Nacionalismo manifiesto contra monseñor Munilla

Regina Otaola

2009-12-16

Varias veces hemos hablado sobre el papel desarrollado por la Iglesia en el País Vasco, en general, y en Guipúzcoa en particular. Nos vuelve a tocar ante el vergonzante manifiesto de los 131 sacerdotes; no podemos callar ni como católicos ni como ciudadanos (tampoco como políticos).

Este manifiesto muestra de forma fehaciente, para el que no lo haya visto hasta ahora, cómo el nacionalismo ha ido tejiendo su tela de araña por todos los estamentos de la vida vasca, tanto el político, como el social, como el religioso. Ahora 131 sacerdotes, al parecer sin encomendarse ni a Dios (hace tiempo que no lo hacen) ni al diablo, sacan un manifiesto que vuelve a arremeter contra el nuevo obispo de San Sebastián monseñor Munilla sin que éste ni siquiera haya tomado posesión; y en clara desobediencia, además, al obispo en funciones, monseñor Uriarte, quien dijo públicamente (no sabemos si también privadamente) que había que reconocer a Munilla como legítimo pastor y recibirle como tal. Si los 131 también están en abierta oposición al Papa, entonces, ¿a quién obedecen? ¿Quién es su pastor? ¿Quién ha sido la cabeza pensante de este escrito infame que no hace otra cosa que remarcar las razones aportadas por los nacionalistas para arremeter contra monseñor Munilla?

Este manifiesto muestra también el daño que una parte de la Iglesia en el País Vasco ha hecho a la sociedad y a la Iglesia en general. Cuando en una sociedad tan religiosa como la vasca se escucha un día y otro desde el púlpito cómo se da el mismo trato de favor a las víctimas que a los verdugos, cómo no se condena claramente los asesinatos, cómo se niega el realizar un funeral por un asesinado, cómo se distingue en el trato entre "los nuestros" y "los otros", no nos podemos extrañar de que una parte de la sociedad haya seguido sus directrices y se dedique a mirar hacia otro lado, a no tener clara la diferencia entre un asesinado por ETA o uno que muere al ir a atracar... como hemos visto en una reciente encuesta realizada en Guipúzcoa, donde se valoraba ambas como muertes sin ninguna distinción. Se ha hecho tanta política nacionalista desde los púlpitos que el verdadero mensaje cristiano ha quedado relegado a unos pocos sacerdotes.

Estoy convencida que si por los jeltzales fuera, se crearía una iglesia vasca independiente y hecha a imagen y semejanza de, por ejemplo, monseñor Eguíbar. Pero no va a ser así. El nuevo obispo tiene la fuerza, la ilusión y la suficiente claridad de ideas como para no dejarse amedrentar por manifiestos, declaraciones o actitudes excluyentes. Sería bueno que el año nuevo 2010, junto con la esperanza, que nunca debe perderse, trajera también aires de cambio y libertad a la Iglesia en Guipúzcoa. Que así sea.