Niño, fue a marcar el gol que adelantaba al Chelsea. Volví a equivocarme: el Atleti de Simeone, que es un pequeño Mourinho en potencia, no se marcha jamás de los partidos, nunca, en ninguna situación. Por muy adversas que sean las circunstancias del encuentro este Atleti sigue, sigue, sigue y sigue. Y, tras el gol de Torres, fiel a su personalidad, el Atlético de Madrid siguió... hasta que llegó el empate de Adrián, la apuesta personal y atrevida del técnico argentino para esta semifinal.

Pero hoy los Pupas son los otros. El Atlético de Madrid no ha llegado a la final de la Champions porque Mourinho se equivocara sino porque Simeone acertó. Y si se equivocó Mourinho, que con su estilo de fútbol ha llegado más lejos en la competición que el Barça de Martino, antes que el portugués se han equivocado todos y cada uno de los técnicos que se han medido al equipo madrileño. El acierto de Simeone no consiste en colocar de repente y por sorpresa a un jugador o a otro en una semifinal sino en ir fabricando un equipo, un bloque, día a día, entrenamiento a entrenamiento, estiramiento a estiramiento, partido a partido y desde hace meses. Hoy da más o menos igual quién juegue en este Atleti porque todos y cada uno de sus futbolistas han interiorizado lo que exige de ellos su entrenador. Y ellos obedecen.

La súbita y exitosa aparición de Adrián, un jugador con el que no se ha contado demasiado a lo largo del año, y en las semifinales más importantes del club colchonero además, no es fruto desde luego de la improvisación sino de un trabajo de mentalización de varios meses. Adrián no ha jugado... pero se ha sentido querido y respetado por su entrenador y, cuando ha sido necesaria su participación, ha marcado la diferencia. Y luego Costa. Y después Arda Turan. Todos. El Atlético de Madrid es igual que un reloj suizo y eso le convierte en un rival peligrosísimo porque además... se lo cree. De forma que la final de Champions de Lisboa, y por primera vez en la historia de esta competición, enfrentará a dos equipos de la misma ciudad. Será la final de la Décima... o de la Primera. Desconozco qué equipo ganará pero tengo la tranquilidad de espíritu de saber que en el campo se verán muchas banderas españolas y por lo tanto no volveremos a hacer un ridículo internacional. En Lisboa, dentro de un mes más o menos, sí estará por fin bien representada la marca España.