El dilema de Izquierda Unida

Luis del Pino

2011-06-12

 

Editorial del programa Sin Complejos del 12/06/2011

En 1993, el Partido Socialista de Felipe González ganaba las elecciones contra pronóstico y por mayoría simple, a pesar del caos de corrupción y de escándalos judiciales en que el país se hallaba inmerso. Con aquella victoria se inauguraría una legislatura catastrófica y convulsa, en la que la degradación de la vida pública alcanzó cotas que no se han visto superadas hasta esta segunda legislatura de Zapatero.

Entre 1993 y 1996, el acoso al tambaleante gobierno de Felipe González por parte del PP de Aznar y de la Izquierda Unida de Julio Anguita fue continuo, lo que terminó traduciéndose en la convocatoria de elecciones anticipadas y en la victoria del PP por la mínima.

Tal como el propio Julio Anguita comentó hace tiempo en la entrevista que le hicimos para el programa Sin Complejos, en realidad nunca hubo una concertación explícita de actuaciones entre él y Aznar. Pero en la práctica, aquel acoso a dos bandas, en el que se enarbolaba la bandera de la regeneración institucional y que fue bautizado por una parte de la prensa con el nombre de "estrategia de la pinza", permitió dar la puntilla a un Felipe González que se había convertido en un problema para España.

Gracias a esa "estrategia de la pinza", en 1996 el PP ganaba por primera vez las elecciones, aunque con mayoría simple, e Izquierda Unida obtenía, por su parte, el mayor número de votos de su historia: más de dos millones seiscientos mil.

Ayer se celebraron los plenos de las corporaciones municipales salidas de las elecciones del 22-M. Y una de las sorpresas ha sido la obtención, por parte del PP, de decenas de alcaldías con el apoyo de Izquierda Unida, especialmente en Extremadura y Andalucía.

Pero no piensen que estamos ante una reedición de la estrategia de la pinza. Desafortunadamente para la izquierda y para la democracia, ni Gaspar Llamazares ni Cayo Lara son Julio Anguita. La dirección federal de la formación de izquierdas había dado orden de apoyar el PSOE allí donde lo necesitara para gobernar, pero las bases se le han rebelado en no pocos lugares, especialmente en aquellas comunidades donde el PSOE, como partido hegemónico, había ninguneado sistemáticamente a los militantes y concejales de Izquierda Unida a lo largo de los años.

Esa pequeña rebelión de las bases tiene su importancia por dos motivos: uno práctico y otro estratégico. El motivo práctico es que la situación en Extremadura se complica, ya que se confirma lo que ya había empezado a detectarse en las asambleas de afiliados de Izquierda Unida: que existe una cierta preferencia por no apoyar al PSOE en aquella comunidad, lo que implicaría que los populares aún podrían hacerse con la presidencia de la comunidad extremeña, gobernando en minoría y arrebatándole al PSOE su penúltimo bastión autonómico.

El segundo motivo es de carácter estratégico. En estos momentos, Izquierda Unida se enfrenta a un dilema de cuya solución depende el futuro de la formación y el de toda la izquierda española. ¿Qué debe hacer IU en estos momentos? ¿Apoyar al PSOE para evitar que la derecha llegue al poder o poner en marcha de nuevo una estrategia de la pinza, retomando los planes originales de Julio Anguita de convertir a IU en la fuerza hegemónica de la izquierda, aunque ello signifique que la derecha ocupe temporalmente el poder?

La experiencia demuestra que la estrategia ganadora para IU es acosar al PSOE por su izquierda. Cuando no la he hecho así, Izquierda Unida ha terminado siendo fagocitada por un partido, el PSOE, que ni es verdaderamente de izquierdas, ni tiene el menor escrúpulo a la hora de utilizar los resortes del poder en su propio beneficio. La etapa Llamazares es el mejor ejemplo de cómo la supeditación a los intereses del PSOE termina resultando en una Izquierda Unida jibarizada.

Pero esas razones cobran más fuerza todavía ahora, por dos motivos distintos. En primer lugar, el descrédito del PSOE amenaza con llevarse por delante a todo aquel que se abrace al partido kamikaze que Rubalcaba lidera en la sombra. En segundo lugar, Izquierda Unida podría aspirar en estos momentos a rentabilizar el descontento social, pero sólo si es capaz de transmitir a la opinión pública la mayor sensación de distancia posible con respecto al partido que nos ha llevado a la mayor crisis de nuestra Historia.

Sin embargo, la cúpula de Izquierda Unida sigue anclada en una aversión caduca al Partido Popular, sigue impregnada del espíritu del cordón sanitario contra "la derecha". Una estrategia errónea, como demuestra el hecho de que Cayo Lara sólo haya sido capaz de recoger 200.000 sufragios del millón y medio de votos que Zapatero ha perdido en estas municipales.

Entonces, ¿qué va a hacer Izquierda Unida? ¿Comportarse inteligentemente o dejar que el PSOE la arrastre en su caída?

Pues dependerá de las luchas de poder internas, pero mucho me temo que Izquierda Unida terminará tomando la decisión equivocada.

Como les digo, ni Cayo Lara ni Llamazares tienen la mitad de la inteligencia política, ni de la honestidad intelectual, de Julio Anguita.