'Sherlock': y en la tercera temporada, resucitó

Juan Manuel González

2014-01-03

Elemental. Una vez visto el inicio de la tercera temporada de Sherlock, el regreso largamente demorado la miniserie británica más esperada de la BBC, todo parece un poco más elemental. Para empezar, el largo tiempo de espera entre la emisión de su último capítulo (enero de 2012) y el de esta misma semana, en un retraso generado por la fama mundial adquirida por sus dos intérpretes y sus cien mil compromisos profesionales, simplemente se desvanece en un instante. La hora y media que dura el episodio (más bien película, o telefilm) se hace corta, muy corta. Y para continuar… por citar al propio Holmes en su antepenúltimo guiño al espectador, bastaría con decir que “matarme es un poco de hace dos años”. Pero a lo que íbamos: The Empty Hearse, que así se llama la apertura de esta tercera tanda de capítulos, se emitió el pasado 1 de enero en Reino Unido registrando datos de audiencia históricos para su cadena, nada menos que un 33.8% de share. En otras palabras, que hubo bastantes ingleses viendo las aventuras del marciano Benedict Cumberbatch y su socio Martin Freeman.

The Empty Hearse alcanzó picos de 9,7 millones de espectadores pendientes de la resurrección y tercera venida del sociópata más chic salido de la literatura inglesa. El capítulo más visto de la historia de la televisión británica. Y es que ya saben cómo son los ingleses a la hora de cuidar sus propias tradiciones, aunque sea renovándolas de manera radical, cambiando la pipa y el sombrero por semiautomáticas y bombas bajo el Parlamento. No se puede hacer una tortilla sin romper unos cuantos huevos, dijeron en la BBC. De esto hay otro ejemplo magistral que enervó a los puristas: el 007 cachas e introspectivo de Daniel Craig. El parecido de estas dos imágenes, la primera perteneciente a Skyfall y la segunda al capítulo en cuestión, no puede ser casual.

¿Pero qué tal ha empezado la tercera temporada de Sherlock? Pues muy bien, oiga. Tan deliberadamente forzada e inverosímil como los anteriores, pero igual de bien engrasada con toneladas de diversión, velocidad y cierta tendencia a la astracanada. El episodio 3.1 prometía guerra: no sólo explicar como Sherlock sobrevivió a una nada humilde hostia contra el suelo, sino responder la gran pregunta tras La caída de Reichenbach, el desenlace de la segunda temporada emitido hace ahora casi dos años (y como he dicho en alguna ocasión, quizá la mejor película de acción filmada recientemente… ya sea para televisión o cine). Pero sobre todo, la gran y trascendente pregunta y el meollo de todo esto, que ya saben que estamos en tiempos oscuros: ¿es el héroe de Baker Street la solución los problemas, la causa de todos ellos… o ambas cosas, como en una desquiciada, oscura y compleja maraña de destinos cruzados de gente con bufanda?.

Sherlock, eso seguro, sigue manteniendo ese cóctel imposible de inteligencia nolaniana (“soy oscuro y retorcido”) y el músculo optimista de las películas de acción de los ochenta. Y todo bañado en ese exceso visual típico de directores británicos como Danny Boyle (Trainspotting) o el fallecido Tony Scott (Dominó, Enemigo Público), y ubicado en el palpitante Londres contemporáneo, una ciudad que parece disputarse con San Francisco el trono de la más ambigua sexualmente del globo terráqueo.

La trama de The Empty Hearse es, de todas formas, la más simple de todas las vistas hasta ahora: descifrar las claves de un ataque terrorista inminente, cuya solución yace encriptada en un simple juego de palabras. Y ya. Por lo demás, lo mismo de siempre, que es precisamente aquello que buscábamos: un Sherlock desatado y siempre dos pasos por delante de nosotros, y un Watson más humillado pero necesario que nunca, con su perpetua mueca de desacuerdo e inteligencia otorgada por ese fenómeno de nombre Martin Freeman. Dos actores perfectos que parecen nacidos para la serie: mientras Watson sufre y Freeman hace un sitio al espectador en el viaje alucinante a las entrañas de Londres, atención a la interpretación de Cumberbatch, que va por su cuenta y parece tomarse el papel con más alegría que nunca, metiéndose de narices en la comedia slapstick y llegando a meterse en territorio Peter Sellers, disfraz mediante, en el momento más desconcertante de la función. Sí, Cumbie se divierte cada vez más.

Y un último apunte, sin spoilers: el final de The Empty Hearse, además de contener una burla abierta a la sherlockmanía organizada en torno a la serie se guarda voluntariamente la carta más importante de todas: el cómo y el por qué del regreso a la vida de Sherlock. En efecto, parece que nunca sabremos qué pasó en Reichenbach. Y de esa manera, ahorrándose explicaciones (o en realidad, dando ocho distintas) la serie no hace sino subrayar que el fenómeno social en el que se ha convertido está a la altura del personaje de Conan Doyle: la del puro mito, la leyenda y la fábula. Keep Calm. Sherlock Lives.