'Showtime' en Milán

Juan Manuel Rodríguez

2013-02-21

El otro día Xavi Hernández, a quien a este paso debiera entregársele el premio Príncipe de Asturias de la Incordia, comparaba al Fútbol Club Barcelona actual con los Lakers de los años 80. Y lo que, más allá de lo ampuloso, egocéntrico y empalagoso de la entrevista, vienen a corroborar las palabras del futbolista culé es que la humildad que se predica desde la ciudad condal y de la que tanto presume delante de los niños Sandro Rosell es más falsa que el beso de Judas. No hay por supuesto humildad sino pose y estrategia, una táctica mediática que únicamente unos pocos nos hemos atrevido a denunciar, y con escasísimo éxito por cierto, y a la que empiezan a vérsele las costuras, que las tiene y muchas. Ya lo dijo Abraham Lincoln: "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo".

Y, más allá de que el Barcelona hiciera en San Siro un partido bueno, malo o regular; más allá de que el equipo catalán tenga por supuesto planes A, B, C, D, E y hasta F pero todos y cada uno de ellos se llamen Leo y se apelliden Messi; más allá de una mala noche deportiva, que ésa al fin y a la postre puede tenerla cualquiera, lo que yo creo que ocurrió es que ayer este Barcelona del showtime faltó gravemente al respeto a un equipo, el Milan, que, aunque inferior deportivamente, resulta que es uno de los grandísimos del fútbol mundial y que no en vano tiene en sus vitrinas 3 Copas de Europa más que el Barcelona. Hubo algo de lo que Allegri comentó en la víspera del partido que me llamó la atención: el técnico del Milan estaba harto de que todo el mundo diera por hecho que sus futbolistas, que también son profesionales y que también juegan bien al fútbol, iban al matadero; y seguro que utilizó eso como revulsivo.

De forma que a este Barcelona, que es un verdadero equipazo, puede dejarle curiosamente fuera de la Champions su propia suficiencia, esa forma tan espontánea que tienen algunos jugadores de mirar por encima del hombro a otros compañeros de profesión, de hacerles de menos. Daba la impresión de que a Milán no llegaban Valdés, Iniesta, Pedrito y Alves sino Magic Johnson, Abdul Jabbar, James Worthy y Byron Scott. Pero resulta que el Barcelona del showtime no visitaba un estadio de segunda para medirse a un equipillo de barrio sino que jugaba en San Siro para jugar contra el gran Milan, que también tuvo su etapa dorada con Van Basten, Gullit, Maldini, Baresi, Donadoni... En definitiva: cuando habla Xavi sube el pan; que dejen hablar más a Puyol, que sí se merece de veras un premio Príncipe de Asturias para él solito.