La culpa empieza a no ser del chachachá, Florentino

Juan Manuel Rodríguez

2011-03-05

Juan Carlos Sánchez siempre me ha parecido un buen tipo. Le vi por última vez hace dos veranos, con motivo de la visita de Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, a un Tirachinas, y allí me enteré además de que había construido mucho y bien por la zona de Guadarrama, que es mi segundo pueblo por detrás de Madrid. Y cuando, por motivos estrictamente profesionales, he ido a comer al Asador Frontón, se ha portado muy bien; pese a ello, y a pesar también de su envergadura de 3, siempre me costó entender que fuera el "cerebro gris" de la sección de baloncesto del club que atesora mayor número de Copas de Europa en sus vitrinas, y en dos etapas distintas y con dos presidentes tan radicalmente opuestos como son Ramón Calderón y Florentino Pérez. Me cuesta entender la presencia de Sánchez y aún no comprendo, por ejemplo, la ausencia del gran Juan Antonio Corbalán.

Antonio Martín me dijo hace poco que el Real Madrid andaba huérfano de referentes claros en la planta de arriba y, aunque yo sé perfectamente que él no se refería a Alberto Herreros, compañero suyo de fatigas, yo sí quiero hacerlo. Por lo que sé, Herreros es una fenomenal persona, un hombre concienzudo y ordenado que se toma muy en serio su trabajo, pero no puede ser jamás la referencia del Real Madrid de baloncesto en la "zona noble"; Corbalán sí puede serlo; Lolo Sainz, Luyk, Brabender, Iturriaga o Llorente también, pero Herreros no. Diera la impresión de que la sección sigue estando tan pendiente de reestructuración como aquel día en que Obradovic llegó a comentar, entre bromas y veras, que un día no pudo entrenar con el equipo porque fue absolutamente incapaz de localizar a la persona que tenía las llaves del armarito en el que se guardaban los balones. ¿Quién guarda los balones en 2011?

"El Real Madrid contará esta temporada con una plantilla capaz de ilusionar a nuestros aficionados y con la ayuda de un escenario fantástico". Son palabras de Juan Carlos Sánchez el 18 de junio del año pasado, el día de su presentación. Pues ni lo primero ni lo segundo: la gente cree que, salvo contadas excepciones, la plantilla es una patata y la Caja Mágica un boniato. Estoy de acuerdo con quienes dicen que Messina empezó a cavar su propia fosa al minuto siguiente de decir en el Foro Ferrándiz que el Madrid no estaba obligado a ganar sino a competir, pero nadie se atreverá a discutir conmigo que el italiano es uno de los entrenadores más competentes del viejo continente. Con Ettore deberían haberse marchado ya a estas alturas Sánchez, Herreros y, si me apuran, incluso Valdano, el payador eternamente perseguido.  El técnico se trajo consigo un método de trabajo que ha funcionado en otros sitios y una idea acerca de la sección, y ambas fueron, al parecer, bombardeadas. El "palestino" no aguantó tanto como él creía. Y lo malo es que su cortísima experiencia en el Real Madrid me recuerda peligrosamente a la de Mourinho, otro entrenador competente obligado a moverse por un campo de minas con el traje antiexplosivos puesto. La culpa empieza a no ser del chachachá, Florentino.