Dos naciones, dos mundos

Pío Moa

2008-11-25

"Durante largo tiempo, las posibilidades de España frente a Al Ándalus fueron casi nulas, dada la desproporción material. El territorio del norte era el más atrasado y menos civilizado de la península, mucho menos extenso y poblado que el del centro y sur, y el más pobre, debido a la aspereza del suelo y el alejamiento de las vías de comercio. Esa aspereza y pobreza habían ayudado a sus naturales a resistir a los godos, pero nunca les habían permitido realizar otra cosa que incursiones depredatorias de corto radio. Si de pronto lograron crear una verdadera estructura política con un objetivo de vasto alcance como continuadores del reino hispano-godo, al que tanto habían combatido, y de desarrollar un arte y literatura propias, solo pudo deberse a la afluencia de godos, mozárabes y clérigos huidos del sur. La común oposición al islam impulsó la elevación cultural de los pueblos del Cantábrico, su completa cristianización e identificación con los ideales propuestos. La Crónica mozárabe, escrita en territorio andalusí, habla ya de "pérdida de España" y "reconquista" en fecha tan temprana como 754, y con seguridad recogía ideas previas y extendidas. Ese ideal permitiría al núcleo de Asturias sostenerse y crecer pese a su penuria inicial. La pronta incorporación de Galicia más el traslado al norte de las gentes del valle del Duero, aumentarían sustancialmente la población y con ella el vigor defensivo. Si bien plantearan serios retos económicos, resueltos progresivamente con la posterior repoblación del semiabandonado valle del Duero y otras comarcas poco a poco recobradas.

Al comenzar el siglo IX había que agregar al ya veterano reino de Asturias los comienzos de la Marca Hispánica, conquistada por los francos a lo largo de los Pirineos, que durante ese siglo permanecería poso activa. Había, por así decir, la España del Cantábrico, bastante homogénea, y la del Pirineo, más diversa. En conjunto ocupaban un quinto de la península, y Al Ándalus el resto.

Eran dos naciones y dos mundos. España se identificaba en lo religioso con el cristianismo y en lo político con la continuidad del reino hispano-godo. Sus diferencias abarcaban todos los terrenos sociales, aunque habría, lógicamente, algunos préstamos mutuos. Las diferencias religiosas ya fueron mencionadas; sus consecuencias políticas tenían la mayor relevancia: una mayor diferenciación entre política y religión, un concepto de la libertad personal que originaría en los reinos cristianos gobiernos más representativos, menor extensión de la esclavitud, concepciones muy diferentes del derecho, mayor autonomía de la mujer, monogamia estricta, ausencia de la circuncisión... hasta la gastronomía del cerdo y del vino, ambos prohibidos por el islam, aunque en Al Ándalus permaneciera en alguna medida la afición etílica, heredada del pasado.

La cultura andalusí, entonces naciente, era islámica y su idioma dominante y cada vez más extendido, el árabe; se beneficiaba de los aportes técnicos y, en general, culturales que circulaban por el mundo islámico desde las lejana India o China, países remotos y desconocidos en Europa, y del sustrato cultural hispano; sobre esas bases desplegaría, sobre todo a partir de Abderramán II, unas formas de vida refinadas en las capas altas de la sociedad. Al Ándalus incluía territorios y recursos materiales y demográficos muy superiores a los de la renaciente España.

Las diferencias se extendían a la composición étnica. En Al Ándalus abundaban, aun muy lejos de ser mayoría, magrebíes y oriundos de Oriente próximo, en posiciones dominantes, así como judíos y una considerable masa esclava traída del África negra y de Europa del este (eslavos). La mayoritaria población autóctona se dividía entre cristianos o mozárabes, e islamizados o muladíes. Al principio los cristianos eran la inmensa mayoría, pero los muladíes crecerían hasta formar el grueso de la población dos o tres siglos después de Guadalete. El carácter levantisco de los muladíes lo compartían los magrebíes o beréberes y los árabes. En España, el conjunto de ellos, salvo los mozárabes, recibió el el término "moros". La palabra designaba desde tiempos de Roma a los habitantes de las Mauritanias, es decir, del Magreb, pero en la edad media se utilizaría para llamar, sin distinción, a los musulmanes, ya fueran muladíes (esto es, antiguos cristianos hispanos que perdían su condición al convertirse al islam), los propiamente moros, es decir, beréberes o magrebíes, y los árabes y sirios, muy alejados de los magrebíes por origen étnico, geográfico y cultural.

Tan variada composición social, cultural y religiosa, hizo de la guerra civil, más o menos extensa, un fenómeno permanente, que impidió a Córdoba sacar pleno fruto de su enorme superioridad material sobre los españoles. Esa inestabilidad interna causó otro fenómeno importante: los emires y luego los califas cordobeses, recelosos de sus súbditos, crearían ejércitos compuestos por mercenarios extranjeros y por esclavos, separados de la población poco amiga de ellos y leales solo al gobernante.

En contraste, el reino de Oviedo y los demás núcleos cristianos del norte mostraban mayor homogeneidad étnica y religiosa, y por tanto mayor cohesión (no sin frecuentes querellas internas, desde luego). Esa cohesión les permitía sacar mejor partido de su poder político y militar, pese a su debilidad material. La lucha contra el islam y la afluencia de mozárabes del sur decidió, como quedó indicado, la total cristianización de los pueblos de la cornisa cantábrica y la completa pérdida de sus lenguas ancestrales, si acaso estas persistían después de Roma. Permaneció solo el vascuence, si bien conforme los vascos se civilizaban harían del latín y el romance sus lenguas de cultura.

Se ha discutido a veces sobre la diversa actitud política implicada en los conceptos de España y Al Ándalus. La derivación lógica de la idea de España sería reconquista del reino anterior a la invasión, mientras que Al-Ándalus tendría un contenido más pasivo, referido a la parte controlada por los musulmanes en cada momento. No parece ello muy probable. En su primera ofensiva, los islámicos habían ocupado toda la península y parte de Francia, y si poco a poco renunciaron a mantener y ampliar sus posesiones solo se debió a su impotencia ante la tenaz oposición de los reinos hispanos y a su propia inestabilidad interna. Aun así, los estados cristianos españoles permanecerían durante siglos en muy grave peligro.

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****"Juan Goytisolo, otro de los "artistas de la ceja", Premio Nacional de las Letras"

¿Que la gente se obstina en no comprar libros del Don Julián antiespañol? Nadie se preocupe. Para eso está el gobierno, pues de él se trata: para castigarnos a todos por nuestra desatención e incultura, obligándonos a pagar al prócer de las letras lo que sin duda merece. La coprocracia, ¿no era eso lo suyo?

"Juan Goytisolo, en su reivindicación del conde famoso, formuló el antiespañolismo visceral de gran parte de la izquierda: "la negación del suelo patrio, de las tradiciones, de la moral convencional, incluida la heterosexualidad... Quizá esta última nota fue la menos celebrada: se tomó como un dato puramente personal aun cuando la consigna de Goytisolo era bien clara: la revolución total, la traición total, el entreguismo total pasaba por la reconversión sexual" (César Alonso de los Ríos: "Don Julián, hoy)

****Lean el blog de Pablo Molina, Crónicas Murcianas, y divúlguenlo cuanto puedan: el arte, según lo entiende el nuevo PP futurista. "Es tiempo de valientes", dice Rajoy. En su pandilla tiene unos cuantos valientes: aguantan más que la sábana de abajo y performan o ayudan a performar  la sodomía. El progreso. Su progreso.

****"La Junta de Castilla León no recurrirá la sentencia contra los crucifijos en las aulas"

Debe de estar muy ocupada performando el arte o lo que sea, como sus coleguis murcianos.

**** Caso Lukoil: "El PSOE defiende ahora el libre mercado, olvidándose de la intervención de Moncloa para evitar que la alemana E.On entrara en Endesa". Ninguna incoherencia: lo suyo siempre fue el libre mercado. Mafioso.

**** "Una jueza amenaza a los Mossos por obligarla a "soplar" cuando conducía ebria"

"ICV propone legalizar las drogas y prohibir los toros"

Tal cual.

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Hoy, en El economista:

QUEMA DE BIBLIOTECAS

Más de una vez habrá oído usted enérgicas y pesarosas condenas a las quemas de libros "decadentes" realizadas en algunos lugares por falangistas, al terminar la guerra civil. Un grave desmán, sin duda. Pero quizá le sorprenda más saber que la gran mayoría de esas condenas provienen de personas simpatizantes de las izquierdas republicanas y del Frente Popular... que son, sin discusión posible, quienes más estrago han causado, con enorme diferencia, en el patrimonio bibliográfico español en el siglo XX.

Seguramente le sonará a usted la famosa "quema de conventos" con que las izquierdas inauguraron prácticamente la república. Pero, quizá lo ignore, no se trató solo de conventos (con muy numerosas y valiosísimas obras de arte), sino también de centros de enseñanza, laboratorios y bibliotecas, alguna de ellas entre las más importantes de España. Cogieron esa afición y ya no la abandonarían. En la insurrección de 1934 aprovecharon para dinamitar la biblioteca de la Universidad de Oviedo o incendiar la del palacio Carranza, en Portugalete, que albergaba además obras de arte invalorables. Y en 1936, con la guerra civil reanudada, ya fue el desmadre: bibliotecas particulares y de monasterios, cientos de toneladas de material archivístico de varios ministerios, decenas de toneladas de libros "fascistas" fueron utilizados a veces como calefacción, o convertidas en pasta de papel, o destrozados vandálicamente.

Pese a haber abandonado el marxismo en la transición (sin sustituirlo por alguna otra cosa), el PSOE, al llegar al poder, siguió la tradición y destruyó los fondos de la Editora Nacional, miles de libros, muchos de ellos de la mayor relevancia en materias como la historia o el pensamiento.

Asombra que, con tal historial, estos señores se presenten como grandes amigos de la cultura, con ciento y pico años de honradez. A Cristina Almeida se le escapó la verdad. Agradezcámoselo.