Formas de poder

Pío Moa

2008-09-09

(Art. anterior, 5 de septiembre)

Se ha convertido en un lugar común la distinción de Aristóteles entre tres formas de poder, con sus correspondientes degradaciones: monarquía y tiranía, aristocracia y oligarquía, democracia y demagogia. Dejando aparte la implicación valorativa de la segunda en contraste con las demás ("poder de los mejores", algo nunca existente), el poder en la vida real participa siempre, como observé en otra ocasión, de las tres formas. En cualquier forma de poder encontramos a una persona que lo ostenta en su responsabilidad máxima (un "monarca"), una élite o clase política ("oligarquía") dedicada profesionalmente al poder y que respalda al monarca, y una masa popular aquiescente o consintiente ("democracia"). Ocurre al menos en los poderes algo estables, y teniendo en cuenta que ninguno es nunca estable del todo.

Cualquier poder exige cierta armonía entre el elemento monárquico, el oligárquico y el democrático. Armonía siempre inestable, debido al carácter contradictorio y cambiante de los intereses, ideas y aspiraciones de las personas y grupos. De hecho, los éxitos y fracasos de esas armonías constituyen gran parte de la historia humana.  

Las tres formas por separado nunca han existido, por tanto, ni siquiera de forma aproximada. Tampoco la democracia concebida como "poder del pueblo", a pesar de las declaraciones rimbombantes: ¿sobre quién se ejercería ese poder? Forzosamente lo ejercería una fracción del pueblo sobre otra fracción. Ni los padres de la constitución useña eran "el pueblo", ni el poder es nunca "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", expresión ya sospechosa por lo redundante. Incluso en las democracias más directamente populares o asamblearias, como la ateniense, considerada a menudo como la democracia más conseguida, el poder era ejercido por una fracción del pueblo sobre la de opinión contraria, y los asistentes a las asambleas componían a su vez, la mayor parte de las veces, solo una fracción de los hombres libres. Ello es natural: contra lo que piensan algunos doctrinarios y utopistas, las actividades políticas solo interesan activamente a una minoría, pues la gran mayoría de la población está absorbida por otros muchos intereses, y desea más bien que la minoría dedicada a la política garantice unas condiciones tolerables de orden, justicia y prosperidad. Solo en épocas de crisis por un peligro exterior, o por dividirse la sociedad en banderías convulsas, encontramos unas grandes masas muy politizadas. 

Siempre es una minoría representada por alguna persona concreta la que ejerce el poder, invoque para ello la voluntad del pueblo o no. Pero incluso cuando no invoca al pueblo necesita de algún modo el refrendo de la mayoría, activo o pasivo, pues de otro modo se expone a alguna forma de revolución. Incluso el terror, si se emplea como método privilegiado, ha de emplearse contra minorías, y necesita acompañarse de una propaganda justificativa que convenza o aplaque a la mayoría.   

Aun así, la división aristotélica tiene cierta utilidad si hablamos de predominio de un principio u otro: monárquico, oligárquico o democrático.

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**** "Arenas exige a Zapatero que "no tarde ni un minuto" en rechazar los desmanes de Otegi"

¿No es emocionante? ¡Esto sí que es oposición dura, casi salvaje! El hombre del "hecho nacional andaluz" y de los homenajes al locuelo "padre de la patria" también andaluza, en plan severísimo. Zapo ha tardado no ya un minuto, sino muchas horas e incluso días, pero es solo porque está paralizado de miedo ante el rugido del PP.No sabe qué hacer.

Arenas, y ahí está la otra parte de la trampa, da por bueno todo lo muchísimo que Zapo ha dado ya a la ETA y a los separatistas, a costa de la democracia y el estado de derecho. Solo se opone, o hace como que se opone, a la prosecución de los chanchullos con los terroristas, que por otra parte siguen y seguirán.  

**** Ibarretxe: "Consultar es el futuro y prohibir es el pasado"

Quebrantar la ley y sacar las rentas políticas del terrorismo etarra es el futuro, asegura este miembro de la chusma política, que no clase. ¿No es más bien el presente, Ibarreche? Y, por lo que a su partido respecta, también el pasado desde hace muchos años, además del futuro deseado.

**** QUIERE UNA "RECONCILIACIÓN" CON LAS "HERIDAS DE LA HISTORIA"

Zapatero apela ahora a la "compasión" del PP para pedirle apoyo a la actuación de Garzón".

Compasión para los chekistas abandonados por sus jefes, a quienes quiere Zapo compensar tantos años después con un poco de "dignidad". La dignidad que puede otorgar un colaborador de la ETA. Una vez más, ¿qué insulto hay a la altura de tanta desvergüenza?

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Hoy, en El economista:

¡VISCA EL BOTIFLER CASANOVA!

"Botiflers" llaman, con intención ofensiva, los separatistas catalanes a los catalanes españolistas. A su vez los separatistas reciben el nombre de "catalufos", con mala intención recíproca. Pero, eliminando esa intención, el palabro puede ser útil, por cuanto la expresión "separatistas catalanes" o "nacionalistas catalanes" resulta larga y pesada. Y vale para diferenciarlos de los catalanes normales, que nunca han sido separatistas, sino clara y profundamente españolistas: catalanes y catalufos. Distinción clave porque un fraude del nacionalismo-separatismo consiste en hablar siempre en nombre de Cataluña, en plan totalitario, excluyendo a los demás como catalanes inauténticos.

Niegan muchos que el nacionalismo catalán sea separatista. Craso error. Un sector de él, cierto, oscila entre una posible separación y una beneficiosa integración en España...en posición privilegiada. Pero su ideología lleva a la secesión: Cataluña sería una nación, y como la nación constituye la base de la soberanía, quedaría rota, a su vez, la nación española, cuya existencia niegan siempre los catalufos.

Los catalufos atacan la tradición y los sentimientos españolistas, históricamente muy mayoritarios entre los catalanes; atacan, pues, la Cataluña real. Por ello precisan falsear a fondo la historia. Uno de sus embustes más cómicos ha sido la elevación de Rafael Casanova, héroe relativo de la resistencia barcelonesa a Felipe V, a apóstol y casi mártir del catalufismo. Por entonces llamaban botiflers a los partidarios de Felipe V, pero los catalufos han ampliado la acepción al españolismo en general, por lo que ya entonces Casanova, que luchaba "por las libertades de toda España", resulta un perfecto botifler. No digamos cuando se integró pacífica y prósperamente en el nuevo régimen, como casi todos los catalanes.

Viene esto a cuento de la diada catalufa, este día 11.