La diferencia entre investigar un atentado y engañar a todo un pueblo

Luis del Pino

2013-04-20

Como ya saben ustedes, hace cinco días se cometió en Boston un atentado terrorista que ha causado de momento tres muertos y cerca de doscientos heridos.

Los medios de comunicación y la opinión pública de todo el mundo han seguido casi en tiempo real los pormenores de las investigaciones que han permitido a las fuerzas del orden americanas determinar, en un tiempo récord, el modus operandi y los autores de la masacre.

Y esa investigación de los atentados de Boston ha vuelto a poner de manifiesto, por una cuestión simplemente comparativa, el inmenso escándalo que constituyeron, aquí en España, las investigaciones del 11M.

En Boston, las autoridades procedieron de inmediato a acordonar la escena del crimen, para preservar cualquier prueba que pudiera encontrarse. Centenares de agentes fueron movilizados para interrogar uno a uno a los posibles testigos, para visualizar las grabaciones de vídeo existentes y para recoger evidencias en las proximidades de los dos focos de explosión. Brigadas completas de miembros de la Policía Científica han rastreado palmo a palmo el escenario del crimen, incluidas las azoteas de los edificios colindantes, en busca de pruebas que permitieran identificar de alguna forma a los autores de la masacre.

Gracias a esa labor, la Policía pudo localizar en un tiempo brevísimo diversos restos de los artefactos explosivos: la metralla incorporada en los artefactos, que estaba formada por rodamientos y clavos; las ollas exprés donde se alojaban el explosivo y la metralla; los circuitos electrónicos de los iniciadores utilizados para detonar el explosivo y las bolsas de deporte donde se habían introducido las ollas exprés.

Una vez determinada la composición y apariencia externa de los artefactos, la Policía pudo rastrear los vídeos en busca de personas que los hubieran podido depositar, así como cribar las declaraciones de los testigos que afirmaban haber visto algún comportamiento sospechoso.

Esa labor, a su vez, permitió dar con las imágenes de los presuntos terroristas entre la multitud que asistía al final de la maratón y difundirlas a través de los medios para solicitar la colaboración ciudadana.

Y esa colaboración ciudadana permitió, por último, localizar a los presuntos culpables, que han resultado ser dos hermanos chechenos, uno de los cuales ha sido abatido y el otro, detenido.

Como pueden ver ustedes, se trata de un proceso perfectamente lógico, que va desde el análisis de los escenarios del crimen hasta la detención del culpable al que las pruebas apuntan. Es decir, es un proceso deductivo que llega a los culpables a partir de los restos encontrados tras la explosión.

La comparación con el 11M resulta aterradora. En el 11M, los diez escenarios del crimen, lejos de ser preservados, fueron empezados a desmontar y a retirar de las vías de manera casi inmediata, el mismo día del atentado. Pocos días después, esos vagones comenzaban a ser desguazados y achatarrados, desapareciendo en el proceso 90 toneladas de material. Centenares de efectos de las víctimas encontrados en los vagones fueron incinerados sin ninguna contemplación en el vertedero de Valdemingómez.

Todas las evidencias recogidas en los focos de explosión desaparecieron. Las actas de recogida de material donde debía haberse descrito qué restos se encontraron en cada foco fueron destruidas o no se llegaron siquiera a elaborar, puesto que nunca se adjuntaron al sumario. Tampoco se llegó a enviar ningún resto a la Policía Científica para su análisis, excepción hecha de un poco de polvo de extintor.

De creer la versión oficial del 11M, la Policía no fue capaz de encontrar en ninguno de los diez focos de explosión ni el más mínimo resto de explosivo identificable, ni el más mínimo fragmento de los detonadores e iniciadores, ni el más pequeño trozo de los contenedores en los que las bombas estuvieran alojadas, ni un simple puñado de los miles de clavos que esas diez bombas incorporaban. Todo se habría volatilizado por arte de magia.

Por supuesto, eso no es verdad. Lo que sucedió es que todas las evidencias encontradas fueron luego escamoteadas: tanto los escenarios del crimen, como los restos que en ellos se hubieran podido encontrar, como los informes donde esos restos hubieran quedado descritos, fueron concienzudamente eliminados.

Y en paralelo con esa labor de destrucción de pruebas, dieciocho horas después de la masacre aparecía en una comisaría, de forma milagrosa e inexplicada, un artefacto sin explosionar: la famosa mochila de Vallecas. Y sin tener la más mínima prueba de que ese artefacto proviniera de los trenes, se construyó a partir de él toda la versión oficial del 11-M.

Se nos dijo que en los trenes se usó Goma2-ECO, pero no porque los análisis de los focos de explosión así lo indicaran, sino porque en la mochila de Vallecas había Goma2-ECO. Se nos dijo que los artefactos de los trenes usaban como iniciadores teléfonos Trium, pero no porque se hubiera encontrado en los trenes un resto de esos teléfonos, sino porque en la mochila de Vallecas había uno de esos teléfonos. Y así sucesivamente.

Es decir: en lugar de analizar la escena del crimen y deducir a partir de ahí cómo estaban hechas las bombas, se plantó en una comisaría de policía una bomba confeccionada por sabe Dios quién y se nos dijo: "las bombas de los trenes eran como ésta y vale ya".

¿Se dan ustedes cuenta de la inmensidad de esa estafa intelectual? En el 11M no solo se produjo una masiva y total destrucción de las pruebas reales del caso, sino también una sustitución de esas pruebas reales por otra prueba fabricada.

Y no hace falta ser muy suspicaz para entender cuál era el objetivo de esa operación de escamoteo y sustitución de pruebas. Cuando uno investiga de verdad un atentado, como ha sucedido en Boston, de las pruebas recogidas en la escena del crimen se llega a los culpables reales. Cuando uno sustituye las pruebas reales por pruebas falsas, como se hizo en Madrid, es para poder elegir como culpable a cualquier cabeza de turco que uno determine.

En Boston se quería investigar un atentado para descubrir a los autores, y se ha hecho. En Madrid se quería ocultar a los autores reales, y por eso no se investigó el atentado.

Lo que pasa es que hasta en las más elaboradas operaciones de manipulación pueden cometerse errores. Y el atentado de Boston ha vuelto a poner de manifiesto un error garrafal cometido por quienquiera que fabricara la mochila de Vallecas para depositarla en una comisaría.

En Boston, las dos bombas incorporaban metralla, y esa metralla terrorista aparece con profusión tanto en los cuerpos de las víctimas, como en el escenario de la masacre. En Madrid, quien fabricó a toda prisa la mochila de Vallecas durante el 11-M cometió el error de incluir en ella clavos y tornillos como metralla. Y el problema es que en ninguna de las víctimas mortales del 11M apareció metralla de origen terrorista, por la sencilla razón de que las bombas de los trenes no llevaban metralla ninguna.

Ese dato, que debería bastar para anular como prueba esa mochila de Vallecas, ha sido sistemáticamente obviado por la Audiencia Nacional, por la Fiscalía y por la práctica totalidad de los medios de comunicación, por una razón muy sencilla: porque si se cae como prueba la mochila de Vallecas, entonces se derrumba no una parte de la Versión Oficial, sino toda ella.

Y entonces quedaría clara cuál es la diferencia entre investigar un atentado, que es lo que se ha hecho en Boston, y engañar a todo un pueblo, que es lo que se hizo en Madrid.

P.D.: Gabriel Moris, padre de una de las víctimas del 11-M, ha puesto en marcha una petición pública al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional para que se investigue de una vez el atentado. Son ya más de dos mil las personas que se han adherido a esa petición. Tú también puedes hacerlo, añadiendo tu firma a través de la página http://www.change.org/es/peticiones/al-gobierno-al-congreso-y-a-la-audiencia-nacional-investigar-los-atentados-del-11-m