El CB Granada agoniza víctima de la burbuja del deporte profesional

Tirando a Fallar

2011-12-23

Por José M. Puertas

El Club Baloncesto Granada podría estar viviendo sus últimas horas de vida. Sumido en una terrible crisis económica e institucional desde la pasada campaña, el club se encuentra actualmente en un concurso de acreedores en el que ya se ha confirmado que, en breve, se producirá un ERE que afectará a la totalidad de miembros del club, desde personal de oficina, hasta jugadores y cuerpo técnico.

A lomos de la bonanza económica, y no lo olvidemos, con el Granada Club de Fútbol abandonado y casi desahuciado vagando por la 3ª y la 2ª B durante muchos años, el dueño del club nazarí, José Julián Romero, logró colocar a la entidad andaluza en un nivel nunca antes conocido en la ciudad de la Alhambra en lo que a baloncesto profesional se refiere. Hasta en dos temporadas, el `Cebé´ estuvo a punto de clasificarse para disputar la Copa del Rey, basando su juego en uno de los jugadores más dominantes de la ACB en los últimos años, el gigante Curtis Borchardt, tan enorme jugador como frágil físicamente, lo que propició que permaneciera tres temporadas y media como rojiverde. Especialmente en la temporada 2007/08, tan sólo la inspiración de un extraordinario Rudy Fernández dejó a los granadinos a última hora fuera del torneo del KO, al remontar en Granada un partido con el Palacio de los Deportes registrando una de las mejores entradas de su historia, muy por encima de los 9000 espectadores. Era la época en que el citado Curtis Borchardt cobraba más de un millón de dólares. La burbuja del deporte de elite en su máximo esplendor. El CB Granada era un club acomodado en la ACB, en la que estuvo hasta siete temporadas consecutivas, siendo además una de las aficiones más numerosas de la competición. Con el abrazo de las instituciones, especialmente el Ayuntamiento de Granada, todo era de color de rosa.

 

Pero entonces llegó la crisis. Muchos ya presumían que las teóricamente saneadas cuentas nazaríes no eran tales. Pero el club siempre presumió de ser "un modelo de gestión ante la ACB", de no gastar más de lo que podía generar. Por ser más o menos directos y no aburrir al lector, saltaremos directamente hasta la temporada 2010/11. Cuando comenzó esta, ya se veía venir la tormenta. José Julián Romero había puesto el club a la venta "por un euro para aquél que lo quiera", con la trampa, claro, de que el nuevo dueño debería hacerse cargo de una deuda ya mareante. El Ayuntamiento ya debía buena parte de la subvención de un millón de euros de la temporada anterior (2009/10), y anunciaba que no aportaría nada en la 2010/11, dada la situación de las arcas municipales. Por su parte, el otrora idolatrado Curtis Borchardt mantenía un pleito con la entidad, aún hoy no resuelto, reclamando más de medio millón de euros a los rojiverdes. Aún así, de cara al aficionado, se logró una plantilla a priori competitiva para una nueva campaña en ACB. Evidentemente, muy por encima de lo que el club ya era capaz de pagar.

Pero por si había poco, en lo deportivo nada pudo salir peor. Mario Bruno Fernández, base procedente del DKV Joventut, llegó lesionado a Granada, comprometiéndose a no cobrar mientras no pudiera jugar. No llegó a debutar, por una rarísima lesión vascular en una de sus rodillas que aún hoy le mantiene alejado de las canchas. Paulao Prestes llegó a Granada también arrastrando una gravísima lesión de tobillo sufrida en Murcia la campaña anterior, y apenas estuvo en una forma aceptable hasta bien entrada la temporada, en torno al mes de febrero. Pero hubo otros dos nombres que marcaron especialmente la temporada. El primero, Joe Ingles, fue traspasado a poco de comenzar la temporada al Regal F.C.Barcelona. En una nefasta jugada del Director General, Julián Aranda, el club no recibió ni un solo euro de la operación, toda vez que las cuentas del club ya estaban embargadas ante los constantes impagos de la entidad. Así, un traspaso cifrado en más de 400.000 euros, que habría resuelto buena parte de la temporada, apenas sirvió para debilitar a un equipo ya muy tocado por las lesiones. Las cosas se complicaron progresivamente, como no podía ser de otra forma, y en enero, el jugador más en forma del equipo, Rob Kurz, hoy en el UCAM Murcia, decidió que no aguantaba más los reiterados impagos y se marchó de la entidad nazarí. Fue la gota que colmó el vaso en lo deportivo. A partir de ahí, el descenso era el único camino probable. Con un equipo muy limitado en lo deportivo, viviendo de las cesiones del Unicaja de Málaga, tan sólo se podía alargar una agonía que el Lucentum Alicante certificaba el 1 de mayo con su victoria en Granada. Poco después, un hecho volvía loca a la ciudad de Granada, pero cercenaba de forma definitiva las pocas opciones de supervivencia del baloncesto de elite en la ciudad: el ascenso del Granada Club de Fútbol a 1ª División tras treinta y cinco años.

Tocaba pensar en una nueva temporada. En pleno concurso de acreedores y con la competencia del fútbol, adivinar el futuro no parecía complicado. Apenas se quedó ninguno de los jugadores de la temporada anterior, lógicamente y a tenor de su elevado sueldo. Incluso hasta última hora no se consiguió el aval que permitió al equipo inscribirse en la Adecco Oro. Sin embargo, en otro ejemplo de ineficacia, el joven Mamadou Samb permanece aún hoy en Granada con un sueldo de en torno a 200.000 euros, en base al contrato firmado durante los años de ACB, completamente inasumible hoy para el club. El español de origen senegalés será uno de los primeros damnificados por el ERE, y su salida del club se presume inmediata. Entre medias, se han producido esperpénticas situaciones, como el fichaje del desconocido universitario norteamericano Mark Payne (ahora dejando magníficas sensaciones en las filas de Unicaja tanto en ACB como en Euroliga), que tuvo que marcharse sin poder debutar por mor de la imposibilidad de fichar a jugadores procedentes de otras ligas decretada por la FIBA debido a otra deuda del club, en este caso con Richard Hendrix, hoy en el Maccabi de Tel Aviv.

Así las cosas, la situación del club es, sencillamente, asfixiante. Si bien se han pagado las nóminas hasta noviembre, ya se ha comunicado que sólo habrá dinero hasta enero. Este año se volvieron a presupuestar en torno a 1.2000.000 € de gastos, cuando el club reconoce ahora que apenas llega a los 500.000 € de ingresos. Un ejemplo más de la ineptitud gestora que puede dejar a Granada sin baloncesto profesional en breves fechas. La plantilla nazarí dio una rueda de prensa el pasado martes, anunciando que los administradores concursales del club les han confirmado que "el club cerrará en junio sí o sí" y que, incluso, la liquidación podía llegar en breves fechas. A los profesionales se les pide un esfuerzo de "en torno a 60.000 o 70.000 €" de rebaja en sus fichas, simplemente para poder llegar a junio, y entonces echar el cierre. Incluso se les ha pedido que no se clasifiquen para jugar los play-offs por el ascenso, o el play-out por el descenso "para no aumentar la cuenta de gastos", en una clara adulteración de la competición. Con el Granada futbolístico en la Liga BBVA, y la situación económica del país tal y como está, Granada puede estar viviendo sus últimas horas en el baloncesto profesional. A buen seguro sus últimos meses, si no llega un mecenas que nadie espera. La explosión de la burbuja ha llegado al deporte profesional. Y sálvese quien pueda, porque vendrán más.

El pasado sábado, en "Tirando a Fallar", Curro Segura, actual entrenador del equipo nazarí, relató algunas de las situaciones por las que pasa a día de hoy el club. El programa está disponible en el siguiente enlace: http://fonoteca.esradio.fm/2011-12-17/tirando-a-fallar-171211-37525.html

Como no podía ser de otra forma, en el partido disputado por el Club Baloncesto Granada ante el Grupo Iruña Navarra este miércoles (un día después de la rueda de prensa de la imagen superior), la plantilla y cuerpo técnicos nazaríes realizaron esta singular protesta ante los directivos del club. En la imagen, del compañero Juanjo Martín del Diario Ideal de Granada, puede observarse cómo el capitán Jesús Fernández, "deja el balón en el lado de los directivos", mientras el público se pone, claramente, del lado de jugadores y técnicos.