Zapo y Garzón

Pío Moa

2008-05-30

Zapo, el mayor colaborador que ha tenido la ETA en su historia --y ha tenido muchísimos, desde el gobierno francés al argelino o al sueco, desde una masa de clérigos, incluso obispos hasta la oposición antifranquista...--, se vuelca en elogios a Garzón, el juez que sabe interpretar sus deseos y utilizar la ley según convenga. Nada más lógico, son tal para cual. Decir esto, ¿es una injuria o es la constatación de la realidad más evidente? Hagan memoria.

Gallardón afirma que negar su sensibilidad hacia las víctimas del 11-m es injuriarle. Veamos: él mostró su sensibilidad hacia la comunidad musulmana de Madrid, presionó a su partido para que "obviase" el 11-m, mostró su acuerdo con una sentencia inverosímil, e instó a "mirar hacia el futuro". Las víctimas, para él, son, obviamente, el pasado. ¿Cabe mayor desprecio a ellas? 

Dicen que Federico insulta. Si fuera por eso no se preocuparían, pues la carrera de las injurias siempre la han ganado ellos, los enemigos de Federico, los del secuestro y tiro en la pierna, los del antenicidio, los que ahora vuelcan sus fuerzas para amordazarlo. Lo que realmente les preocupa es que no pueden rebatirle, porque siempre trata de decir la verdad, y casi siempre acierta.

Me preguntan cómo es posible que una ligera mayoría de los ciudadanos haya apoyado la política antiespañola y liberticida del gobierno. Respondo: "mirad a la llamada oposición, al PP".

En fin, en la España de hoy, en plena involución antidemocrática, el poder intenta silenciar a la oposición (que no es el PP sino unos pocos medios, la COPE en primera línea). Los políticos, los lamentables politicastros que nos desgobiernan, quieren aplastar a la crítica.

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"Con el nuevo embajador, Churchill mataba dos pájaros de un tiro: impresionaba favorablemente a Madrid y alejaba a un político proclive a la paz con Berlín, y por tanto molesto para su línea de resistencia. Cadogan, alto funcionario del Foreign Office, expresó su cálida esperanza de que los alemanes o los italianos asesinasen a Hoare en España. El embajador tenía práctica de espionaje y acciones clandestinas. Durante la I Guerra mundial había usado fondos secretos para sufragar el periódico de Mussolini Il popolo d´Italia,  ayudando así, inopinadamente, al surgimiento del fascismo. En 1935, como secretario del Foreign Office, había maniobrado en secreto con Francia (Pacto Hoare-Laval), para ceder a Italia la mayor parte de Abisinia, debiendo dimitir al salir a la luz el hecho. Ya en Madrid, Hoare aceptó un plan de su agregado naval, Hillgarth, para sobornar a treinta altos mandos españoles y usarlos contra el sector belicista. La operación correría a través del financiero Juan March y de una cuenta en la Swiss Bank Corporation. Los sobornos vendrían, supuestamente, de empresarios españoles ansiosos de paz, para no dar a los militares la impresión de servir a un país extranjero (20).

March, negociante sin muchos escrúpulos, conocido como "el último pirata del Mediterráneo", ya en la I Guerra Mundial había tratado indistintamente con ingleses y alemanes, no dudando, según parece, en estafar a ambos para aumentar su ganancia. Al comenzar la II Guerra, ideó aprovechar los mercantes alemanes retenidos en puertos españoles para ponerlos bajo bandera neutral y traficar con América. Ello beneficiaría al comercio español, al inglés y al alemán, pues ofreció a cada uno de ellos, con ignorancia del contrario, transportarle mercancías de tapadillo. Y beneficiaría sobre todo a Juan March. El negocio no llegó a cuajar, pero ilustra las destrezas del financiero. Los ingleses desconfiaban de él, pero utilizaron sus servicios bajo la impresión de que no podían permitirse desperdiciar ninguna oportunidad. Entre los generales sobornados estarían Varela, Kindelán, Orgaz, Ponte, Vigón, Solchaga, Tella, Barrón, Espinosa, Yagüe... Algún nombre chirría, como el de del muy germanófilo Yagüe. El principal de todos ellos habría sido Aranda, héroe de la resistencia de Oviedo en 1936. (21)

Londres gastaría la muy alta suma de trece millones de dólares en esta empresa, a la que llamó Caballería de San Jorge, por la imagen del santo en las monedas de oro, usadas en otras ocasiones para fines semejantes. Dos millones de dólares, cifra fabulosa, habrían ido a los bolsillos de Aranda. Es difícil decir hasta qué punto sirvieron aquellos militares a los británicos, pues varios de ellos mostraron notable germanofilia o prepararon planes de entrada en guerra al tiempo que informaban al gobierno de la incapacidad española para hacerlo en aquellos días (22).*

(...) Mientras tanto, Vegas Latapie y Sainz Rodríguez contactaron con los servicios secretos useño y británico (OSS y MI-6), los cuales, a su vez, trabajaban con exiliados y comunistas, como los de la Brigada Lincoln, que habían luchado en España; o preparaban revueltas en Marruecos contra el protectorado español, proyectando incluso raptar a Abd el-Krim de la isla Reunión, donde se hallaba recluido, para que encabezase la revuelta. Por otra parte, en Londres no faltaban los escépticos sobre la utilidad de los cuantiosos fondos para los sobornos a Aranda, Orgaz, etc.; "Esa gente con la que tratamos, o parte de ella, es venal y por tanto capaz de vendernos [a los alemanes]". Eden, sucesor de Halifax desde diciembre del año anterior (1940), compartía esas vacilaciones. Antes había expresado: "Deseo calurosamente la salida de Serrano Súñer, incluso la de Franco"

(En Años de hierro)



* No hay pruebas terminantes de tales pagos. Por otra parte, Aranda vivió con modestia hasta su muerte en 1979. Ángel Maestro me ha enviado esta nota: "Conocí al General Aranda, ya muy anciano y enfermo, viviendo con estrechez. Su actividad conspiratoria se limitaba a un ente, poco más que fantasmal, denominado "Reales Tercios de San Juan Bautista". Se conferían grados militares, y sus actividades se limitaban a poco más que una misa mensual en la Iglesia de la Paloma. Su ineficacia era pareja a la del grupo en que yo militaba: el Frente monárquico. Varias organizaciones parecidas éramos la oposición monárquica al franquismo. Recuerdo al pobre General Aranda, casi sin poder andar, presidiendo la Misa en zapatillas. Nos limitábamos a señalar las maldades de Franco y augurar la próxima caída del dictador. Creo que los Reales Tercios eran un buen exponente de las pretendidas riquezas del General Aranda". Indicio, no prueba, de que no habría sobornos.