La explicación de Baltanás

Pío Moa

2009-05-09

No conocía el argumento de Enrique Baltanás, traído ayer al blog por perieimi sobre la razón de que Calisto y Melibea no se casen.  Me parece el más adecuado, y nuevamente nos hace conscientes de la sutileza inigualable de Rojas, el cual sugiere a través de la misma acción, y no por aclaraciones explícitas; lo que exige a su vez sutileza y reflexión del lector. Solo una incoherencia, a mi juicio, en Baltanás: si Melibea se deja arrastrar no es por la honra perdida, ya que el daño tendría fácil remedio en el matrimonio, al no haber perdido la honra más que con su amante. Así ocurría muy a menudo entonces y después, incluso ahora. Tampoco la joven se pierde por ser una “mujer encerrada y novelera”, explicación que suena a psicologismo de buen tendero progresista por lo de encerrada y tradicional por lo de novelera. Estos argumentos psico-sociológicos estropean la lógica artística y solo exponen prejuicios “modernos”. La causa del desastre parece más bien la percepción, por parte de Melibea, de que Calisto no buscaba casarse, sino más bien cazar y no ser cazado. Pero ella ya ha ido muy lejos para retroceder y prefiere ser “buena amiga” que “mala casada”, confesión de que las uvas están verdes, por lo que su pasión la lleva a contentarse y someterse al chisgarabís obsesionado  por la caza de  una presa tan espléndida,  y  también él apasionado, aunque de otra forma. En la sumisión de una Melibea por otra parte orgullosa hay quizá la esperanza de un cambio en la actitud de su amante. Como fuere, la acción llega a su fin demasiado pronto para hacer posible la enmienda, y Calisto muere “sin confesión” y ella esperando un improbable perdón divino.

El análisis de Baltanás me parece definitivo, dentro de lo que pueden serlo estas explicaciones. Muy superior al de Maravall, este mucho más sociologista, con tópicos como el de la “enajenación” social o del “mal que sufren los hombres en la época”. O cuando afirma que tal amor no tiene más salida que la muerte. Esto último es evidentemente falso y lo anterior carece de interés. Y el libro de Rojas no es moralizador, sino moral.  

http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista5/Calisto/Baltanas.htm

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La chusma política

**** El Gobierno pide "respeto" ante la ley que prohíbe estudiar en castellano, por boca de la inenarrable vice arpía. Claro. Y respeto a la ETA, a los déspotas tercermundistas, a la sentencia del 11-m (si usted no cree que a unos cuantos delincuentes musulmanes y a un minero trastornado les dio un buen día por cometer  el mayor atentado de la historia de España, está claro que es usted un conspiranoico), etc. Y falta de respeto a la democracia, a las víctimas del terrorismo, a los derechos de los españoles y a España. Cada cual sus respetos.

**** Lanzar piedras y amenazar con dinamita es "pacífico" según los sindicatos 

Naturalmente. Y hacérselo a ellos, más pacífico todavía.


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A partir de Franco para antifranquistas, he pensado sobre aspectos como este: 

En Época

OBSERVATORIO DE LA SALUD SOCIAL

Existen hoy muchos “observatorios” internacionales,  sobre los derechos humanos y demás, casi todos en inglés y con una mentalidad anglosajona. Sería interesante organizar en España un “observatorio de la salud social”, del país y del mundo, comparando a unos países con otros.

¿En qué consiste la salud social?  No es fácil identificarla de manera positiva, pero ya indiqué en otra ocasión el modo de medirla, de forma negativa, a partir de indicadores de situaciones o actitudes que generalmente identificamos como perjudiciales: el consumo de drogas, el alcoholismo, el suicidio, el maltrato doméstico, el fracaso escolar, la prostitución, el aborto, la pornografía pública (en la publicidad, por ejemplo), las familias monoparentales, las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos de adolescentes, el juego, los desarreglos mentales, la delincuencia, el número de presos, la corrupción, el terrorismo y otros diversos índices que por sí mismos nos dan sobre las sociedades una información diferente, pero no menos crucial, que los datos económicos o meramente políticos. Pues estamos cayendo en la barbarie de entender el estado y valor de una sociedad casi exclusivamente a partir de su nivel de ingresos o de ciertas actitudes públicas.

Naturalmente, aquí solo expongo un esbozo de los fundamentos de ese observatorio, que podrían refinarse mucho. El maltrato doméstico, por ejemplo, es difícilmente cuantificable, porque generalmente se produce en la intimidad familiar, pero puede construirse una aproximación a partir de la “punta del iceberg”, es decir, del indisimulable número de muertes, sobre todo de mujeres y de niños; o del abuso sexual contra estos, que de vez en cuando asoma a la prensa, pero que requeriría investigaciones más sistemáticas. El fracaso familiar queda bastante bien expresado por el número de divorcios, de abortos y de embarazo de adolescentes. Más complicado resulta cuantificar la corrupción, ya que normalmente su conocimiento viene de investigaciones de la prensa y de los procesos judiciales, pero un país en que la corrupción está muy extendida y “aceptada”, o donde la oposición apenas se preocupa de ella, por su propio interés, puede arrojar superficialmente unos índices bajos. Sobre la pornografía pública, es decir, la invasión del espacio público por la pornografía más o menos clara, en la calle y en los medios de masas, tampoco existen, que yo sepa, estudios. Resulta a veces muy difícil definir y distinguir la pornografía,  pero en líneas generales la etimología de la palabra nos da una pista: prostitución exhibida –más bien que descrita–. La pornografía pública es un aspecto de la prostitución inmediata, la oferta mercantil de sexo.

Estos fenómenos se dan en todas las sociedades, y la pretensión de acabar radicalmente con ellos es utópica y contraproducente, porque conduce a destruir la libertad. Pero también pueden enfermar y destruir una sociedad. Suiza sufre, sin duda, corrupción, pero harto menos que España, donde también hay mucha más ahora, con toda probabilidad, que en tiempos de Aznar. Aquí todos los índices de “mala salud” han experimentado un auge espectacular a lo largo de los últimos decenios, y quizá pueda establecerse una concomitancia significativa entre ellos y determinadas actitudes políticas. Un observatorio de salud social podría tener suma utilidad para entender diversas situaciones y cambios.

Invito a personas interesadas a poner en práctica la idea, superando la tradicional inercia española. Se quejó una vez Julián Marías de que sus explicaciones y propuestas solían encontrar aceptación, incluso calurosa, entre  mucha gente… pero ahí quedaba todo, sin dar pie a iniciativas prácticas. Esto es muy decepcionante, pero me temo que caracteriza a la mentalidad española de derecha: por lo común, las izquierdas son más activas en defender y expandir sus cosas.