Charada en Zúrich

Juan Manuel Rodríguez

2013-01-08

A mí, como a Mourinho, me sobró todo de la pantomima del Balón de Oro. Me sobró el esmoquin estilo Manny Rivera de Leo Messi, me sobró la presencia del presidente del Real Madrid y del resto de la expedición merengue, me sobró la moralina final de Vicente del Bosque, me sobró la presencia de Guardiola en la terna de tres candidatos... Lo único que no me sobró fue precisamente la ausencia del entrenador portugués. Mourinho, como el resto, conocía de sobra que los Balones de Oro iban a ser para Messi y para Del Bosque, que ya estaban otorgados por un jurado entregado, que no había competencia leal y que el proceso era una auténtica milonga. Uno de los pocos honrados de esa gala fue precisamente el que no asistió a la misma: ¿Por qué colaborar en un acto en el que no crees?...

El único "pero" es que Mourinho fue paradójicamente poco mourinhista el otro día al explicar su ausencia de esta verdadera charada, de esta burla al sentido común y el buen gusto. Dijo que no iría porque a esa hora estaría trabajando y el As, que por lo que se ve debe tener apostado un fotógrafo en las paredes del inodoro de la casa del portugués, ha dejado en mantillas a Woodward y Bernstein con un scoop informativo que ha debido dar la vuelta al menos tres veces al barrio de Usera: Mou viendo un entrenamiento de su hijo. Espectacular. El entrenador del Real Madrid tendría que haber dicho el otro día que él no acudiría a la gala de entrega del Balón de Oro simple y llanamente porque no le daba la real gana, porque no creía en ella, porque todo olía a un tongazo que tiraba de espaldas y porque medio pelo de la cabeza de uno de sus hijos era más importante para él que esa mamarrachada.

Si alguien me pregunta dentro de quince años mi opinión sobre lo acontecido ayer yo me limitaré a ponerle el vídeo de Messi explicando sus motivos para no votar a Cristiano ("Sería estúpido no considerar a Cristiano entre los tres mejores del mundo pero yo voté a Iniesta, Xavi y Agüero") y el momentazo en el que, dirigiéndose a su compañero Iniesta tras haberse "olvidado" del portugués, le dice: "Es un honor jugar conmigo". Esos dos instantes junto al flash-Rigoberta Menchú de Del Bosque mandándole otro recadito a Florentino y mezclando churras, ética, tirios, merinas, valores y troyanos pasarán sin lugar a dudas a los anales de la historia. Por último me pregunto qué pasaría si Mourinho le pusiera una cámara a Alfredo Relaño las veinticuatro horas del día... ¿Qué veríamos?... Acepto apuestas.