Al final nos haremos raulistas

Pablo Molina

2008-12-14
No se conoce en España un debate futbolístico tan enconado como el referido a las cualidades futbolísticas de Raúl González Blanco en el tramo final de su carrera. Quizás sólo El Cordobés, en los años sesenta, tenía tantos defensores y detractores como el delantero del Real Madrid desde hace cuatro años, si bien por motivos bien distintos, pues la forma de interpretar el toreo del primero era completamente distinta a la estética futbolística del segundo.
Resulta llamativo que los más furibundos antiraulistas sean forofos del Real Madrid. Sorprendente aunque en cierta manera lógico, porque los aficionados a un equipo son los que viven con más pasión los debates en torno a sus colores. Los forofos del Barça o del Atleti, en cambio, son antiraulistas simplemente porque lo exige el guión, así que estas otras opiniones no son relevantes.
Pues bien, a todos los madridistas-antiraulistas quiero darles un dato que sólo conocemos los que tenemos la extravagancia de ser del F. C. Barcelona: Cuando juega Raúl en el Nou Camp, a los barcelonistas se nos ponen dos curiosos bultitos en la zona de la epiglotis, inflamación que sólo empieza a remitir cuando al árbitro pita el final del partido. Es algo que no ha ocurrido jamás con ninguno otro jugador del Real Madrid, incluido Zidane, y que previsiblemente no ocurrirá en varias décadas. Tal vez Butragueño en sus tiempos provocara una sensación de inquietud similar en las gradas barcelonistas, pero lo de Raúl es directamente pánico.
¿Por qué ocurre esto? Muy sencillo: Porque Raúl es, además de excelente jugador, un forofo, un hincha, un hooligan del Real Madrid, especie que por su escasez debería ser declarada en peligro de extinción. Una de las cosas más inteligentes que dijo Cruyff cuando dirigía el Barça es que para jugar en el Barcelona o en el Madrid había que ser, en primer lugar, un forofo. Uno y otro equipo podrán tener los mejores jugadores del mundo, pero cuando tienen a verdaderos hinchas defendiendo la camiseta acojonan al contrario.
En el partido de ayer, que los barcelonistas pensábamos ganar por 5-0 (6-0 en mi caso, por aquello de redondear el set), cuando Eto'o tiró rematadamente mal el penalti y San Iker lo detuvo, muchos pensábamos que el desenlace del partido iba a ser el habitual en estos casos: 0-1 a favor del Madrid, con gol de Raúl en el minuto 96, metido además de rebote y con el trasero.Tan sólo una carambola afortunada del propio Eto'o y un bonito gol de Messi solventaron un final que se antojaba agónico.
Las dos únicas ocasiones claras que tuvo el Madrid fueron provocadas por sendas jugadas del propio Raúl, que el tuercebotas de Drenthe y el voluntarioso Palanca desaprovecharon para alivio de Montilla, sentadito muy formal a la derecha de Laporta.
Raúl asusta al barcelonismo, y su imagen mandando callar a la grada después de clavar dos chicharros sobrevuela constantemente el Camp Nou cuando se juega un Barça Madrid. Los barcelonistas ardemos en deseos de que el Madrid lo jubile de una vez. Lo extraño es que una parte de la prensa madridista y los chicos de Calderón parecen querer lo mismo. "¡Es que Raúl manda mucho en el vestuario Blanco"!, dicen algunos como acusación al delantero. No, si les parece que pongan a Drenthe a impartir doctrina y moral madridistas.