El ahorro es imposible, dice Fabricio

Pío Moa

2009-04-24

MAURICIO.- Vamos a suponer, Fabricio, que no existe, efectivamente, ninguna diferencia esencial entre consumo e inversión. Sin embargo podríamos caer en una mera discusión palabrera, porque siempre será posible establecer una diferencia entre un consumo incompleto, esto es, un consumo del que sale el ahorro, y un consumo completo, empleado en el capital. O, si preferimos emplear la palabra inversión, hablaremos de una inversión directa e incompleta, causa del ahorro, y una inversión indirecta y completa en bienes de capital. También podríamos llamarles consumo ahorrativo y consumo no ahorrativo, o inversión directa e inversión indirecta, etc. Pero ¿para qué gastar palabras innecesarias? Eso no es racional. Llamamos a la una consumo y a la otra inversión. Esto es más útil, y lo explica todo igualmente.

FABRICIO.- Quizá tengas razón, amigo mío, pero antes de examinarlo vamos a otra cuestión: el ahorro no existe, es algo imposible.

SULPICIO.- ¡Pardiez, lo que hay que oír! Vamos a ver, si yo cobro por la venta de vacas y por la leche, digamos, cien millones de lerus en un año...

FELICIO.- ¡Oh, hombre afortunado...! Ja, ja, ja...

SULPICIO.- Lo digo por redondear, zoquete... Y dedico tres millones a mi consumo y siete millones a mejoras en los piensos, veterinaria, máquinas ordeñadoras, alojamiento de los animales, etc., me quedan noventa millones que ahorro. Es tan evidente que me cuesta trabajo oírte decir eso sin darte una buena hostia, por insultar mi inteligencia.

FABRICIO.- Eso es porque tu inteligencia es débil, simpático Sulpicio. Míralo desde un punto de vista más general: supón que Porriño vive de tus vacas y ovejas, y produce también todas esas máquinas ordeñadoras y demás que necesitas para mantener y mejorar tus rebaños. Supón ahora que el valor de toda esa producción de un año alcanza a doscientos millones de lerus, pero a la gente le da por no gastar más que cien millones. ¿Qué pasa con el producto por valor de los otros cien? ¿Que se ahorran? No, mi querido amigo, pasa que se echan a perder. Pasa que los productores de máquinas ordeñadoras y piensos y todo eso ven cómo su material se pudre o se oxida, por así decir, y tú verás cómo se estropea la mitad de la carne y de leche que produces. El Producto Porriñés Bruto tiene que consumirse (o invertirse, si lo prefieres) por entero, porque si no es así, hay pérdidas para todos. Si a la gente le da por consumir, pongamos por caso, la mitad de la carne y la leche que producimos, esos productos no se ahorran, se pierden, el dinero correspondiente no lo ahorramos, lo perdemos. Aun te lo diré de otra manera, y perdona la reiteración: tú dices que ahorras noventa millones de lerus, pero esos lerus solo tienen valor porque corresponden a productos reales, de otro modo serían dinero ficticio. Pues bien, si te abstienes de consumir esos productos reales, ¿qué pasa con ellos? Que quienes los fabricaron se arruinan.

MAURICIO.- ¡Pero chico!.. Todo el mundo sabe que el dinero para la inversión tiene que salir de algún lado, y solo puede salir del ahorro en el consumo. ¿De dónde, si no? Como dice Felicio, ahorramos de lo que ganamos, es decir, nos abstenemos de muchas cosas que podríamos consumir, y ese dinero no se pierde: lo metemos en el Banco de Porriño, y luego ese banco lo presta a quienes quieren crear una tienda o un taller o lo que sea, es decir, a quienes quieren invertir. De este modo nada se pierde y cada vez tenemos todos más, porque al aumentar el capital aumenta la producción. ¡Si es clarísimo! Explícanos, si no, de dónde sale la inversión. Me parece que tu forma de razonar va contra la evidencia y se parece a ti mismo: una forma de razonar chepa, tuerta, tartaja...

FABRICIO.- Atiende, ilustre cantamañanas: eres tú quien tiene que refutarme a mí. Yo digo que ese esquema de consumo, ahorro e inversión no puede funcionar tal como es generalmente explicado, y te he dado una razón. Si lo que se produce no se consume, se pierde. Podemos suponer varias cosas: que lo que unos ahorran consumiendo de menos, otros lo desahorran consumiendo de más, por algún mecanismo que habría que ver. O que el dinero representa algo más que el valor de la producción real, por ejemplo. ¡Qué sé yo!

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En El Economista, el martes pasado 

ECONOMÍA Y PRIMER FRANQUISMO

Suele haber acuerdo en limitar el despegue económico de España a los años 60-70, suponiendo un desastre la etapa anterior, y la renta per capita de la república solo se habría recuperado en 1951, 1953 ó 1956, según autores. En Franco para antifranquistas he tratado estas cuestiones. Ante todo, durante los años de la guerra mundial España debió asimilar las regiones del Frente Popular, desarticuladas económicamente por la revolución, tarea por sí muy ardua, y mucho más sufriendo el semibloqueo inglés, que mantuvo a medio gas la producción hispana. En el decenio siguiente a 1945, el país no solo se vio privado del Plan Marshall, que revitalizó la economía eurooccidental, sino sometido a un aislamiento, roto solo parcialmente y con grandes dificultades. Los estudios superficiales suelen desdeñar estas circunstancias.

Los economistas disienten fuertemente sobre las tasas de crecimiento de esos años, que van, para los años 40, desde un promedio del 1,3% anual (P. Schwartz), al 3,8%. (J. M. Naredo). ¿Cuándo se volvió al nivel de la república? Muy probablemente ya durante la guerra mundial, como indican la evolución del hambre –que volvió a bajar en 1943-4 al nivel de la república–, de la enfermedad, la mortalidad infantil, la esperanza de vida o la enseñanza, en todas las cuales los índices mejoraron los de preguerra. Y todo ello en medio de dificultades excepcionales.

Son francamente buenos los datos de los años 50, cuando dejó de haber muertes por hambre, por primera vez en la historia de España. Para esos años, las estimaciones oscilan entre el 4,40% (L. Prados de la Escosura) y el 7,24 (CEN).Con todo, a finales de la década el modelo de crecimiento, parcialmente autárquico, se había agotado. Franco aceptó entonces el consejo de sus economistas e introdujo un modelo más abierto, que convirtió al país en el de más rápido crecimiento de Europa.