Días de vino y rosas

Luis del Pino

2011-07-17

 

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 17/07/2011

"Días de vino y rosas" es una película dirigida por Blake Edwards en 1962 que narra, de una manera enormemente cruda, la historia de un hombre que trabaja como relaciones públicas y que, poco a poco, sin darse cuenta, comienza a hacer de la bebida un hábito, hasta terminar en el más profundo de los alcoholismos.

Jack Lemon y Lee Remick, los dos protagonistas, fueron nominados por esta película al óscar al mejor actor y a la mejor actriz, respectivamente, aunque al final el film terminaría conquistando tan sólo una estatuilla, al mejor tema musical original, compuesto por Henry Mancini. Si han visto ustedes la película, es casi imposible que no se acuerden de esa canción oscarizada, sobre la que se han hecho infinidad de versiones.

En la primera parte de la historia, el guión nos va mostrando cómo Jack Lemon va hundiéndose de forma cada vez más profunda en el abismo de la bebida, terminando por arrastrar también al alcoholismo a su mujer. Poco a poco, su trabajo empieza a resentirse, hasta que la empresa termina por despedirle, tras lo cual inicia un peregrinaje de un puesto de trabajo a otro, sin ser capaz de conservar ninguno. Mientras, va convirtiendo su vida doméstica en un infierno y toda su existencia, y la de su familia, se derrumba a su alrededor.

La escena clave de la película es aquella en que Jack Lemon va por la calle y, al ir a entrar en un bar para beber una copa más, ve reflejada en el cristal del escaparate la imagen de un vagabundo de aspecto lastimoso. "¿Quién será ese pobre tipo?", se pregunta. Y de repente se da cuenta de que ese borracho patético que ve en el escaparate no es en realidad sino su propio reflejo. Sin quererlo, ha tenido la oportunidad de verse por un momento tal como los demás lo ven. Y de ese modo comprende hasta qué punto es profundo el pozo al que el alcohol le ha llevado.

A partir de ese momento, Jack Lemon inicia, con la ayuda de Alcohólicos Anónimos, la lucha para dejar la bebida. Lucha llena de altibajos y de sinsabores. Y, aunque finalmente consigue salir del pozo y dejar atrás su adicción, la historia no tiene un final feliz, porque en su camino para desintoxicarse termina separándose de su mujer, incapaz ella misma de dejar de beber.

La película es dura y tristísima, de las que te dejan un regusto amargo en la boca después de verlas. Pero, precisamente por eso, aún hoy, cincuenta años después de su estreno, se utiliza profusamente en Estados Unidos, en los grupos de ayuda para gente adicta al alcohol.

Como dato curioso, tanto los dos protagonistas de la película (Jack Lemon y Lee Remick), como el director (Blake Edwards), tuvieron ellos mismos, en la vida real, problemas serios con el alcohol y se vieron forzados a seguir curas de desintoxicación.

En la madrugada del pasado viernes, un senador del PSOE provocó un altercado, primero en una sauna de la C/ Orense de Madrid y luego en una comisaría. Según las informaciones publicadas, el senador, junto con dos acompañantes, acudió a la sauna con síntomas evidentes de haber bebido más de la cuenta. En el local, discutió con uno de los clientes, destrozó parte del mobiliario e insultó a las chicas que allí trabajaban, lo que motivó que los empleados de la sauna lo echaran a la calle.

El senador y sus acompañantes acudieron a una comisaría próxima y allí terminaron siendo detenidos, después de insultar y agredir a varios agentes.

Todos los medios han reproducido las frases chulescas y groseras que al parecer profirieron el senador y sus compañeros en la comisaría: "sois unos terroristas, borrachos, hijos de puta, soy senador y voy a ir a por vosotros uno a uno"; "voy a acabar con vuestras carreras, que estáis pagados por los putos fachas del Partido Popular, sois unos putos vendidos"; "me quedo con vuestras caras, voy a tener el mejor abogado del mundo, os voy a hacer la vida imposible"; "vuestro sueldo lo paga el puticlub";"fachas de mierda, maricones, hijos de la gran puta, os habéis arruinado la vida por detenernos".

En evidente estado de embriaguez, según el atestado policial, el senador llegó a llamar a uno de los policías "moro de mierda y gangoso", además de desearles a todos los agentes policiales "que todos os muráis de cáncer y yo veré con mis ojos cómo se mueren todos vuestros putos hijos".

Yo no sé si ese senador del PSOE va mucho a la sauna o no. Y no me importa si lo hace. Como tampoco me importa en absoluto si se suele dar a la bebida o si aquella borrachera fue algo ocasional. Pero lo que sí tengo claro, a la vista del episodio, es que de lo que está borracho es de poder y prepotencia.

Y lo que me pregunto es: ¿en qué momento una persona como esta, dedicada a la vida pública, y que debería representar a los españoles con dignidad en la Cámara Alta, traspasó la línea roja para sumergirse en semejante abismo de abyección personal? ¿En qué momento se convirtió en un ser chulesco, capaz de organizar un tumulto en una sauna, capaz de insultar a las mujeres que trabajaban en ella, capaz de amenazar a los agentes policiales prevaliéndose de su condición de senador y capaz de lanzar descalificaciones sin cuento y sin medida?

¿En qué momento dejó este senador de comportarse como un senador?

En vista del escándalo suscitado, algunas voces se han alzado ya en el propio Partido Socialista pidiendo la expulsión del senador por el incidente ocurrido en la madrugada del viernes. Me parece una medida imprescindible. De hecho, creo que haría bien este hombre en renunciar a su puesto en el Senado, porque no está en condiciones de representarnos a los españoles quien así se comporta.

Pero, independientemente de lo que termine pasando, permítame el senador una sugerencia: busque un buen escaparate, de una tienda cualquiera, y examine el reflejo que en él aparezca. Trate de verse por un momento como los demás lo perciben. Y trate de entender hasta qué punto resulta patética esa imagen que el escaparate refleja.

Y después, busque ayuda. La necesita con urgencia, para poder desintoxicarse de su borrachera de poder.