'Arrested Development', o la serie que tenías que haber visto

Juan Manuel González

2011-12-03

Arrested Development pertenece a ese grupo de series de culto que todo el mundo alaba, pero que muy pocos vieron. La sitcom producida por Fox fue cancelada por la cadena al final de su tercera temporada, en el año 2006, a pesar de la presión de un buen puñado de irreductibles fans y de la creciente catarata de premios y reconocimientos (entre ellos un Emmy a la mejor serie cómica). En España, la primera temporada de la serie fue editada en DVD, sin que las posteriores hayan visto la luz más que en el extranjero. Y todo ello a pesar de sus múltiples y desopilantes hallazgos, de su inesperada profecía sobre la situación de crisis actual. La realidad y un buen puñado de series posteriores (e inferiores) se han encargado de vampirizar Arrested Development, pero desde aquí nos negamos a relegarla al olvido.

Arrested Development es la historia de los Bluth, una adinerada familia dedicada a la construcción que, después de arruinarse por las deudas del padre (Jeffrey Tambor), encarcelado por malversación, se ve obligada a vivir reunida y bajo el mismo techo en el chalet piloto de la urbanización que proyectaba aquel. Es entonces cuando Michael (Jason Bateman), el hijo mayor y el único con dos dedos de frente, se convierte en el nuevo patriarca de los Bluth. Ni que decir que lo tiene realmente difícil: su hijo adolescente George Michael (sic), interpretado por un joven Michael Cera (Juno, Scott Pilgrim) es un hipocondríaco en potencia; su hermano Michael (Will Arnett) está entregado a una carrera de mago profesional inexistente, su hermana Lindsay (Portia de Rossi) es una ególatra enferma, y su cuñado Tobías (David Cross) es un psiquiatra, homosexual, reprimido y con fobia a su propia desnudez.

Arrested Development se presentó desde el principio como una sitcom realmente particular. Su creador Mitchell Hurwitz encontró la manera de violar todas y cada una de las convenciones de las comedias de situación en beneficio de una estética libre y pseudo documental, unas tramas que cultivaban el absurdo y una voz en off omnisciente (por cierto, la del director Ron Howard, autor de Una mente maravillosa o El Código Da Vinci, y a la sazón productor de la serie) que apostillaba de forma impersonal cada una de las cómicas paranoias de los protagonistas. En Arrested Development no existía la risa enlatada para puntuar cada gracia: los diálogos se suceden a velocidad de vértigo, en ocasiones superponiéndose unos a otros, el rodaje en exteriores era la tónica dominante, y el puro sin sentido se imponía incluso por encima de unos guiones con una estructura, aquí sí, todavía convencional.

Si en lo puramente visual Arrested Development fue capaz de insuflar aire fresco al rígido esquema pseudo teatral de la comedia de situación, la serie también logró retorcer algunas de sus convenciones narrativas a través de la pura mofa de los estereotipos que representaban sus personajes, siendo la perfecta exponente de ese humor freak y referencial que luego ha sido cultivado por series más flojas como The Big Bang Theory. No obstante, pese a su recurrencia al humor negro y marciano, a diferencia de The Office -versión inglesa- la serie respetaba muchos de los aspectos clave de la comedia más clásica, buscando la identificación del espectador con lo que los personajes vivían en la ficción.

Pero Hurwitz se mostró además visionario en al menos otro aspecto: quizá como anticipo de la crisis económica que vendría apenas un par de años después, los Bluth tenían que reducir drásticamente su derroche sistemático para verse obligados a convivir en el mismo gallinero, un piso piloto sin muebles y a medio terminar. Me pregunto si con estos mimbres Arrested Development hubiera sido así de ignorada por la audiencia de haberse estrenado hoy.

Hurwitz se presentaba en Arrested Development como un discípulo aventajado de Ricky Gervais y The Office, aunque El show de Larry David quizá se adelantó un tanto en ciertos hallazgos. Lo que ocurre es que ninguna de ellas tenía la velocidad, la extravagancia y el cálido encanto de la presente: en el fondo, Arrested Development va sobre una familia disfuncional que permanece unida pese a las peores circunstancias de su vida, en este caso, la bancarrota. Y al igual que nos encariñamos con la familia Simpson, la primera familia alegremente anárquica de la televisión, no tardaríamos en querer a todos los inadaptados de la familia Bluth. Existe un extraño consuelo en la contemplación de sus rarezas: ¿quién no se ha sentido un tanto paranoico en estos tiempos que nos han tocado vivir?.

Y para acabar, una buena noticia: el pasado mes de octubre, los actores Jason Bateman y Will Arnett anunciaron vía Twitter que Fox daba luz verde a una cuarta temporada de Arrested Development … y a una película de cine que pondría el broche final a la serie. La nueva tanda consistirá en 10 episodios que servirán de precedente a la película , cada uno de ellos centrado en uno de los personajes de la familia. Fox, obligada por la presión de los fans, reculaba en su decisión de una manera similar a los casos de Padre de familia o Futurama, que consiguieron regresar de entre los muertos después de haber sido canceladas. Los episodios serán filmados desde Junio de 2012, para ser estrenados a principios de 2013.