Feminismo y aborto

Pío Moa

2010-01-27

En Época

Las ideologías suelen difundirse mezclando el victimismo y el narcisismo, siendo el resentimiento uno de sus componentes básicos. El feminismo ha tenido un éxito desusado en estas tácticas, siendo, además, varones muy a menudo los más decididos y radicales feministas. De ahí la facilidad con que se han aceptado sus argumentos por partidos políticos y gobiernos. En mi reciente libro La democracia ahogada he tratado algunas de estas cuestiones, y Jesús Trillo también las ha abordado recientemente, en una reacción que debe extenderse, dado lo peligroso de esta ideología.

Uno de los principales puntos del feminismo ha sido en todo el mundo el "derecho" al aborto. Al efecto se han empleado tres ideas, una de ellas la de la aplicación de ese derecho en casos de violación, malformación grave del feto o peligro de la vida de la madre. Sin embargo, la inmensa mayoría de los abortos practicados en España o en los países occidentales no tienen la menor relación con esos supuestos, constituyendo infracciones masivas de la ley por parte de clínicas y profesionales feministas (en la práctica) que, sin embargo, no son perseguidos en ningún o casi ningún caso.

La segunda idea se concreta en la consigna, tan difundida y aceptada, "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Pregonan ese lema, precisamente, muchas que no tienen grandes deseos de parir y sí de abortar llegado el caso. Se trata, ante todo, de anular y despreciar al padre, que no tendría arte ni parte en la decisión. Naturalmente, no podría haber una orientación más peligrosa para la mujer, a quien se incita indirectamente a no tener hijos porque, aplicando la lógica de esa histeria, la madre perdería todo derecho a reclamar del padre responsabilidad, ayuda, protección o contribución económica: los hijos serían asunto exclusivo de la madre y, por tanto, mejor no tenerlos, dada la carga que representan. De paso, el varón es animado a no responsabilizarse de la prole, tendencia cada vez más extendida. La histeria de esta consigna, de tan profundos efectos, se manifiesta asimismo en esta contradicción: los mismos gobiernos y personas que niegan el derecho y el papel del padre, ejercen sobre este una auténtica persecución legal, sobre todo económica, cuando no cumple con deberes que son naturales... pero contrarios al feminismo. 

La tercera cuestión, la más decisiva, radica en el dilema: el embrión que crece en el seno materno, ¿es una simple acumulación informe de células, algo parecido a un tumor, o bien una vida humana en plena gestación? Para los feministas se trata, obviamente, de lo primero. Si esa acumulación celular molesta por cualquier razón, eliminarla resulta lo más adecuado. De hecho resultaría adecuado siempre, pues permitir el desarrollo de ese "tumor" solo puede echar sobre la mujer –que no tiene derecho a esperar ayuda del padre, según la propia ideología feminista– un pesado fardo, poniéndola en desventaja para la actividad profesional, que, según los feministas, debe ser el predominante objetivo de la mujer en la vida. Las consecuencias sociales no precisan explicación. Redondeando el absurdo, los feministas relacionan el aborto con su otra consigna de que la mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera. En realidad el cuerpo tiene sus propias exigencias y nadie hace con él lo que quiera, salvo suicidándose, y el embrión es algo distinto del cuerpo de la madre, aunque viva de este.

Pero si consideramos el embrión una vida humana en gestación, el aborto se convierte en un crimen y la política abortista en una forma de genocidio. En este sentido los gobiernos feministas estarían adquiriendo una responsabilidad criminal abrumadora. 

La frivolidad con que los políticos, de derecha e izquierda, tratan estas cuestiones, refleja, a su vez, la triple corrupción intelectual, económica y sexual, que estraga nuestra sociedad, y que merece más comentario.

**** Carrillo insiste: "Los obispos y la derecha no han cambiado desde el 36"

Se ve que está pensando en un segundo Paracuellos. La cabra tira al monte.