El maquis y su peligro / Valor y precio de las cosas / Los comunistas se arman.

Pío Moa

2011-01-29

 

Como saben los pacientes lectores del blog, la gran mayoría de los medios de masas están bajo control “progre”, con la consiguiente difusión de la cultura de la triple corrupción. Por ello comprenderán el valor de que cada uno cumpla con su deber de contrarrestarla en la medida de sus fuerzas, difundiendo otros contenidos, como los de este blog, por ejemplo.

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Blog,  Pedromar: Juraría que en un libro de Moa había leído que la guerra contra el maquis había costado diez mil muertos. Y lo dije y lo escribí muchísimas veces. Pues he quedado como un manipulador o un ignorante. Y el caso es que estoy por jurar que se lo leí.

 

No creo que un error casual deje a alguien por ignorante o manipulador. En todo caso, siempre conviene citar la fuente de las cifras, que a menudo varían de unos autores a otros. Tampoco recuerdo haber escrito que el maquis causó 10.000 muertos, aunque puede ser un error o una errata. La fuente principal a la que he recurrido  es El Partido Comunista, 37 años de clandestinidad, de Ángel Ruiz Ayúcar. Las cifras que da, entre 1943 y 1952 son: 834 secuestros, 538 sabotajes, 5.963 atracos y 953 asesinatos (los redondeaba en el artículo sobre la violencia izquierdista en un millar, expresándolo mal, pues el número de muertos fue mucho mayor, como veremos a continuación).  Además, la Guardia Civil tuvo 257 muertos y 370 heridos, las bajas militares fueron 27 muertos y 37 heridos. Los cuerpos de policía  23 muertos y 39 heridos. Total 307 muertos y 448 heridos.

  

A su vez se produjeron 1.826 encuentros armados,  en los que murieron 2.173 miembros del maquis y 467 fueron capturados. Se entregaron otros 546 y fueron detenidos 2.374. Total de bajas, 5.560.

   

Hay que decir que la gran mayoría de los encuentros y muertos ocurrieron en solo cuatro años, entre 1944 y 1948, cuando Carrillo ordenó la retirada.  Estas cifras bastan para desmentir la idea circulada en algunos medios de que el maquis fue un asunto menor y sin mucha importancia: nótese la gran influencia política que llegó a adquirir la ETA con una actividad mucho menor y distribuida a lo largo de 44 años.

  

El maquis fue especialmente peligroso porque se concebía como el chispazo que debía encender de nuevo la guerra civil en unas condiciones objetivas muy favorables: hambre bastante extendida --sobre todo en 1946--,  impacto psicológico y político de la derrota del Eje, aislamiento y hostilidad internacional, supuesto deseo de venganza de los vencidos de la guerra civil...  La población debía estar sumamente descontenta y ansiosa y esperanzada de sacudirse al régimen “fascista”. Sin embargo la chispa no prendió, la gente muy pocas veces apoyó a los “liberadores” comunistas, y el franquismo replicó con decisión, derrotando la tentativa guerracivilista.

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** Lead: Pero los EE.UU se implicaron con cuantiosas tropas en la guerra en el frente de Europa occidental (invasión por Sicilia, primero, en Julio del 43, y por Normandía, después, en Junio del 44). Este "segundo frente" facilitó las cosas a Stalin en el Este, que empezó a arrollar a los alemanes.” Había empezado a arrollarlos mucho antes. Concretamente en el otoño-invierno de 1941, ante Moscú.

**Dice nuestro admirable anglómano que la gimnasia española es una chorrada. Él prefiere la disciplina inglesa, lógicamente.

 

**Creo que los versos de katakrok debieran difundirse ampliamente por internet

**Parece que el estilo insultante en el blog se va moderando. Evitemos volver a él, porque no aporta nada.

****http://vinamarina.blogspot.com/2011/01/la-paloma-de-la-paz-y-el-tiro-de-pichon.html

****http://blogs.periodistadigital.com/bokabulario.php/2011/01/27/que-mal-funciona-el-capitalismo-ieh-cebr

****Para el movimiento cívico: http://agendalacalle.blogspot.com/

****Carrillo cree en el infierno.

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(Diálogos pastoriles. Anterior, 10 de noviembre)

SIMPLICIO. Mas prosigamos, ¡oh amigos!, con nuestros útiles debates en torno a la crisis económica que nos aflige. ¡Voto a tal, que si las cosas no cambian, pronto dejarán de encontrar compradores nuestros quesos, nuestras lanas, nuestros cabritos! Y llegados a tan amarga circunstancia, ¿qué haremos? Tendremos que devorar nuestros animales, nuestro capital, hasta caer en la más completa indigencia. ¿Y luego? ¿Nos dedicaremos al bandidaje y al saqueo? Mas, tal como se extiende la crisis, pocas cosas quedarán ya de que podamos apropiarnos, ora por la astucia, ora  por la violencia

PATRICIO.- O por ambas juntas

SIMPLICIO.- Sea, con razón has hablado: por ambas juntas. Preveo, pues, un futuro lóbrego y sombrío, quizá el propio fin del mundo tal como hoy lo conocemos. ¡Se habrá acabado el progreso!

PATRICIO.- Nada me extrañaría, caro Simplicio, que tus funestos presagios se cumplieran, habida cuenta de los fuleros banqueros que rigen nuestros ásperos destinos. ¿Y qué será entonces de Porriño, esta felicísima conjunción de la Atenas y la Arcadia? ¿Pasará a la historia como un ideal irrepetible, imposible de alcanzar nuevamente, o bien quedará olvidado entre las brumas del tiempo, como habrá ocurrido seguramente con tantas otras hazañas del espíritu humano?

PICIO.- Yo he dedicado luengas meditaciones a tan arduos problemas, y he concluido que la crisis hunde sus raíces en nuestro defecto nacional, de modo tal que no es comparable la crisis hispánica con la gálica o la británica. En efecto, la crisis nuestra se debe forzosamente a la envidia, tal como la del verde país transpirenaico obedece a la vanidad, su vicio nacional, y a la hipocresía la crisis de la no menos verde isla de por ahí arriba.

SIMPLICIO.- Ciertamente, querido Picio, hablas con sustancia, enjundia y profundidad…

PICIO.-… Por tanto, para curar definitivamente nuestra crisis y no volver a tener otra alguna, en lugar de dejarnos deslumbrar por la sintomatología superficial, como tanto analista indocumentado hace, debemos ir al fondo de la cuestión y acabar de una vez por todas con la corrosiva y crisífora envidia y cauterizar su herida. Ocurre, ¡oh amigos!, como con el cambio climático: se trata de salvaguardar el mundo que conocemos… o perecer.

PATRICIO.- Podríamos, acaso, tomar ejemplo de aquel país donde a los envidiosos les sacaban un ojo, y si seguían poniéndose chulos, también el otro.

SIMPLICIO.- Eso sería, Patricio, un remedio doloroso, mas barrunto que harto eficaz. Pues hay dolores curativos, como bien sabemos.

SULPICIO.- Vaya lo uno por lo otro. Si con tal bálsamo lográsemos salir de la crisis y salvarnos, bien empleada estaría la medicina.

FABRICIO.- No negaré que vuestras propuestas sean justas ni sostendré  que deban caer en saco roto. Pero yo me contento con menos profundidades. Si me lo permitís, propongo analizar la cuestión partiendo de una tesis ya ampliamente probada por mí, a saber, que el concepto de ahorro es falso, no puede existir tal cosa como el ahorro, por cuanto se ahorra de bienes producidos que, por tanto, se echan a perder.

SULPICIO.- Y  yo, por mi parte y si no os molesta, he demostrado que la inflación no existe, pues lo único que cambia con la subida de precios es la medida de los mismos. Los bienes siguen ahí, da igual si los estimamos en cien dracmas o en doscientas. Y los recursos para comprarlos deben mantenerse igual, porque de otro modo los bienes se perderían al quedar sin comprador. En otras palabras, la proporción entre medios de pago, o sea, el dinero, y bienes disponibles, es siempre la misma, gane o pierda valor el dinero. Por eso los reyes se engañaban a sí mismos cuando envilecían la moneda, porque solo conseguían que las mismas cosas valieran nominalmente más dinero, sin aumentar por ello dichas cosas. Por eso, cuando comparamos la economía de una época con la de otra debemos descontar la llamada inflación de precios.

MAURICIO.- No respondes, estimado colega, a mi cuestión, que me digno repetirte: si ocurre  cual dices, ¿por qué suben los precios? ¿Por puro capricho y ganas de enredar?

FABRICIO.- Yo te contestaré, insigne zagal. El dinero permite medir el valor económico de las cosas…

SALICIO.- ¡Alto ahí! No el valor, sino el precio. Una cabra puede tener un valor grandísimo porque produce leche, pongamos por caso, y cabritillos durante bastantes años: si midiéramos eso, tendríamos una suma muy considerable. Sin embargo su precio es muy inferior. Si tuviéramos que comprar la cabra al precio del valor que en principio tiene, nadie la querría, pues con ello ni ganaría ni perdería. O considerad sendos bocadillos de jamón en la tasca de Picio consumidos por cada uno de nosotros en amena charla: ¿acaso no tienen el valor inmenso de mantener nuestras fuerzas, sostenernos en vida y pasar un rato agradable? ¿Cómo puede medirse el valor de tales cosas? No, Picio nos cobra un precio que no tiene nada que ver con el valor. Lo mismo vale para los alimentos que consumimos: su valor es incalculable, porque nos permiten mantener cada día nuestra vida, no menos estimada por estar tan llena de trabajos ingratos y de sinsabores. Si el precio de la comida equivaliese al valor de lo que nos proporciona, moriríamos enseguida. En cambio, el precio es casi insignificante  comparado con su valor.

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París, 15 de abril de 1937

Querido D. J. : A primeros de este mes se me presentaron aquí, con una carta para mí, en la que se me rogara les atendiera e informara, dos camradas del Partido Socialista Unificado de Cataluña, uno de ellos conocido mío de los últimos tiempos y, según tengo entendido, persona de cierta influencia dentro del citado Partido catalán. Me refieron al camarada Roldán Cortada, secretario del camarada Vidiella, consejero de Justicia de la Generalidad. La misión del camarada Roldán Cortada y de sus acompañantes era comprar armas, armas cortas. Con ello queda dicho que no se trataba de armas para el ejército, sino para los militantes del partido al cual pertenecen. Yo les atendí, como se me rogaba por dirigentes del partido (del PSOE), y les puse en contacto con determinadas personas que acaso podrían servirles en el propósito que traían. Pero nada más; en realidad, no tenía ningún deseo de que tuvieran éxito en su empeño. Creo que debo explicarle por qué. Las razones que me dio el camarada Roldán Cortada para justificar la compra de armas que pretendía realizar, no me parecieron nada convincentes. Su único tema era que hay que dar la batalla a la FAI y que los afiliados de la FAI están armados. Suponiendo que sea en verdad necesario dar la batalla a la FAI, y que los afiliados a la FAI estén armados, compete al Gobierno, y no a los militantes de otros partidos, dar esa batalla, así como desarmar a los afiliados de la FAI que estén armados. Sostuve esta opinión ante el camarada Roldán Cortada, pero en vano. Lo único que logré fue que no me diera cuenta de las gestiones que había empezado a realizar. No sé, pues, si el camarada Roldán Cortada y su acompañante llegaron a comprar las armas que hacían cuenta de comprar. Tampoco he tratado de averiguarlo. No me interesa grandemente saberlo. Pero es el caso que después de haber marchado a Barcelona lo dos camaradas a que vengo refiriéndome, han desfilado por París gran número de militantes del Partido Socialista Unificado de Cataluña, y todos ellos, ante quiera que ha querido oírles, han sostenido la misma tesis que el camarada Roldán Cortada; es decir, la de que hay que dar la batalla a la FAI. Por último, tengo noticias de que compañeros significados de ese partido, entre ellos el camarada Comorera,  se han reunido aquí con elementos comunistas de otros países y se han puesto de acuerdo para un plan de ataque a fondo contra la FAI. La cosa me parece extremadamente peligrosa. Si el camarada Roldán Cortada logró comprar las armas que traía el encargo de adquirir, y los militantes de la FAI están armados, como nuestros compañeros aseguran, cualquier día Barcelona va a ser teatro de un espectáculo nada edificante, que será aprovechado por los facciosos, con sobrado motivo. Ya inventan cosas parecidas ahora que no las hay; se les va a hacer, pues, un regalo magnífico. Si realmente la FAI es un peligro en la guerra que sostenemos, al Gobierno toca eliminar ese peligro. Sobrados medios tiene para ello. Dejar que otro partido, aunque sea el nuestro, asuma esa tarea gubernamental, exclusivamente gubernamental, puede acarrear gravísimas consecuencias.

   Disculpe usted que me exprese del modo que antecede, cuando mi tarea no es otra que informarle. Pero veo cuán perjudicial sería para la guerra lo que se está preparando, y no puedo prescindir de expresar lo que siento. Lo que se ha de querer es que se gane la guerra, y no me parece ése camino para ganarla, sino, por el contrario, propio para poner en riesgo la victoria. Por eso escribo así  al darle cuenta de la visita del camarada Roldán Cortada y de lo que he observado después.

   Reciba usted, querido D. J. mis más atentos saludos.

 

Nota.- La información, tanto como la ingenuidad del informante, quedan bien de manifiesto. Y con la mayor probabilidad, Negrín estaba al tanto, si no en el ajo, de la trama que en mayo de 1937 desembocaría en la guerra civil entre las izquierdas, dentro de la guerra civil general, a partir de una provocación contra la CNT-FAI consistente en  el ataque a la Telefónica de Barcelona, ocupada por los anarquistas.