La conjura de Malasia

Lucía Prieto

2012-03-25

El cielo ha sido el gran aliado de Fernando Alonso en el Gran Premio de Malasia. Igualadas las mecánicas, las manos del asturiano han demostrado ser las más hábiles de la parrilla. No estaba yendo mal la carrera, con Fernando Alonso en quinta posición, pero la lluvia presagiaba que algo podía cambiar... Y cambió.

Media hora después de ser suspendido, arrancaba de nuevo el gran premio. Y con ello el inicio de la que sería la primera victoria del piloto español en la presente temporada. La clave, leer las condiciones de la pista y parar a cambiar las gomas en el momento oportuno. Y si no que se lo digan a Sergio Pérez.

Esta vez Ferrari no se equivocó. Primero, al cambiar a neumáticos extremos, siguiendo la estrategia de Button; luego, cubrieron con Hamilton cuando el asfalto pedía intermedios; y en el último stint consiguieron mantener las distancias con Sergio Pérez, en el cambio a lisos.

Estrategia y cambios perfectos unidos a un Fernando magistral en la salida y que consiguió adelantar en pista, y en el momento oportuno, al australiano Mark Webber, pocas curvas después de que el coche de seguridad dejara el protagonismo a los pilotos.

Parecía que el cielo malayo se había conjurado con el asturiano para volver a lo más alto del podio. Ése que pisó por última vez en Inglaterra el pasado año. Ése al que ha subido 28 veces, siete con Ferrari. Y ése al que será difícil volver a subir si no cambian las cosas en el garaje de Maranello o se tira lloviendo lo que resta de campeonato.

El propio Fernando Alonso aseguraba, en la rueda de prensa posterior a la carrera, que la situación del equipo italiano sigue siendo la misma. Y lo cierto es que tan pronto se secó la pista en Sepang, los tiempos de Alonso se desplomaron en detrimento de un Sergio Pérez venido a más y al que sólo un susto pudo frenar sus ansias de gloria. 

Aún así, el mexicano, que arriesgó desde el inicio calzando neumáticos de lluvia extrema, ha demostrado su calidad y coraje firmando su primer podio junto a dos grandes campeones. Emoción y lágrimas de felicidad en el muro de Ferrari y Sauber y resignación en McLaren.

Hamilton pudo, esta vez sí, con su compañero de equipo, pese a los fallos durante los repostajes, y se coloca por delante de Jenson Button en la clasificación general. Éste no fue el domingo de Button, que encontró en el piloto de HRT Narain Karthikeyan a su verdugo, el mismo que el de Vettel.

Los dos pilotos se quedaron fuera de los puntos debido a un incidente con el indio. Al primero le destrozó el alerón y al segundo le pinchó el neumático. No nos alegramos de las desgracias ajenas, pero el resultado de Fernando, unido al fiasco de dos de los candidatos al título, hacen más grande si cabe la victoria del español, que hoy ha demostrado porqué es bicampeón del mundo y porqué es el mejor de la parrilla de F1.

Mis últimas palabras se las quiero dedicar a la dirección de carrera. Si bien es cierto que la muerte del piloto de MotoGP Marco Simocelli, el pasado año en este mismo circuito, está muy reciente, las condiciones de la pista no estaban para suspender la carrera. Sólo había exceso de agua en una curva y no hubo una salida masiva de coches fuera de pista. La seguridad estaba garantizada.

Con haber puesto una bandera amarilla en dicha curva, el Gran Premio podría haber continuado. Ahí está la gracia de las carreras en mojado, gana el que más arriesga sin cometer un error. El piloto es libre de levantar más o menos el pie en las zonas más complicadas. Ahora a toro pasado da igual y casi agradecemos a Charlie Whiting la decisión, preludio de este regalo de Fernando, su primera victoria de la temporada.

Sólo han trascurrido dos grandes premios y ya podemos decir que este año nada se parece al anterior. Y si no que se lo digan a Vettel, que hacía mucho que no puntuaba y su equipo se quedaba fuera del podio. No es, de momento, la única decepción del Mundial. Mercedes no consigue rematar en carrera lo que logran en clasificación. Michel Schumacher, por falta de suerte, y Nico Rosberg, por falta de empuje.

¡Nos vemos en China!