Estado de descomposición política, y un tribunal basura.

Pío Moa

2010-04-27

 

 Casas pide respeto para el TC ante la "intolerable campaña de desprestigio" Nadie desprestigia más al TC que la propia Casas, la cual, si tuviera un poco de vergüenza, se habría ido hace ya mucho tiempo. Es más, un tribunal presidido por esa señora solo puede ser un tribunal basura, aunque debe reconocerse que la cosa viene ya de muy lejos, concretamente del caso Rumasa,  madre de todas las corrupciones, organizado por los enterradores de Montesquieu, triunfantes desde entonces, y de otras sentencias basura pronunciadas por ese tribunal en defensa de los abusos separatistas y similares. No se puede tener respeto a lo que no es respetable, porque entonces se pierde a lo que sí lo es, y la podredumbre que produce el sistema partitocrático, que no democrático, sistema de partidos basura y de políticos basura como los que padecemos, atufa ya al país entero.


  
Curiosamente lo del TC llega al mismo tiempo que otra exhibición de podredumbre devergonzada, intimidatoria y apabullante: la garzonada. Garzón es tan evidentemente prevaricador como es ilegal el estatuto catalufo, que no catalán;  pero encuentra la defensa de las turbas de los partidos de izquierda y separatistas, para quienes, como siempre, la democracia consiste en que manden ellos, y la justicia en que los jueces sirvan a sus designios. España vive en estado de ilegalidad, por lo menos para los políticos, sean del gobierno o de la oposición. Y ahí tenemos a esos infames dando cada dos por tres lecciones de ética.

   
Estamos ante un nuevo fracaso histórico. He señalado en Nueva historia de España cómo el siglo XIX fue en gran medida la historia de un fracaso, culminado en la I República, para enmendarse parcial, pero esperanzadoramente, con la Restauración. Hasta que los demagogos y botarates izquierdistas y separatistas lograron echarla abajo, forzando una dictadura de urgencia, dictablanda más bien, que pareció recuperar el rumbo, para derivar de nuevo a una II República cuyo fruto fue la guerra civil. El franquismo creó las condiciones para una convivencia en paz y en libertad, y la transición pudo culminar el empeño mediante la democracia. Y ahora, 34 años después, la vesania izquierdista-separatista, auxiliada por los rajoyes derechistas de turno, está a punto de arruinar nuevamente la vida política del país.