El plátano

Juan Manuel Rodríguez

2014-04-29

En el gesto de agarrar un plátano, hacerse con él una foto y colgarla después en Twitter o Facebook no hay por supuesto el menor interés real por atajar el problema del racismo en el fútbol sino sólo en que continúe el espectáculo. El racismo es algo bastante más peligroso que todo el circo que se ha organizado este lunes y cuya carpa han contribuido a levantar, alegres, los medios de comunicación. Lo que sí demostró el Villarreal es que querer es poder: un individuo lanzó un plátano al campo el domingo por la noche y no habían transcurrido veinticuatro horas cuando ya estaba localizado y expulsado de por vida del campo. Me pregunto qué habría pasado si, allá por el mes de febrero, todo el mundo hubiera aparecido en las redes sociales con un mechero en la mano en apoyo de Cristiano Ronaldo; incluso es posible que, dos meses después, ya hubieran dado con su agresor, ¿no?

Que nadie me malinterprete: quien arrojó el otro día un plátano al campo es un auténtico bufón que no merece volver a entrar en un estadio. Alves tuvo una reacción muy simpática agarrándolo del suelo y luego pegándole un bocado: dicen que no existe mayor desprecio que no hacer aprecio. Pero si hubiera un interés cierto en solucionar el problema del racismo o la violencia en los campos de fútbol se habrían puesto hace tiempo manos a la obra y no lo han hecho. Salvo que un futbolista organice un auténtico show como hizo en su día Samuel Eto'o amagando con marcharse del campo, el árbitro no suele recoger jamás en el acta los cánticos racistas. Claro que el individuo que lanzó el plátano en El Madrigal no representa a la afición del Villarreal, pero me cuentan que el domingo volvió a repetirse por parte de aquellos que le rodeaban el mismo rito tribal de encubrimiento hacia el agresor.

El problema es de educación. La persona que entró este domingo al campo con un plátano y con la misión clara de lanzárselo a Alves en cuanto tuviera ocasión podría perfectamente haber arrojado una cabeza de cochinillo, meterse con la madre del árbitro, insultar a los hijos de Mourinho o silbar el himno nacional español. Vuelvo a repetir lo mismo que he dicho en otras ocasiones: el gesto de Alves, que ha sido muy espectacular y muy divertido y nos ha servido para pasar un rato entretenidos, habría tenido más valor si aquel día que un compañero suyo de equipo llamó "mono" a Marcelo hubiera salido en rueda de prensa a criticarlo y no sólo no lo hizo sino que, aún hoy, desde el club se protege al agresor. Alves fue agredido desde la grada por un aficionado anónimo que no representa por supuesto a la afición del Villarreal... ¡ni mucho menos a toda España! El jugador del Barça, muy dado al faranduleo, se creció tanto que luego apareció en una radio de su país dejando entrever que aquí todos pertenecíamos al Ku Klux Klan. Si yo tuviera ocasión le preguntaría lo siguiente a Alves: "¿De verdad crees que Busquets le dijo "mucho morro" a Marcelo?"... Ahí te la dejo botando, agárrala si quieres como hiciste con el plátano.