¡Ah Natura, Natura...!

Pío Moa

2008-04-22
 
De una entrevista al filósofo Jesús Mosterín, en el periódico fascistoide-guevarista:
 
"P.- Usted no sólo defiende la ciencia como sistema de conocimiento, sino también como sustituto de la religión, como cosmovisión, como la única fuente de trascendencia que podemos esperar. Sin embargo, hay científicos como el premio Nobel Steven Weinberg que rechazan ese punto de vista. Dicen que la ciencia sólo sirve para hacer predicciones sobre los procesos físicos, y que no puede aportar ninguna visión del mundo ni del cosmos.

R.- No hay que fiarse mucho de Weinberg, porque primero dice eso, y se mete mucho con los filósofos, pero luego es el científico que más libros de filosofía ha escrito. Prefiero la idea de Bertrand Russell, que pensaba que la contemplación del cosmos “nos hace ciudadanos del universo, y no sólo de una ciudad amurallada en guerra con las demás”. Puesto que la creencia en un Dios personal es producto del miedo, la única religiosidad que nos queda, y la única compatible con la ciencia, es la de Spinoza y Einstein, la que identifica a Dios con la naturaleza. Einstein creía que, por medio del entendimiento, el ser humano puede liberarse de las supersticiones y los deseos personales, y conseguir una “actitud mental humilde” ante el cosmos. La posibilidad de sintonizar con el universo también forma parte de la naturaleza humana”.
 
El universo, lástima, nos resulta quizá en exceso variado: unas ovejitas pastando apaciblemente en un verde prado y cataclismos astrales de violencia inconcebible, en uno de los cuales, presumiblemente se acabará la tierra, con el hombre y todos sus artilugios, si el planeta no se hubiere vuelto antes inhabitable. Y, por supuesto, las ovejitas pastantes forman parte de la naturaleza igual que la serpiente que causa a alguna de ellas una muerte lenta y dolorosa o que el amo que le degüella sus corderitos; Auschwitz, Kolimá o el bombardeo de Hamburgo entran en la naturaleza con el mismo derecho exactamente que la misión del padre Damián entre los leprosos o la Sorbona. Asimismo, tan natural resulta la creencia en Dios como la creencia en la ciencia, puesto que una y otra se dan inapelablemente en la naturaleza. Si los seguidores de Mosterín declarasen “antinaturales” o "anticósmicas" las ideas y conductas contrarias a las de su maestro, y alguno de ellos imitase a aquel ecologista que asesinó por algo semejante a un destacado político holandés, también serían sucesos naturales de pleno derecho. “¡La naturaleza y yo somos así, señora!”, que dijo Nerón, o pudo haberlo dicho perfectamente. En cuanto a la creencia en Dios, ¿procede del miedo, o solo del miedo? Habría mucho que hablar. ¿Y sintoniza de verdad el señor Mosterín con el universo? ¿Más que quienes discrepan de él? ¡Pues vaya usted a saber!
 
El pensador da la impresión de haberse sumergido en abstrusos estudios para emerger de ellos con cuatro conclusiones un tanto vulgares. Un tanto al nivel del periódico fascistoide-guevarista.

Según nos informa Javier Sampedro, Mosterín “apuesta por el individuo” y nos ofrece “pensamientos libres y críticos, absolutamente necesarios en una sociedad democrática”, “Una dosis de reflexión contra prejuicios, fundamentalismos, inercias, sectarismos, blanduras y cobardías”.
 
 
Sampedro, a su vez, “es redactor de El País, donde actualmente escribe sobre sanidad, ciencia y tecnología. Asegura ser un dibujante con aptitudes (y sin paciencia) y un guitarrista de jazz solvente (aunque sin audiencia), pero ninguna de las dos cosas ha podido ser contrastada”.
 
En fin, ¡cómo está la filosofía!
 
*** Todo ello sin contar los retos que la naturaleza ofrece a nuestra inteligencia. En mis años de Ateneo compuse este pequeño epigrama a un tal Rivas, profesor de economía en la Autónoma de Madrid:

         Misterios tiene Natura
         que no abarca el intelecto:
        ¿cómo tanta jeta, Rivas,
        cabe en tan menguado cuerpo?

*** Nos asegura Mosterín: "Yo hice la mili de alférez en Bilbao, y en la cantina había un cartel que decía: “A quien muere por la patria lo recoge la inmortalidad”. Yo le dije al comandante que allí debía de haber una errata:  Mi comandante, ¿no debería poner que lo recoge la mortalidad?”. 
 
Derroche de ingenio de nuestro filósofo. En la mortalidad estamos "recogidos" desde la concepción. Y dramatiza el asunto: "Acabé dos días en el calabozo, claro". ¿De veras?

*** La serenidad ante la muerte es sin duda una gran virtud. Pero en cierto modo resulta más interesante el horror incontrolable hacia ella.

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*** ¿Crisis en el PP? ¿La expresión democrática de alternativas a la línea de Rajoy supone una crisis? Recuerda al centralismo democrático, ya saben, los partidos leninistas.
 
*** ¿Rato? ¿El autor de la operación pro PRISA para asegurar su carrera política? Rato es Gallardón.

*** El gran Fray Josepho: Con Z de Zapatero. Muy recomendable para aliviar tensiones

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Humor inglés, posiblemente
 
Nos cuenta Preston:
 
“Franco era como el mago de Oz: frágil, pequeño e inseguro”. No tenía el menor sentido de la realidad, pues en él “siempre predominaba el afán por mentir y tergiversar la realidad”, con “unas mentiras tan infantiles que parecía imposible que las pudiese decir", aunque, por suerte para él, “Las potencias sabían las mentiras de Franco pero les convenía no revelarlas”. Además “tenía graves problemas psicológicos", y asimismo “una fe ciega en la victoria y una suerte equiparable a la de un buen entrenador de fútbol, además de que era capaz de animar a las tropas con su voz aguda y floja”.El Caudillo puso en marcha una potente maquinaria de propaganda para reconstruir la historia y presentarse como el gran militar que ganó la Guerra Civil, el liberador de España de la Segunda Guerra Mundial y el inspirador del crecimiento económico de los años 60, premisas todas ellas falsas”... Culmina Preston: “Estoy harto de Franco". Cualquiera lo estaría, en su lugar.
 
Recientemente Preston fue  nombrado miembro del Institut d’Estudis catalans (IEC). No me extraña, tal para cuales. Y ayer ofreció una conferencia sobre Franco en el Museu d’Història de Catalunya. Seguro que se habrán sentido todos a sus anchas: indudablemente les encanta hacer chistes, ¡como que no salen de ahí!

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Leo, de Victoria Llopis (http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42965.html:):
 
“Como señaló Jean Monnet, "el comienzo de la Comunidad Europea fue una visión política, pero aún más una visión moral. Los europeos habían perdido su facultad de convivir y de asociar sus fuerzas creadoras, y por ello, su papel en la Civilización creada por ellos mismos parecía declinar". La declaración Schuman fue una de esas acciones que cambian la Historia, que modifican el curso de los tiempos. Según el "padre de Europa", "esta idea –Europa– revelará a todos las bases comunes de nuestra civilización y poco a poco irá creando un lazo semejante a aquel del que no hace mucho tiempo se forjaron las Patrias".
 
Paradojas de la vida: fue poner en marcha la idea y la civilización europea ha declinado, ha perdido en gran medida el espíritu, la creatividad cultural y la moral. En ese sentido sí ha cambiado la historia. Económicamente le ha ido mejor, gracias también a Usa. Las penas con pan son menos.