De Franco, la guerra de Cuba y Alice Miller

Pío Moa

2010-09-30

 

****Han perdido la huelga los sindicatos y el gobierno. La ha ganado la sociedad española. Ahora habría que aplicar la ley a los mafiosos, si no fuera porque en el gobierno están otros como ellos.

****Grita José Carreras  “Visca Catalunya lliure”, y tiene toda la razón. Gracias a la reforma pos franquista --que no a los nacionalistas--, Cataluña, como el resto de España,  accedió a la democracia, que ahora está siendo amenazada seriamente por la izquierda y los separatistas.

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****En la guerra civil, los dos bandos se enfrentaron a los mismos problemas: reconstruir un ejército, reconstruir un estado y ganar la guerra. Esto fue algo muy distinto de otras guerras civiles, en las que el estado y el ejército son el punto de partida, debiendo dedicarse el mando militar simplemente a su oficio.  Franco tuvo que ocuparse de las tres cosas y lo hizo mucho mejor que sus contrarios,  pese a partir de una situación de absoluta inferioridad material. Fue un trabajo al que normalmente no tiene que enfrentarse ningún general. Militarmente ganó prácticamente todas sus batalles, convirtió las ofensivas enemigas en desastres para los ofensores, y ganó la guerra. Esto lo han hecho muy pocos generales en la historia. Pero aquí, los entendidos, no están conformes: “Era mediocre”. Mediocres analistas.

  

****No es cierto que los españoles dominasen en Cuba solo el terreno que pisaban. Weyler dominó prácticamente la mayor parte del territorio y estaba a punto de hacer lo mismo con el resto, que tampoco dominaban los insurrectos.  Hearst fue el que “puso la guerra” cuando su corresponsal no encontró nada que fotografiar. Y fue entonces, precisamente, cuando unos políticos nefastos inventaron aquello de que “solo dominaban el territorio que pisaban”. Sagasta, en particular resultó el mejor agente de la propaganda useña contra España. La guerra, por parte de los insurgentes, consistió en incendiar y destruir las plantaciones y poblados, volar trenes, etc. Para dar una idea del asunto, de unos 45-55.000 muertos españoles en tres años, solo poco más de 2.000, según las cifras más divulgadas lo fueron por acción de guerra o por resultado de heridas. El resto, por enfermedades tropicales, entre las que destacó la fiebre amarilla (siempre hay discrepancias de algunos cientos o algunos pocos miles, pero básicamente esas son las cifras).  Algo antes se descubrió (por el hispano-cubano Carlos Finlay) el agente transmisor de la fiebre amarilla, pero no pudo aplicarse su remedio porque por unos años no gozó de crédito médico. Gran parte de  los cubanos apoyaba a los españoles, y destacaron especialmente los catalanes que vivían allí y los de la península, con una intransigencia probablemente excesiva. Por lo demás, sobre las víctimas civiles  de las medidas de Weyler y demás,  las cifras  generalmente circuladas son pura propaganda, aún más infundada que las circuladas durante largos años sobre la Guerra Civil española. Todo eso está pendiente de revisión.

El Partido Liberal, entonces,  actuaba realmente como agente político y propagandístico de los insurgentes y de Usa. De todas formas, la política intransigente y racista o esclavista de Cánovas era absurda, y finalmente la derrota libró a España de una verdadera sangría y facilitó una considerable repatriación de capitales.  Fue el modo lamentable como ocurrió el “desastre” lo que causó un choque psicológico y una ola de pesimismo en España,  con cuya cobertura fueron tomando impulso los separatismos, el regeneracionismo, el anarquismo y el socialismo, y resurgió el republicanismo: las grandes plagas del siglo XX español.

****Lo que dice Concas solo revela incapacidad, derrotismo y autojustificación. Con gente así al mando, la derrota está siempre y forzosamente servida, a menos que ocurra un milagro. Todos los ejércitos, todas las marinas, tienen que vencer innumerables dificultades (la marina useña, por ejemplo, era lenta, tenía gran dificultad para moverse a velocidad uniforme, y los días antes de salir sufrió un montón de deserciones… Sus mandos distaban mucho de ser brillantes, pero tuvieron la suerte de que los españoles suplieran sus deficiencias y les asegurasen la victoria). Solo los muy ingenuos creen que los derrotados son los únicos que soportan todo género de inconvenientes, o que “Dios protege a los malos cuando son más que los buenos” (son muy numerosas las batallas ganadas por “los menos”). Lo que queda es que Cervera y Concas marcharon con la firme decisión de ser derrotados y cuanto antes mejor. Claro que su responsabilidad es compartida por los políticos que, sabiendo su estado de ánimo, les dieron el encargo. Quizá porque deseaban lo mismo.

 

**** Pasa con mucha gente, que les oyes decir cosas razonables, pero de pronto dan un salto lógico y sueltan tales insensateces que te dejan perplejo.  Decir, por ejemplo, que existen sociedades secretas y conspiraciones, es algo que nadie puede ignorar, y Ricardo de la Cierva ha hecho un trabajo excelente sobre los símbolos, en parte sobre el alcance de la masonería, etc.;  pero pretender explicar la historia por ellas ya es pasar al reino de la extravagancia. Afirmar  que el maltrato a los niños está muy mal, y que a veces deja secuelas para toda la vida, es bastante adecuado, aunque poco original, y nadie se haría un nombre diciéndolo. La cosa cambia cuando alguien afirma que la raíz de la violencia y de los demás males sociales está en ese maltrato infantil. Ahí ya entramos en el terreno del desbarre. Que, sin, embargo, puede ser una fuente de fama, crédito intelectual en algunos medios y hasta de saneados ingresos, si consigue ponerse de moda. Las raíces de la violencia están en la propia condición humana,  en la disparidad y a menudo oposición  de intereses, sentimientos, ideas  y forma de ver las cosas de los individuos.  Esa fuerte individuación es lo que diferencia la sociedad humana de sociedades como las de las hormigas  o abejas, lo que hace tan difícil y solo parcialmente estable la convivencia social y política humana (Nueva historia de España). Y por eso la ley solo puede mantenerse sobre la violencia o la amenaza de esta (aunque no solo sobre ella).Y el inevitable malestar social y personal resultante (que es a la vez la fuente de las que llamamos glorias humanas) empuja a muchos a buscar soluciones radicales y a creer que han dado  con la clave para resolver los problemas y que vivamos “bien” según ellos imaginan. El remedio es siempre algún intento de volver a la sociedad de hormigas, una forma de totalitarismo, sea duro o “suave”. Ya Tocqueville explicó muy bien el totalitarismo “suave”.  La lista de “necios y candorosos” que han lucubrado utopías sin el menor respeto a la historia y a la realidad humana, es interminable, y desde luego son cualquier cosa menos inocuos o inofensivos. La tal Miller es solo una más en la saga. ¡Ah, si  el papá y la mamá de Atila lo hubieran tratado bien de pequeñito! En fin, muchos de ellos tienen un considerable curriculum académico. Hace poco alguien en Usa publicó un libro sobre las barbaridades y disparates, a veces casi criminales, de muchos respetados profesores de universidades useñas, donde se cocina mucho de lo mejor, pero también de lo peor de la cultura occidental.

 

****Veo que un prócer del BNG (menudos demócratas) ha querido explicar a los lectores del Correo Gallego lo que yo pienso de la democracia. Verdaderamente, el hombre no ha entendido nada. No creía yo que el analfabetismo funcional estuviera tan extendido.

 

****Para que se den cuenta de cómo son las cosas: tecleo en Internet “Historiador de la casquería”, ya saben ustedes a qué me refiero, y salen 19.600 resultados, es decir, que el artículo en cuestión ha sido reproducido masivamente en foros, blogs, comentarios de prensa, etc.  Es cierto que, en la medida en que  el articulillo expone algunas citas fehacientes mías, hace algo de publicidad positiva, pero también lo es que la gran mayoría de sus lectores carece del menor discernimiento y solo se deja llevar por los grititos de indignación del autor. Ello revela el gran esfuerzo propagandístico y por ganar opinión pública que realizan los “progres”. Y el escasísimo esfuerzo del que son capaces quienes piensan de manera similar a lo que se expone en este blog. La izquierda entiende la importancia de la opinión pública, la derecha, en general no, incluso la desprecia, como vemos a menudo. Y luego dicen que “no hay democracia”. Llevo mucho tiempo incitando a que se formen círculos de difusión, que pueden hacer una buena labor en Internet y por otros medios, pero no creo haber conseguido que se forme uno solo. A muchas personas les basta con quejarse, después se quedan tranquilas por un rato, y… pues eso ganan. Mejor para ellas.

 

 

****El diálogo de ayer sobre los embarazados quizá no se haya entendido fuera de la comunidad de Madrid, que tiene una publicidad muy “creativa”